De los cazadores y recolectores que recorrían Europa al final de la última glaciación se conservan sobre todo herramientas de piedra y huesos de animales. La madera, el material con el que seguramente construían refugios, fabricaban utensilios y armaban sus campamentos, casi nunca sobrevive tanto tiempo. Por eso, lo que apareció en el fondo de un lago del norte de Alemania llamó tanto la atención de los arqueólogos.
Buzos de la Oficina Estatal de Conservación de Monumentos y Arqueología de Sajonia-Anhalt recuperaron, a unos 20 metros de profundidad en el lago Arendsee, piezas de madera trabajadas por seres humanos hace hasta 10.500 años. Entre ellas hay un poste de unos 1,60 metros con marcas de tala y de trabajo, y tablas partidas de hasta 1,30 metros de largo.
¿Restos de una vivienda?
La gran pregunta es para qué servían. Los investigadores consideran posible que el poste fuera un elemento de soporte de alguna estructura, quizás una cabaña, pero todavía no lo pueden confirmar. Marcel Weiß, responsable del proyecto, explicó que eso deberán aclararlo las investigaciones en curso y las futuras.
Si se confirma, el hallazgo sería relevante. Hasta ahora, las pruebas de construcciones del Mesolítico en el centro de Alemania se limitaban a manchas y decoloraciones en el subsuelo, rastros indirectos de postes que se pudrieron hace milenios. Además, estas estructuras serían unos 3.000 años más antiguas que las casas alargadas de los primeros agricultores, que llegaron a Europa central hacia el año 5500 antes de nuestra era.
Para el arqueólogo estatal Harald Meller, los hallazgos arrojan una luz completamente nueva sobre la Edad de Piedra media. En esa época, las personas cazaban, recolectaban y pescaban, y todavía no vivían en asentamientos permanentes. Es el mismo periodo en el que vivió la llamada chamana de Bad Dürrenberg, una de las tumbas más famosas de la prehistoria alemana, hallada en la misma región.
Un lago que se hunde
El motivo por el que la madera se conservó tan bien está en la geología del lugar. La mayoría de los lagos se van llenando de sedimentos con el paso de los milenios y se vuelven cada vez menos profundos. El Arendsee hace lo contrario: su fondo se hunde lentamente.
El lago se encuentra sobre un domo de sal, una gran masa de sal enterrada en el subsuelo. Con el tiempo, el agua subterránea disuelve esa sal y las capas de roca que están encima colapsan, lo que forma hundimientos que se llenan de agua. El proceso no es solo cosa del pasado remoto: las crónicas del Imperio franco ya registraron un hundimiento en el año 822, y en 1685 otro colapso hizo desaparecer el molino del pueblo y amplió la superficie del lago en unas 20 hectáreas casi de un día para otro.
Como el fondo desciende, los restos de las antiguas orillas, donde vivían los grupos humanos, quedaron bajo el agua y cubiertos apenas por una fina capa de sedimento. Esa protección permitió que la madera llegara en muy buen estado hasta hoy.
Un archivo bajo el agua
No es el primer hallazgo en el Arendsee. En investigaciones anteriores, los arqueólogos encontraron allí cercas para pescar del Neolítico, una barcaza de fondo plano de la Alta Edad Media y una canoa tallada en un solo tronco de la Baja Edad Media. El lago funciona como un archivo de miles de años de presencia humana.
Para buscar más restos, el equipo trabajó junto con el instituto Fraunhofer, que aportó un vehículo submarino operado a distancia para hacer escaneos de sonar de alta resolución. Esos datos permitieron reconstruir el relieve de la antigua orilla. El objetivo ahora es delimitar las zonas más prometedoras y planificar nuevas excavaciones submarinas.
Según Weiß, la arqueología subacuática en el Arendsee ofrece una oportunidad única para conocer las raíces del mundo moderno. Si el poste resulta ser parte de una vivienda, sería una de las pocas ventanas directas a cómo construían sus refugios los últimos cazadores y recolectores de Europa.