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Ciencia

Un video viral de YouTube y 8.000 propuestas del público bautizaron a un molusco con lengua de metal: por qué la ciencia empezó a dejar que la gente nombre sus propios descubrimientos

Normalmente, ponerle nombre a una especie nueva es un trámite interno, resuelto entre un puñado de taxónomos en el lenguaje técnico del latín científico. Esta vez fue distinto: miles de personas en internet, después de ver un video, propusieron sus propias ideas. Y lo más curioso es que once de ellas, sin ponerse de acuerdo entre sí, llegaron exactamente al mismo nombre
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La Alianza de Especies Oceánicas de Senckenberg (SOSA), en colaboración con la editorial científica Pensoft y el divulgador Ze Frank, invitó al público a proponer el nombre científico de una nueva especie de quitón de aguas profundas, hallada en 2024 en la fosa de Izu-Ogasawara, frente a Japón. Todo empezó cuando Frank presentó a este extraño molusco en un episodio de su serie de YouTube True Facts, conocida por explicar curiosidades del mundo animal con un tono irreverente. El video se viralizó, y la propia audiencia terminó pidiendo participar del proceso de bautismo científico.

En apenas una semana, la convocatoria recibió más de 8.000 propuestas de nombre, cada una acompañada de su propia justificación. El equipo de investigadores, encabezado por la profesora Julia Sigwart, del Instituto de Investigación Senckenberg y el Museo de Historia Natural de Fráncfort, se declaró literalmente desbordado por la cantidad y la creatividad de las respuestas.

Once personas, sin ponerse de acuerdo, llegaron al mismo nombre

El nombre elegido finalmente fue Ferreiraella populi, donde populi es una palabra latina que significa del pueblo o de la gente. Lo llamativo es que, entre las miles de propuestas recibidas, once personas distintas sugirieron exactamente esa misma idea de forma completamente independiente, sin coordinación entre ellas, algo que el propio equipo científico destacó como una señal de qué tan bien resonaba el concepto entre el público general.

La especie ya pertenecía al género Ferreiraella, un grupo de moluscos poco estudiado que solo habita en restos de madera hundida en el fondo del océano, así que la comunidad de internet solo tuvo que definir el segundo término del nombre científico, el equivalente al apellido dentro de la nomenclatura binomial.

Un molusco protegido por ocho placas y armado con una lengua de hierro

Quiton
Cryptoconchus porosus, una especie de quitón © By GrahamBould – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5513931

Ferreiraella populi es un quitón, un tipo de molusco marino que suele describirse como una mezcla entre un caracol y un escarabajo. A diferencia de la mayoría de los moluscos, que tienen una sola concha, los quitones poseen ocho placas dorsales articuladas (válvulas) que les permiten enrollarse como una bola de protección o adherirse con firmeza a superficies irregulares como los troncos hundidos en los que habitan.

Su característica más llamativa es la rádula, una especie de lengua dentada recubierta de hierro que usa para raspar materia orgánica. El propio ejemplar hospeda además a una pequeña comunidad de gusanos junto a su cola, que se alimentan de sus propios desechos, una relación de convivencia poco habitual incluso para los estándares ya extraños de la fauna abisal.

Por qué la ciencia elige acelerar estos procesos

Sigwart explicó que documentar, describir formalmente y publicar el nombre científico de una especie nueva puede demorar entre diez y veinte años bajo los procedimientos tradicionales. Frente a esa demora, la misión declarada de SOSA es agilizar esos procesos y, al mismo tiempo, involucrar al público general con estos hallazgos, de manera que descubrir un nombre en conjunto en redes sociales se convierta en una oportunidad real de participación ciudadana en la ciencia. Ferreiraella populi fue descrita y bautizada apenas dos años después de su descubrimiento original.

Para la investigadora, ese ritmo acelerado no es un simple gesto de comunicación: la considera crucial para la conservación de la biodiversidad marina, en particular frente a amenazas como la minería de aguas profundas, que podría destruir hábitats como los de restos de madera hundida antes incluso de que la ciencia termine de documentar qué especies los habitan.

Un modelo que podría repetirse

El caso de Ferreiraella populi se suma a un puñado de experiencias similares donde instituciones científicas abrieron procesos de nomenclatura al público general, buscando acortar la distancia entre la investigación académica y el interés genuino que despiertan estos hallazgos fuera de los círculos especializados. Para SOSA, la experiencia funcionó como prueba de concepto de que la ciencia ciudadana también puede aplicarse, de forma seria y metodológicamente válida, a un terreno tan formal como la taxonomía.

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