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Ciencia

El organismo que produce la mitad del oxígeno que respiramos está desapareciendo en el Atlántico: el primer estudio cuantitativo en seis décadas no encontró ni una zona en buen estado

Un estudio publicado en Ecological Indicators por investigadores de la Universidad de Plymouth analizó 23 conjuntos de datos de plancton de 60 años y determinó que ninguna región del Atlántico nororiental, desde Portugal hasta Noruega, tiene hábitats pelágicos en buen estado ambiental. Las costas ibéricas, el Golfo de Vizcaya y los mares célticos fueron calificados como 'No buenos'. El calentamiento del océano, la acidificación y la contaminación por nitrógeno son los factores clave identificados
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El fitoplancton produce aproximadamente la mitad del oxígeno que respiramos. También es el inicio de casi todas las cadenas alimentarias marinas: sin él no hay zooplancton, sin zooplancton no hay peces pequeños, sin peces pequeños no hay atunes ni ballenas ni aves marinas. Es además uno de los principales mecanismos de captura de CO₂ del planeta, absorbiendo carbono a través de la fotosíntesis y hundiéndolo en las profundidades al morir. Es, en términos prácticos, uno de los sistemas de soporte vital más importantes de la Tierra.

Un estudio publicado en Ecological Indicators por investigadores de la Universidad de Plymouth llega a una conclusión que debería ser imposible de ignorar: en todo el Atlántico nororiental, la región que se extiende desde las costas de Portugal hasta Noruega pasando por el Golfo de Vizcaya y el Mar del Norte, no existe una sola zona con hábitats de plancton en buen estado ambiental. Ni una.

60 años de datos, 23 conjuntos, 13 instituciones: la primera evaluación real

Marea Roja En La Jolla
© Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=396343

El trabajo, liderado por la profesora Abigail McQuatters-Gollop y desarrollado con la participación de unos 40 expertos en plancton de toda Europa bajo el marco del Convenio OSPAR para los Mares del Atlántico Nororiental, es el primero en proporcionar una evaluación cuantitativa e integrada del estado del plancton en esa región. Hasta ahora, los informes sobre plancton describían los cambios observados, pero no los traducían en una valoración clara del estado de salud de los ecosistemas. Este estudio lo hace por primera vez.

Los investigadores combinaron 23 conjuntos de datos procedentes de 13 instituciones de investigación europeas, junto con datos satelitales, para cubrir seis décadas de monitoreo. El resultado se expresó en cuatro categorías: Buen estado ambiental, No buen estado, Estado incierto, y No evaluado por falta de datos. Ninguna región alcanzó la primera categoría. Seis combinaciones de hábitat y región fueron directamente calificadas como No buenas, tres como Inciertas y una quedó sin evaluar por insuficiencia de datos.

Las peores condiciones se encontraron en los hábitats de la plataforma continental, las zonas de aguas relativamente poco profundas frente a las costas, donde se detectaron con mayor claridad las disminuciones en la biomasa de fitoplancton y en la abundancia de zooplancton. Las costas ibéricas, el Golfo de Vizcaya y los mares célticos recibieron la calificación más negativa. El Gran Mar del Norte quedó en situación incierta.

Qué está matando al plancton: temperatura, acidez, nitrógeno y mezcla alterada

Plancton
© By Template:Joye et al 2022, https://doi.org/10.1007/978-3-030-90383-1 15 originally from Oak Ridge National Laboratory – Office of Biological and Environmental Research of the U.S. Department of Energy Office of Science, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47248209

El estudio identificó cuatro factores principales asociados al deterioro. El primero es el calentamiento de la superficie del mar: a medida que el océano se calienta, la columna de agua se estratifica más, lo que reduce la mezcla vertical que lleva nutrientes desde las profundidades hacia la superficie donde vive el fitoplancton. El segundo es el descenso del pH oceánico, la acidificación causada por la absorción de CO₂ atmosférico, que afecta a muchas especies de plancton con estructuras calcáreas.

El tercero es la alteración de las condiciones de nutrientes, especialmente el exceso de nitrógeno procedente de la agricultura y las aguas residuales que llegan al mar a través de ríos y escorrentías. El nitrógeno en exceso no siempre beneficia al plancton útil: puede favorecer proliferaciones de especies oportunistas que desplazan a las comunidades más diversas y productivas. El cuarto factor es la alteración de los patrones de mezcla oceánica, que cambia la disponibilidad de nutrientes y luz en la columna de agua de formas que no siempre favorecen a las comunidades de plancton establecidas.

El monitoreo que desaparece justo cuando más se necesita

Uno de los señalamientos más urgentes del estudio es la situación del monitoreo a largo plazo del plancton. Varias series temporales de décadas, precisamente el tipo de datos que hace posible este análisis, están actualmente interrumpidas o en riesgo de desaparecer por recortes presupuestarios en distintos países europeos. Los investigadores piden una inversión sostenida en ese monitoreo, ya que sin datos continuos no es posible detectar cambios ecológicos ni fundamentar las políticas de gestión marina.

También señalan la necesidad de nuevas tecnologías para complementar los métodos tradicionales: imágenes de alta resolución y análisis de ADN ambiental (eDNA), que permiten identificar especies a partir de muestras de agua sin necesidad de capturar físicamente los organismos. Estas técnicas pueden detectar partes de la comunidad de plancton que los métodos actuales subrepresentan sistemáticamente.

Como documenta la publicación del estudio en Ecological Indicators, los investigadores son directos sobre la medida más urgente: mitigar el cambio climático reduciendo las emisiones de carbono globales es, según sus propios términos, la acción más importante posible para proteger los hábitats pelágicos del Atlántico. Sin eso, ninguna medida local será suficiente para revertir la tendencia documentada en seis décadas de datos.

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