Australia tiene un problema de biodiversidad poco conocido fuera de sus fronteras: es el país que encabeza el ranking mundial de extinciones de mamíferos, con una tasa que ronda las cuatro especies perdidas por década y que no muestra señales de frenarse. En ese contexto, la recuperación del numbat, documentada por la BBC en el bosque de Dryandra, en Australia Occidental, es una rareza: una historia de conservación que, contra la tendencia general, va bien.
Un experto en camuflaje del tamaño de una ardilla

El numbat (Myrmecobius fasciatus) es un marsupial diurno que se alimenta casi exclusivamente de termitas, con una lengua desproporcionadamente larga para su tamaño. Alguna vez fue abundante en la mitad sur del continente, pero hoy sobrevive en estado salvaje en unos pocos bolsones de Australia Occidental, entre ellos el bosque de Dryandra, uno de sus últimos bastiones.
Según la Lista Roja de la UICN, el numbat estaba catalogado como especie en peligro de extinción hasta este mes, cuando pasó a la categoría de casi amenazada gracias a la recuperación sostenida de su población. Hoy hay unos 3000 ejemplares repartidos por el país, y en Dryandra su número se multiplicó por diez desde que el biólogo Tony Friend empezó a trabajar allí en los años 80, cuando la colonia local tenía menos de 50 individuos.
El país que lidera el ranking mundial de extinciones
Más del 80% de las especies de plantas y animales de Australia no existen en ningún otro lugar del planeta, una singularidad biológica que convive con una estadística mucho menos celebrada: la lista oficial de extinciones del gobierno australiano suma 67 especies, aunque los investigadores sostienen que la cifra real ya superó las 100, y sospechan que sigue subestimada porque el país todavía descubre especies que ya se extinguieron antes de ser documentadas.
“Ni siquiera se trata de imaginarlo, está sucediendo ante nuestros propios ojos”, resumió el profesor Euan Ritchie, ecólogo especializado en mamíferos, a la BBC. Aunque la tasa de extinción se mantuvo relativamente estable en las últimas décadas, la cantidad de especies amenazadas sigue creciendo con rapidez, y el deterioro de muchas de ellas se acelera.
Una lista de amenazas que no deja de crecer
Las causas detrás de la crisis se acumulan y se refuerzan entre sí: deforestación para agricultura, minería y desarrollo urbano; especies invasoras como gatos y zorros salvajes, que matan a un estimado de 3000 millones de animales nativos por año; sapos de caña y hormigas rojas; el hongo quítrido, que ya causó siete extinciones de ranas en el país; y la clamidia, que empujó a los koalas al borde de la desaparición en buena parte de su rango histórico.
El cambio climático suma su propia capa de daño: los incendios del llamado “verano negro” de 2019 y 2020 mataron a un estimado de 3000 millones de animales, y las inundaciones que llegaron después fueron tan extensas que resultó imposible calcular su impacto sobre la fauna. Incluso el calor extremo, por sí solo, ya está matando zorros voladores nativos, que caen de los árboles por miles cuando las temperaturas se disparan.
Reformas ambientales que llegan, pero a medias
El gobierno laborista, que asumió en 2022 prometiendo cero nuevas extinciones durante su mandato, aprobó el año pasado lo que se describió como la reforma más importante de las leyes ambientales australianas en una generación. El país también se fijó la meta de detener y revertir la pérdida de biodiversidad para 2030.
Pero el optimismo entre quienes trabajan en conservación es limitado. Robert Hill, el ministro de Medio Ambiente que más tiempo ocupó ese cargo en la historia de Australia y quien lideró la última gran reforma ambiental en 1999, admitió a la BBC que ni su propia gestión hizo lo suficiente. Según Hill, el problema rara vez es la falta de herramientas regulatorias: es la falta de voluntad política para usarlas, sobre todo cuando la protección ambiental compite con intereses económicos.
Un desequilibrio de US$18 a US$1
El gobierno federal australiano destina alrededor de US$500 millones directamente a la protección de la naturaleza, muy por debajo de los US$23.000 millones (cerca del 1% del PIB) que, según los conservacionistas, haría falta invertir. Al mismo tiempo, y pese a los compromisos internacionales asumidos por Australia para reducirlos, más de US$18.000 millones siguen destinándose a subsidios para sectores como la minería, la agricultura intensiva y los combustibles fósiles, según cálculos que el propio gobierno cuestiona.
Es una proporción que uno de los investigadores consultados por la BBC resumió de forma directa: por cada dólar que el Estado gasta en conservación, se destinan 18 dólares a subsidios que perjudican a la naturaleza.
Por qué el numbat es una victoria frágil
La recuperación del numbat combina programas de cría en cautiverio, control intensivo de depredadores introducidos y el monitoreo anual que hacen voluntarios como los del Grupo de Trabajo Numbat en Dryandra. Es, según coinciden los propios investigadores, exactamente el tipo de intervención sostenida y bien financiada que la mayoría de las especies amenazadas de Australia no recibe.
La historia sirve también como advertencia. El woylie, otro marsupial australiano, se recuperó lo suficiente como para salir de la lista de especies amenazadas, solo para volver a entrar una década después, en peor estado que antes. Por eso los conservacionistas insisten en que la salida del numbat de la lista roja internacional no debería traducirse en menos financiamiento ni menos atención, sino en la confirmación de que, cuando se invierte de forma sostenida, la conservación funciona.