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Ciencia

Una empresa compró una granja inglesa de 617 hectáreas y dejó de cultivarla en 2021: hoy hay 152 especies nuevas y la biodiversidad subió 108%

No sembraron nada nuevo. La estrategia fue casi la contraria: dejar de sembrar y de a poco correrse del medio para que el terreno hiciera el resto
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La empresa británica de restauración ambiental Nattergal compró en diciembre de 2021 una granja de 617 hectáreas cerca de Grantham, en Lincolnshire, que hasta ese momento se dedicaba a la agricultura intensiva de cereales sobre suelos de calidad media. En vez de mantener la producción, decidió retirar los cultivos de forma progresiva hasta completar la última cosecha en septiembre de 2024.

El predio, rebautizado Boothby Wildland, pasó de estar dominado por campos de monocultivo a convertirse en un mosaico de pastizales, humedales, bosques y zonas de matorral. La transformación se apoyó en pequeños focos de biodiversidad que ya existían en los bordes del campo, resultado de un esquema agroambiental aplicado en la década previa, y que empezaron a expandirse hacia el resto del terreno una vez liberados de la presión del cultivo.

Castores como ingenieros del paisaje

Castores
© Derek Otway – Unsplash

Uno de los pilares del proyecto fue la reintroducción de una familia de cuatro castores en el sistema del río West Glen, dentro de un cercado de más de 200 hectáreas que se convirtió en el proyecto de castores más grande de Inglaterra, según Nattergal. Los castores actúan como ingenieros ecosistémicos: sus diques frenan el curso del agua después de las lluvias y generan hábitats de humedal que antes no existían en la zona.

En paralelo, el equipo trabajó en la restauración física del río, con más de dos kilómetros del West Glen «rewiggled» (devueltos a un curso sinuoso más parecido al original) y reconectados con su llanura de inundación natural, además de la creación de nuevos estanques y la recuperación del drenaje natural del terreno.

Los números detrás de la recuperación

Ave
© Denise Schuld – Unsplash

Según un informe publicado por Nattergal en junio de 2026, la biodiversidad del sitio aumentó un 108% desde 2023. En ese período se identificaron 152 variedades distintas de aves, murciélagos, abejas, mariposas y plantas, mientras que la riqueza de especies (la cantidad de especies diferentes presentes, más allá de su abundancia) creció cerca de un tercio.

Entre las especies que mostraron señales claras de recuperación en los pastizales aparecen la perdiz pardilla, incluida en la Lista Roja británica por su fuerte declive, la codorniz y el bisbita pratense. También se registraron avances en la alondra común, que perdió más del 60% de su población en el Reino Unido desde la década de 1970, además de nutrias, turones, aguiluchos pálidos, tritones crestados y orquídeas de abeja, una especie de orquídea silvestre poco común.

Agua que ya no se pierde

Los cambios en el paisaje también tuvieron un efecto medible sobre la gestión del agua. Las obras de restauración del río, los nuevos estanques y las modificaciones en el drenaje generaron más de 4.000 metros cúbicos de capacidad extra de almacenamiento de agua en el terreno, mientras que los picos de caudal durante las crecidas se redujeron un 3,4%, según los propios datos de la empresa. Para las comunidades río abajo, esa reducción del riesgo de inundación es uno de los beneficios más concretos del proyecto, más allá del impacto sobre la fauna y la flora.

Un modelo de negocio distinto

Boothby Wildland no es un proyecto de conservación filantrópica en sentido estricto: se financia combinando inversión pública y privada, incluidos créditos de biodiversidad y compromisos de Ganancia Neta de Biodiversidad (BNG, por su sigla en inglés) que empresas de otros rubros, como desarrolladoras inmobiliarias, compran para compensar el impacto ambiental de sus propios proyectos de construcción. Fue además el primer proyecto en avanzar a la fase de implementación del programa británico Landscape Recovery, un esquema público de gestión de tierras enfocado en la restauración a gran escala.

El caso se apoya en parte en la experiencia previa de Knepp Wildland, en Sussex, uno de los proyectos de rewilding más conocidos de Inglaterra, y busca demostrar que la restauración ambiental a gran escala puede sostenerse económicamente sin depender exclusivamente de donaciones, con la fauna y la flora como principal indicador de éxito.

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