No es Ballard: la empresa se llama Valar Atomics
Estados Unidos acaba de superar un hito importante en su carrera por desarrollar reactores nucleares pequeños y transportables. El protagonista es el Ward 250, un microreactor diseñado por la empresa californiana Valar Atomics para abastecer centros de datos, instalaciones industriales y bases militares remotas.
El 18 de junio de 2026, el Departamento de Energía estadounidense anunció que el reactor había alcanzado una “criticidad alimentada a potencia cero”. Esto significa que consiguió mantener una reacción nuclear en cadena controlada, pero todavía sin generar cantidades significativas de calor o electricidad. Es el paso previo necesario antes de aumentar progresivamente su potencia.
El proyecto llamó especialmente la atención por su velocidad. Nueve meses antes, el terreno de pruebas de Utah estaba vacío. Las centrales nucleares tradicionales, en cambio, pueden tardar más de una década entre su planificación, autorización y construcción.
Un reactor pequeño que utiliza helio en lugar de agua
El Ward 250 pertenece a la familia de reactores refrigerados por gas a alta temperatura. Utiliza grafito como moderador, helio como refrigerante y combustible TRISO, formado por diminutas partículas de uranio recubiertas con varias capas cerámicas.
Estas capas están diseñadas para retener los productos radiactivos incluso cuando el combustible alcanza temperaturas elevadas. El helio, además, no hierve, no se vuelve radiactivo fácilmente y no reacciona químicamente con el combustible de la misma manera que otros refrigerantes.
La empresa afirma que su versión comercial podrá producir hasta cinco megavatios eléctricos, una cantidad comparable con el consumo de varios miles de viviendas. No pretende competir directamente con una central de gigavatios, sino instalarse cerca del lugar donde se necesita la energía.
Sus módulos pueden viajar en un avión C-17
En febrero de 2026, los departamentos de Energía y Defensa transportaron los componentes del reactor desde California hasta Utah en un avión militar C-17. El equipo viajó sin combustible nuclear, un detalle importante que impide describir la prueba como el traslado de un reactor activo y listo para funcionar.
Una vez en Utah, los módulos fueron enviados al San Rafael Energy Lab, donde se incorporó el combustible y comenzaron las pruebas. El sistema completo es algo mayor que una furgoneta y está diseñado para fabricarse por módulos antes de su traslado.
La meta es reducir las obras realizadas en el lugar de instalación. En vez de construir una central diferente para cada cliente, Valar quiere fabricar unidades repetidas en serie, transportarlas y ensamblarlas cerca de centros de consumo.
La IA y las bases militares necesitan energía constante
Los centros de datos dedicados a inteligencia artificial consumen electricidad durante las 24 horas y no pueden depender únicamente de fuentes intermitentes. Un microreactor podría suministrar energía estable sin esperar años a que se construyan nuevas líneas eléctricas.
Para las fuerzas armadas, la ventaja sería reducir la dependencia de redes civiles vulnerables y de generadores diésel que necesitan convoyes constantes de combustible. También podría alimentar radares, comunicaciones, sistemas informáticos y armas defensivas de gran consumo en instalaciones aisladas.
Después de alcanzar la criticidad, Valar comenzó a elevar gradualmente la potencia del Ward 250. La compañía llegó a demostrar la generación de electricidad mediante el calor del reactor para alimentar un pequeño sistema de Nvidia, aunque esa prueba estuvo muy lejos de los cinco megavatios prometidos para una futura unidad comercial.
Todavía no es una central nuclear portátil lista para comprar
El proyecto continúa en fase experimental. Valar espera vender electricidad de prueba en 2027 y alcanzar una operación comercial en 2028, pero todavía debe completar las pruebas de potencia, demostrar su fiabilidad y conseguir las autorizaciones necesarias.
También quedan preguntas sobre el coste de la electricidad, la seguridad física de las instalaciones, el transporte del combustible y el destino de los residuos radiactivos. Los críticos señalan que mover un reactor vacío demuestra capacidad logística, pero no resuelve todos los riesgos asociados con trasladar o utilizar equipos nucleares en zonas militares y remotas.
Los microreactores prometen trasladar parte de la energía nuclear desde enormes centrales hacia instalaciones modulares. El Ward 250 demuestra que pueden construirse y transportarse rápidamente. Ahora falta comprobar lo más difícil: que también puedan producir electricidad abundante, segura y económicamente competitiva durante años.