Saltar al contenido
Ciencia

Un relámpago iluminó el castillo de Beynac. Lo que surgió después fue un duende rojo a 80 kilómetros de altura

Primero llegó el relámpago. Luego, durante una fracción de segundo, una figura roja se encendió sobre el castillo de Beynac, casi rozando el límite del espacio. Era un sprite, uno de los fenómenos eléctricos más misteriosos de la atmósfera superior. Un científico ciudadano captó la escena y dejó al descubierto uno de los espectáculos más esquivos del planeta.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (0)

Beynac-et-Cazenac, en pleno corazón del valle del Dordoña, es el tipo de lugar donde uno esperaría ver historia medieval, no fenómenos que pertenecen casi al reino de la ciencia ficción. Pero en una noche de tormenta, un relámpago abrió el cielo y apareció algo más: un destello vertical, rojo y fantasmagórico que duró menos que un parpadeo. El científico ciudadano Nicolas Escurat logró fotografiarlo. Y eso, en meteorología extrema, es casi un milagro.

Qué son realmente los duendes rojos y por qué apenas los vemos

Los sprites —también llamados espectros o duendes rojos— son descargas eléctricas gigantes que se producen muy por encima de una tormenta, entre los 50 y los 90 kilómetros de altura. A diferencia de los rayos, que nacen dentro de las nubes, estos fenómenos se generan cuando un rayo extremadamente poderoso altera el campo eléctrico de la atmósfera superior. El resultado es un destello vertical que puede medir decenas de kilómetros de altura y ramificarse como una medusa luminosa.

Pero hay un problema: su duración es tan breve —menos de 10 milisegundos— que el ojo humano casi nunca los detecta.

Por eso las fotografías de sprites son tan valiosas. Capturan un fenómeno que la mayoría de las veces ocurre sin testigos conscientes y que, hasta finales del siglo XX, solo existía como anécdota entre pilotos de aviación militar.

La imagen sobre el castillo de Beynac: un destello medieval y espacial a la vez

Un relámpago iluminó el castillo de Beynac. Lo que surgió después fue un duende rojo a 80 kilómetros de altura
© Nicolas Escurat / NASA.

La fotografía de Escurat tiene algo casi simbólico: un castillo del siglo XII en la parte inferior y, sobre él, un fenómeno eléctrico que sucede a altitudes cercanas a la ionosfera. La escena une dos mundos: la Tierra histórica y la atmósfera alta donde las partículas cargadas se comportan como en un laboratorio natural.

El sprite aparece como una figura rojiza alargada, con ramificaciones que caen y suben al mismo tiempo. Esa geometría —a medio camino entre un árbol invertido y un tentáculo luminoso— refleja la estructura desigual del campo eléctrico en altitudes extremas.

Que Escurat lo captara implica una sincronización milimétrica: disparo continuo, una tormenta intensa y un horizonte despejado. Para la comunidad científica, estas imágenes funcionan como pistas adicionales para estudiar la relación entre grandes rayos positivos y las perturbaciones eléctricas en la mesosfera.

Por qué los sprites importan (y qué están revelando sobre la atmósfera)

A pesar de su aspecto “mágico”, los duendes rojos están cargados de información científica. Pueden indicar variaciones en la composición química de la atmósfera superior, cambios en la densidad del aire y la intensidad de tormentas extremas. También ayudan a entender cómo se transportan cargas eléctricas desde la superficie hasta regiones casi espaciales.

En los últimos años, misiones como ASIM en la Estación Espacial Internacional, junto con redes de observadores ciudadanos, han permitido capturar sprites, jets azules y elusivos elfos con un nivel de detalle sin precedentes.

Cada nuevo registro contribuye a reconstruir un mapa dinámico de fenómenos eléctricos que, hasta hace poco, simplemente no sabíamos que existían.

Compartir esta historia

Artículos relacionados