Imagina que vives en un pueblo
de unos 1.000 habitantes. De repente, todo cambia con la llegada de un tren cuya
mercancía desprende un olor putrefacto. Ahora imagina que ese tren se queda
varado no uno, sino varios meses sin explicación. Por último, imagina que
dentro solo hay toneladas de heces humanas.
Y ahora deja de imaginar, porque esto es
exactamente lo que está pasando en la pequeña ciudad de Parrish, una zona rural
de Alabama de 982 habitantes. En este momento, docenas de vagones de tren que
transportan unas cinco mil toneladas de caca se encuentran estacionados
alrededor del pueblo.
Dos meses y el pueblo ya no puede más,
harto de un olor que ha penetrado por todo el lugar en lo que describen como “si fuera un cadáver de animal podrido”.
Para colmo, y como dicen algunos de los habitantes con cierta ironía, la caca
no es de ellos, “es caca de Nueva York”.
Al parecer, el año pasado las
instalaciones de gestión de desechos en Nueva York y una en Nueva Jersey
enviaron toneladas de residuos biológicos, literalmente toneladas, a Big Sky
Environmental, un vertedero privado en Adamsville, Alabama. Ocurre que en enero, la ciudad vecina de West Jefferson presentó una orden judicial contra
Big Sky para evitar que los lodos se almacenaran en una zona cercana.
¿Resultado? La caca que ya estaba en
tránsito se trasladó a Parrish, donde no hay leyes de zonificación para evitar
que se almacenen los desechos. Según ha explicado a la CNN Heather Hall, la
alcaldesa de Parrish, lo peor podría estar por llegar:
Es todo muy frustrante. Están tratando
de trabajar entre bastidores para conseguir un poco de ayuda, pero nos lo han
dicho durante semanas, y todavía no hay solución. El hedor lo impregna todo,
los vagones están a un lado de un campo de fútbol y al otro lado de un campo
de béisbol. Reduce en gran medida la calidad de vida, no puedes sentarte en tu
porche. Los niños no pueden salir y jugar, y lo peor podría estar por llegar, que
Dios nos ayude si hace calor y este material todavía está aquí afuera”.
En general, los residentes se quejan de
que en los últimos días se hace imposible incluso abrir la puerta de las casas.
De hecho, Hall ha contado a los medios que se ha puesto en contacto con la Agencia
de Protección Ambiental de Alabama para saber si podía existir un problema de
salud pública. Al parecer, el material no es peligroso, porque se supone que es
un residuo biológico de Grado A, no aguas residuales sin procesar (que también
es la razón de ese olor único).
Sea como fuere, Hall ya no sabe a quién
recurrir ante una situación que supuestamente debía haber terminado hace
semanas. Lo único cierto en estos momentos es que nadie sabe cuando se moverá
la caca de Parish, 5.000 toneladas de heces humanas en vagones donde se puede leer EPIC. [CNN]