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Ciencia

El arma definitiva contra los mosquitos lleva años funcionando en el laboratorio. El verdadero desafío es conseguir que no convierta tu casa en un campo de tiro láser

Cámaras infrarrojas, inteligencia artificial y pulsos de luz ya pueden localizar un insecto en pleno vuelo y eliminarlo sin tocar a los demás. La tecnología existe, pero reducirla hasta convertirla en un aparato doméstico seguro está siendo una pesadilla mucho mayor de lo previsto.
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Un mosquito puede pesar apenas unos miligramos, cambiar de dirección en una fracción de segundo y desaparecer ante nuestros ojos en cuanto se posa sobre una superficie oscura. Aun así, hace tiempo que los ingenieros aprendieron a seguirlo, analizar su vuelo y alcanzarlo con un láser antes de que consiga escapar.

La idea no nació como un electrodoméstico para el verano, sino como una herramienta contra las enfermedades transmitidas por insectos. El proyecto más conocido, llamado Photonic Fence, comenzó a desarrollarse a finales de la década de 2000 y en 2016 ya era presentado como una tecnología preparada para abandonar el laboratorio y enfrentarse a pruebas reales.

Desde entonces, el concepto ha seguido avanzando. Un estudio publicado en 2024 demostró que el sistema podía vigilar una zona amplia, distinguir las especies seleccionadas y eliminar mosquitos y otras plagas sin atacar indiscriminadamente al resto de insectos. Es decir, la parte que parecía imposible funciona. El problema empieza cuando se intenta empaquetar todo eso en una caja destinada a convivir con personas.

El mosquito revela quién es cada vez que mueve las alas

El arma definitiva contra los mosquitos lleva años funcionando en el laboratorio. El verdadero desafío es conseguir que no convierta tu casa en un campo de tiro láser
© Bzigo.

La Photonic Fence no necesita ver al mosquito como lo haría una cámara convencional. Primero crea una zona iluminada mediante luz infrarroja. Cuando algo cruza ese espacio, varias cámaras registran su silueta y calculan su posición tridimensional, su velocidad y la dirección que está siguiendo.

Después comienza una especie de control de identidad óptico. El software estudia el tamaño del cuerpo, la trayectoria y la frecuencia con la que el insecto bate las alas. Esa combinación permite diferenciar un mosquito de otras criaturas voladoras e incluso separar especies que, para el ojo humano, parecen prácticamente idénticas.

Solo entonces entra en acción el segundo sistema óptico. Un mecanismo de seguimiento fino mantiene al insecto dentro de la mira y dirige hacia él un pulso de energía suficientemente concentrado como para impedir que continúe volando.

Las pruebas descritas en Scientific Reports se realizaron en una estructura de unos 40 metros de longitud. Los investigadores liberaron mosquitos Aedes aegypti y psílidos asiáticos de los cítricos, una plaga especialmente dañina para la agricultura. El sistema consiguió detectar e interceptar los objetivos dentro de una zona activa de unos 90 metros cuadrados, mientras dejaba pasar a los insectos que no estaban incluidos en la lista.

Esa selectividad es una de sus mayores ventajas. Un insecticida se dispersa por el entorno y puede afectar a numerosas especies. Una barrera óptica, en cambio, puede programarse para actuar únicamente contra un objetivo concreto y recopilar al mismo tiempo información sobre cuándo aparece, cómo se mueve y en qué cantidad.

El láser funciona perfectamente hasta que lo rodeamos de vida cotidiana

El arma definitiva contra los mosquitos lleva años funcionando en el laboratorio. El verdadero desafío es conseguir que no convierta tu casa en un campo de tiro láser
© Bzigo.

Eliminar un mosquito dentro de un corredor experimental permite controlar la distancia, el fondo, la orientación del haz y todo lo que puede entrar en su trayectoria. Una vivienda es justamente lo contrario.

Hay cristales, superficies metálicas, objetos que se mueven y personas que atraviesan el espacio sin avisar. El aparato tendría que distinguir no solo al insecto, sino también todo aquello que existe detrás de él antes de efectuar cada disparo. Además, debería mantenerse seguro incluso ante una mala colocación, un sensor obstruido o un fallo de software.

Ahí aparece una diferencia fundamental. El láser que localiza o señala un mosquito puede pertenecer a la Clase 1, considerada no peligrosa en condiciones normales de utilización. Bzigo Iris, uno de los pocos dispositivos domésticos ya comercializados, utiliza precisamente un láser de esa categoría. Sus cámaras detectan el mosquito, siguen su recorrido y marcan el lugar donde se ha posado, pero no intentan eliminarlo.

No se trata simplemente de que una norma haya prohibido fabricar exterminadores láser. El obstáculo es demostrar que un haz con capacidad para dañar tejido biológico no puede alcanzar accidentalmente un ojo, una piel expuesta o un material sensible. Para venderlo como producto de consumo hacen falta sistemas redundantes de bloqueo, límites de emisión y certificaciones que contemplen incluso los usos incorrectos previsibles.

Bzigo resolvió el dilema quitando de la ecuación la parte peligrosa. Su dispositivo realiza el trabajo difícil de observación, pero deja la eliminación en manos del usuario. Es menos espectacular, aunque mucho más sencillo de certificar y comercializar.

La nueva generación promete llevar el disparo al salón, pero aún debe demostrarlo

La historia, sin embargo, no ha terminado. En 2025 apareció Photon Matrix, un proyecto financiado mediante crowdfunding que promete combinar LiDAR, seguimiento automatizado y un láser capaz de neutralizar mosquitos a varios metros de distancia.

Sus responsables presentan el dispositivo como una defensa portátil para interiores y exteriores. La campaña continúa aceptando pedidos, pero el calendario se ha ido desplazando: una actualización publicada en febrero situaba la producción y los envíos en el tercer trimestre de 2026, mientras que la página oficial hablaba en junio de unos 4.500 pedidos pendientes y nuevas entregas previstas alrededor de agosto.

Por ahora conviene tratarlo como lo que sigue siendo: un producto en desarrollo y no una tecnología doméstica plenamente validada. La empresa aún afrontaba cuestiones relacionadas con calibración, producción y certificaciones de seguridad durante 2026.

Los científicos ya han demostrado que una máquina puede reconocer y derribar insectos con una precisión extraordinaria. Lo que falta no es inventar un láser más potente, sino uno profundamente desconfiado: un sistema capaz de cancelar miles de disparos ante la menor duda y actuar únicamente cuando todo el entorno sea seguro.

Después de casi dos décadas, la tecnología capaz de acabar con los mosquitos está más cerca que nunca de llegar a casa. El último obstáculo no es encontrar al insecto. Es asegurarse de que el aparato solo vea al mosquito y jamás se equivoque con todo lo demás.

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