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Ciencia

Una estrella no termina cuando muere: la Nebulosa de la Hélice muestra cómo sus restos se convierten en materia prima para la próxima generación de estrellas

A 650 años luz de la Tierra, una estrella parecida al Sol está muriendo desde hace miles de años. No explotó, no desapareció: se fue deshaciendo de sus capas externas en cámara lenta, y ese material, lejos de perderse, quedó flotando en el espacio como materia prima para lo que venga después. Ese proceso lento y luminoso es la Nebulosa de la Hélice
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La Nebulosa de la Hélice, catalogada como NGC 7293, es una de las nebulosas planetarias más estudiadas y fotografiadas del cielo, tanto que se ganó el apodo de “el Ojo de Sauron” por su parecido con un ojo gigante rodeado de anillos de color. Pero el nombre “nebulosa planetaria” es, en realidad, un error histórico: no tiene nada que ver con planetas. Así las bautizó, en el siglo XVIII, el astrónomo William Herschel, porque a través de sus telescopios tenían un aspecto redondeado que le recordaba a Urano y otros planetas del sistema solar.

Qué es en realidad una nebulosa planetaria

Nebulosa
© Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=67560

Una nebulosa planetaria es la fase final de una estrella de masa parecida a la del Sol. Cuando ese tipo de estrella agota el combustible de su núcleo, se hincha hasta convertirse en una gigante roja y, en sus últimos miles de años de vida, expulsa sus capas externas al espacio en forma de vientos estelares. Lo que queda en el centro es una enana blanca, un remanente estelar increíblemente denso y caliente, cuya radiación ultravioleta ilumina el gas expulsado y lo hace brillar con los colores característicos de estas nebulosas.

El Sol va a pasar por este mismo proceso dentro de unos 5.000 millones de años. La Nebulosa de la Hélice, relativamente cercana y bien conservada, funciona como una especie de vista previa de ese futuro.

De dónde vienen los elementos pesados que forman planetas

Durante la fase final de una estrella como el Sol, en su interior se sintetizan elementos como el carbono a través de reacciones de fusión nuclear, y esos elementos, junto con otros formados por captura de neutrones, terminan mezclándose hacia la superficie y expulsándose al medio interestelar. Según describe un artículo de revisión sobre el enriquecimiento químico galáctico publicado en Frontiers in Astronomy and Space Sciences, las nebulosas planetarias son una de las principales fuentes de carbono y otros elementos pesados del universo, junto con moléculas simples y minerales sólidos que se forman en la atmósfera externa de la estrella moribunda antes de ser expulsados por el viento estelar.

Ese material no desaparece: queda flotando como gas y polvo en el medio interestelar, mezclado con el resto de la materia prima de la galaxia. Con el tiempo, esas mismas nubes de gas y polvo pueden volver a colapsar bajo su propia gravedad y dar origen a nuevas estrellas, y a los planetas rocosos y las moléculas orgánicas que las orbitan. En ese sentido literal, buena parte del carbono, el oxígeno y otros elementos que forman los planetas rocosos (incluida la Tierra) y la vida que hay en ellos pasaron antes por el interior de una estrella que murió mucho antes de que existiera el sistema solar.

Un descubrimiento reciente: una estrella que pudo haber destruido un planeta propio

Nebulosa De La Helice Infrarroja
Imagen infrarroja de la nebulosa de la Hélice (2007) © Por NASA/JPL-Caltech/Univ. of Ariz. – NASA – Comets Kick up Dust in Helix Nebula, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1669175

La Nebulosa de la Hélice también dio, en los últimos años, una pista sobre lo que le puede pasar a un planeta cuando su estrella entra en esta fase final. Durante más de 40 años, los astrónomos detectaron una emisión de rayos X inusualmente intensa proveniente de la enana blanca en el centro de la nebulosa, algo que no encajaba con el comportamiento esperado de un remanente estelar de ese tipo. Observaciones combinadas del observatorio de rayos X Chandra, el telescopio espacial Hubble, el observatorio VISTA y el satélite GALEX de la NASA sugirieron que la explicación podría ser que esa enana blanca destruyó un planeta que orbitaba peligrosamente cerca de ella, y que los restos de ese cuerpo todavía están cayendo sobre la estrella.

Es un recordatorio de que el destino de un sistema planetario no termina necesariamente cuando su estrella empieza a morir: en algunos casos, el propio proceso de muerte estelar puede reabsorber material que antes formaba parte de un planeta.

El ciclo que nunca termina

La lección de fondo detrás de la Nebulosa de la Hélice, y de las nebulosas planetarias en general, es que la muerte de una estrella no es un punto final para la materia que la compone. Los mismos átomos que en algún momento formaron el núcleo de una estrella, o el planeta que orbitaba cerca de ella, quedan disponibles para integrarse en la próxima generación de estrellas, planetas y, eventualmente, en cualquier forma de vida que pueda surgir en ellos. El carbono de tu cuerpo, dicho sin exagerar, probablemente pasó antes por el interior de al menos una estrella que murió mucho antes de que se formara el Sol.

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