Este verano en el hemisferio norte está siendo brutal, y la ola de calor afecta a millones de personas. En épocas de festejos como el 4 de julio en EE.UU., miles buscan disfrutar del aire libre, viendo desfiles, organizando barbacoas o admirando los fuegos artificiales. Pero las altas temperaturas y la sofocante humedad representan importantes riesgos para la salud.
En Francia, por ejemplo, el 23 de junio fue el día más caluroso de la historia nacional, y en tan solo tres días de ese mes, entre el 24 y el 27, las autoridades informaron más de 1.000 muertes relacionadas con el calor. Un cálculo estadístico preliminar indica que en Europa este verano podría dejar más de 20.000 muertos.
¿Por qué resulta tan fatal el calor extremo? Gizmodo se puso en contacto con expertos para que nos expliquen qué impacto tiene en nuestros cuerpos la exposición al calor extremo. Hay poblaciones más vulnerables que otras, pero todos, en todas partes, estamos en riesgo cuando hay olas de calor extremo.
Cómo regula su temperatura nuestro cuerpo
Los humanos somos homeotérmicos, lo que significa que nuestros cuerpos necesitan mantener una temperatura interna estable para funcionar correctamente. En general, esa temperatura oscila entre los 36,1°C y los 37,2°C en el caso de los adultos, según la Clínica Mayo.
Cualquier variación importante, fuera de ese rango, hace que para las células sea más difícil el funcionamiento según explicó Orlando Laitano, profesor adjunto de fisiología del ejercicio e investigador del Laboratorio de Fisiología Ambiental y Muscular de la Universidad de Florida. Si la temperatura central de la persona se eleva demasiado, se verá afectada la actividad de las enzimas, la distribución del oxígeno y otras funciones esenciales que mantienen vivas y funcionando a las células.
El cuerpo tiene dos estrategias primarias para reducir la temperatura central: la vasodilatación y la transpiración. Durante la vasodilatación los vasos sanguíneos cercanos a la piel se dilatan para aumentar el flujo sanguíneo en la superficie del cuerpo, de modo que el calor pueda disiparse hacia afuera. Por eso el rostro enrojece cuando tenemos mucho calor. Cuando la temperatura central del cuerpo llega a su “umbral de transpiración” empezamos a sudar y el calor se regula mediante la evaporación.
Pero si el aire está saturado de vapor de agua, el sudor no logra evaporarse con eficiencia y este mecanismo que reduce nuestra temperatura no funciona bien. Por eso es peligrosa la combinación del calor y la humedad. El cuerpo pierde agua a través del sudor, sin refrescarse, y eso causa deshidratación. Como el sudor proviene directamente del plasma sanguíneo, “cuanto más sudas, menos volumen de sangre tendrás disponible”, explicó Laitano.
Tanto la vasodilatación como el sudor pueden reducir el flujo sanguíneo a los órganos internos, lo que causa la caída de la presión sanguínea, que obliga al sistema cardiovascular a trabajar más. Para los sistemas vitales, eso implica efectos serios.
El calor afecta a todos los sistemas
Para compensar la baja presión sanguínea y seguir enviando oxígeno y nutrientes a los órganos, el corazón tiene que latir más rápido y más fuerte. Eso aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares como los ataques cardíacos, según Craig Crandall, profesor de medicina interna en el Centro Médico de la Universidad de Texas y director del Laboratorio de Fisiología Vascular del Hospital Presbyterian Texas Health de Dallas.
Al trabajar para enfriar el cuerpo, el sistema cardiovascular desvía la sangre de los intestinos y los riñones, explicó Crandall. La falta de flujo sanguíneo rompe la barrera intestinal, permitiendo que ingresen en el torrente sanguíneo las endotoxinas y bacterias, causando “una cascada de potenciales problemas”, explicó. Mientras tanto, los riñones tienen que esforzarse para conservar el agua, y eso afecta su capacidad de filtración, aumentando el riesgo de daños agudos y a largo plazo.
