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Ciencia

Un yacimiento en China revela cómo vivían los denisovanos, nuestros parientes humanos más misteriosos

La cueva de Bianfu, en el suroeste de China, ha proporcionado fósiles, herramientas y miles de restos animales asociados a los denisovanos. Entre los hallazgos destaca el primer fragmento conocido de un radio de este grupo humano, una pieza que empieza a revelar cómo era su cuerpo
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Durante años, los denisovanos fueron poco más que una huella genética. Su existencia se identificó en 2010 gracias al ADN extraído de un pequeño hueso de dedo encontrado en la cueva de Denisova, en Siberia. Desde entonces sabemos que se extendieron por amplias regiones de Asia y se cruzaron con Homo sapiens, dejando parte de su ADN en poblaciones actuales de Asia y Oceanía. Pero sus fósiles seguían siendo extraordinariamente escasos.

Ahora, la cueva de Bianfu, en la provincia china de Yunnan, está empezando a cambiar esa situación. Dos estudios publicados en Nature describen el conjunto de restos denisovanos más abundante conocido fuera de la propia cueva de Denisova y ofrecen nuevas pistas sobre su anatomía, alimentación y tecnología.

Un refugio ocupado durante decenas de miles de años

La secuencia arqueológica de Bianfu abarca aproximadamente desde hace 190.000 hasta 70.000 años, mientras que los fósiles humanos identificados proceden de niveles datados entre unos 167.000 y 134.000 años.

En aquella época, la región estaba cubierta principalmente por bosques de coníferas y zonas de bosque-estepa. Los restos animales indican que quienes ocuparon la cueva cazaban de forma especializada presas de tamaño medio y grande.

Los arqueólogos recuperaron cerca de 1.400 herramientas de piedra y decenas de miles de huesos animales. Su tecnología no era especialmente sofisticada: empleaban estrategias relativamente sencillas de talla de piedra y aprovechaban frecuentemente huesos sin apenas modificarlos. Esa aparente simplicidad no impidió que explotaran eficazmente los recursos disponibles durante un periodo extraordinariamente largo.

Un yacimiento en China revela cómo vivían los denisovanos, nuestros parientes humanos más misteriosos
© Science Magazine – Youtube.

Encontrar un denisovano entre más de 60.000 huesos

Uno de los grandes desafíos era identificar restos humanos dentro de una colección de más de 60.000 fragmentos óseos.

Los investigadores recurrieron a ZooMS, una técnica que identifica especies analizando proteínas conservadas en el colágeno. Después aplicaron análisis proteómicos más detallados y encontraron una señal molecular característica de los denisovanos.

Así pudieron atribuir a este grupo dos fragmentos de hueso parietal, un fragmento de radio y varios dientes. Los cinco especímenes analizados contenían una variante de la proteína COL1A2 previamente observada en otros restos denisovanos.

El primer brazo que conocemos de un denisovano

El hallazgo más llamativo es un fragmento proximal de radio, uno de los huesos del antebrazo. Es el primer radio denisovano identificado y uno de los escasos restos postcraneales conocidos de este grupo.

Su anatomía presenta una combinación peculiar. Algunas dimensiones y características recuerdan a los neandertales, mientras que la forma general y la geometría de determinadas partes se aproximan más a las de los humanos modernos.

Los investigadores creen que esta combinación refleja diferencias biomecánicas y adaptaciones particulares, aunque un único fragmento todavía no permite reconstruir por completo el aspecto físico de los denisovanos.

El “linaje fantasma” empieza a tener cuerpo

Bianfu también ayuda a cerrar un enorme vacío geográfico. Yunnan se encuentra mucho más cerca del sudeste asiático que los principales yacimientos denisovanos conocidos anteriormente, algo importante porque algunas de las poblaciones actuales con mayor herencia genética denisovana viven en Oceanía.

Los denisovanos siguen siendo uno de los grupos humanos más enigmáticos del Pleistoceno. Pero ya no son únicamente una secuencia de ADN encontrada en Siberia. Bianfu muestra a poblaciones capaces de cazar grandes animales, fabricar herramientas, adaptarse durante milenios a los bosques del sur de China y dejar tras de sí, por primera vez, una parte del cuerpo que permite empezar a imaginar cómo se movían.

 

 

Fuente: ABC.

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