En plena tensión militar entre Israel e Irán, una operación aérea estuvo a punto de volverse una pesadilla geopolítica. Un desperfecto técnico en un caza F-15 expuso un flanco vulnerable de la fuerza aérea israelí, obligando a una maniobra de emergencia sin precedentes. Este incidente reveló decisiones tácticas arriesgadas y planes secretos que podrían haber cambiado el curso de la operación.
Un fallo técnico en territorio hostil

Según informes oficiales, uno de los tanques de combustible de un F-15 israelí presentó una avería durante una incursión sobre Teherán. El piloto se encontró con una seria escasez de combustible en plena operación, sin que se hubiera desplegado un avión cisterna desde el inicio del operativo, como era habitual en otras misiones anteriores.
La gravedad del fallo obligó al piloto a informar de inmediato a las autoridades. La respuesta fue tan veloz como crítica: el ejército israelí movilizó un avión de reabastecimiento que logró llegar a tiempo para evitar un aterrizaje forzoso en suelo iraní. El repostaje aéreo se realizó con éxito, salvando al piloto y al aparato de un desenlace potencialmente catastrófico para las relaciones internacionales.
Una operación con riesgos calculados

Durante los ataques posteriores encabezados por Estados Unidos, como parte del mismo conflicto, los bombarderos B-2 contaron desde el principio con apoyo de aeronaves cisterna. Sin embargo, en la ofensiva inicial israelí —denominada Operación León Naciente— se habían contemplado posibles escenarios de emergencia, incluyendo un aterrizaje forzoso en Irán como último recurso.
El Canal 12 de Israel reveló que Tomer Bar, comandante de la Fuerza Aérea Israelí, advirtió antes del ataque que existía una alta probabilidad de que hasta diez cazas fueran derribados por las defensas aéreas iraníes. Esta estimación fue discutida en sesiones confidenciales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), donde se reconoció como un riesgo operacional elevado.
Pese a esas alarmantes previsiones, los medios israelíes confirmaron que ninguno de los aviones del país fue derribado durante los doce días de enfrentamiento. Aun así, el incidente con el F-15 dejó en evidencia lo cerca que estuvo la misión de escalar hacia lo imprevisible.