Luego está el cerebro, el órgano más sensible a la temperatura. “Si la temperatura del cerebro aumenta demasiado, dejarán de funcionar los procesos neurales», explicó Crandall. Por eso quienes sufren una subida de temperatura suelen tener dificultades para caminar, hablar o pensar con claridad. “Su cerebro no funciona adecuadamente”, indicó.
El riesgo para los órganos vitales aumenta a medida que sube la temperatura interna. El agotamiento por calor ocurre cuando el sistema cardiovascular gasta demasiada energía para mantener el flujo sanguíneo y enfriar el cuerpo, y eso puede causar fatiga, náuseas, confusión y dolor de cabeza, según Crandall.
Cuando los sistemas naturales del organismo no pueden ya reducir la temperatura del cuerpo, se produce el golpe de calor, una emergencia médica que requiere atención. El golpe de calor suele ocurrir cuando la temperatura central de la persona está por encima de los 40 °C, pero según Crandall, eso varía según la persona. Si alguien se expone al calor extremo y denota un cambio repentino en la conducta o en su estado mental, es probable que esté sufriendo de un golpe de calor.
Si no se trata, el golpe de calor puede afectar rápidamente al cerebro, al corazón, a los riñones, al hígado y a los músculos, y en los casos más extremos puede ser fatal.
Quienes sobreviven pueden sufrir consecuencias a largo plazo, según investigaciones recientes. Un estudio del laboratorio de Laitano en 2020 encontró que los ratones que sobrevivían a golpes de calor tenían más probabilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares. Su trabajo, además, demostró que el golpe de calor en los ratones puede suprimir el sistema inmune hasta mucho tiempo después de que se recuperen.
Cómo prevenir y tratar el malestar a causa del calor
Quienes están más en riesgo de enfermar a causa del calor son los adultos mayores, los niños pequeños, las embarazadas, las personas con enfermedades crónicas, quienes trabajan al aire libre, los atletas, y quienes no tienen acondicionadores de aire. Hay medicamentos que aumentan la sensibilidad al calor, como los diuréticos y algunas drogas psicotrópicas.
Dicho esto, la población en general está en riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor cuando hay olas de calor importantes, según Riana Pryor, profesora adjunta de ciencias del ejercicio y la nutrición y directora del laboratorio HEAT, de Hidratación, Ejercicio y Termorregulación de la Universidad de Buffalo. Eso, especialmente cuando las altas temperaturas y la humedad coinciden con días festivos en que la gente pasa más tiempo al aire libre, está más activa, y consume más alcohol.
“Si se pueden ajustar los horarios, eso es lo primero que se debe hacer”, dijo Pryor. También, descansar en lugares con aire acondicionado durante períodos breves a lo largo del día puede reducir los riesgos de manera significativa.
Es esencial mantenerse hidratados. “Si sientes sed, ya te has deshidratado. Cuando no consumes líquidos, es difícil poder ponerte a la altura de lo que necesitas”. Y eso vale en especial para los adultos mayores, porque la sensación de sed se apaga y demora con la edad.
Si alguien muestra señales de agotamiento por calor o golpe de calor, lo primero que hay que hacer es refrescar a la persona lo antes posible, dijo Pryor. Ayudarle a ponerse a la sombra o en un lugar con aire acondicionado, y cuando ya esté en un lugar más fresco, rehidratar a la persona.
“Si te preguntas si es un golpe de calor o no, allí es cuando tienes que buscar atención médica”, dijo Pryor. También en ese caso es esencial refrescar a la persona lo antes posible, y lo más efectivo es el agua fría. Ayudarle a sumergirse en agua fría o ducharse, o incluso cubrir su cuerpo con mantas o toallas mojadas podría salvarle la vida.
A medida que aumenta la temperatura global, también sucede lo mismo con el riesgo de enfermar a causa del calor. El calor extremo se ha convertido en uno de los riesgos naturales más letales, y entender cómo afecta al cuerpo, quiénes corren mayores riesgos, y cómo protegernos, será esencial a medida que nos adaptemos a un mundo que se calienta cada vez más.