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Ciencia

La Gran Pirámide lleva 4.500 años midiendo exactamente lo mismo. Un investigador cree que esas proporciones eran un mensaje diseñado para sobrevivir a sus constructores y conservar su conocimiento en piedra

Una nueva hipótesis sostiene que las dimensiones de la Gran Pirámide codifican ciclos astronómicos mediante matemáticas egipcias. La idea es fascinante, pero todavía está lejos de demostrar que ese fuera su verdadero propósito.
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La Gran Pirámide de Guiza no necesita una cámara secreta para esconder un mensaje. Según una nueva hipótesis, el mensaje podría ser la propia pirámide. Sefy Levy, un investigador independiente, acaba de publicar un trabajo en el que propone que las dimensiones exteriores del monumento (su altura, su base, su pendiente y sus proporciones) fueron elegidas deliberadamente para conservar información matemática y astronómica durante miles de años.

La idea tiene un gancho formidable: los antiguos egipcios no habrían escrito aquel conocimiento sobre papiro, sino que habrían construido una gigantesca memoria de piedra imposible de borrar.

Hay, sin embargo, una diferencia importante entre una hipótesis provocadora y un descubrimiento arqueológico. El trabajo, titulado The Pyramid as Memory Hypothesis, está disponible como preprint en SSRN, no como un artículo revisado por pares, y su autor figura allí simplemente como investigador independiente.

El supuesto “código” no está escrito en ninguna pared: está en las medidas

La Gran Pirámide lleva 4.500 años midiendo exactamente lo mismo. Un investigador cree que esas proporciones eran un mensaje diseñado para sobrevivir a sus constructores y conservar su conocimiento en piedra
© Nina / Wikimedia.

Levy parte de seis dimensiones exteriores derivadas de una base de 440 codos reales y una pendiente expresada mediante el sistema egipcio del seked. Después combina esas medidas utilizando las fracciones asociadas al ojo Wedjat (el Ojo de Horus) y operaciones matemáticas documentadas en el antiguo Egipto.

Según sus cálculos, 10 de 14 valores astronómicos y calendáricos seleccionados aparecen con un margen de error inferior al 0,2%. Entre los patrones analizados están ciclos lunares y otros periodos relacionados con el cielo egipcio.

El autor intentó además comprobar que las coincidencias no fueran simplemente producto de buscar suficientes números hasta encontrar algo llamativo. Comparó el procedimiento con otros sistemas numéricos y realizó simulaciones; en su prueba principal, ninguno de los sistemas rivales igualó el resultado en 20.000 ejecuciones. Eso hace que la propuesta sea más elaborada que una simple colección de coincidencias con π o el número áureo. Pero sigue faltando la pieza decisiva: una prueba independiente de que los constructores quisieron codificar esos valores concretos.

Que Keops no aparezca dentro no significa que aquello no fuera una tumba

La Gran Pirámide lleva 4.500 años midiendo exactamente lo mismo. Un investigador cree que esas proporciones eran un mensaje diseñado para sobrevivir a sus constructores y conservar su conocimiento en piedra
© Wikimedia.

El estudio aprovecha varios misterios auténticos de la pirámide. Nunca apareció la momia de Keops, sus cámaras están prácticamente desnudas y el gran sarcófago de granito de la llamada Cámara del Rey está vacío. Pero esos datos no contradicen necesariamente la interpretación funeraria tradicional.

La Cámara del Rey forma parte de un complejo construido dentro de una enorme necrópolis real, rodeada por tumbas de miembros de la familia de Keops y altos funcionarios. El proyecto Digital Giza de Harvard documenta todo el conjunto precisamente dentro de ese contexto funerario.

También suele mencionarse que las paredes están sin inscripciones. Eso tampoco es particularmente extraño para esa época: los Textos de las Pirámides no aparecieron hasta la V Dinastía, en la pirámide de Unas, siglos después de Keops. Y existe un documento extraordinariamente cercano a los propios constructores.

El Diario de Merer, escrito durante el reinado de Keops, describe a una cuadrilla transportando piedra caliza desde Tura hasta Akhet-Khufu, el complejo de la Gran Pirámide. Es una conexión contemporánea directa entre el faraón, los trabajadores y la construcción del monumento.

La hipótesis más interesante quizá no necesite reemplazar a la tumba

La Gran Pirámide lleva 4.500 años midiendo exactamente lo mismo. Un investigador cree que esas proporciones eran un mensaje diseñado para sobrevivir a sus constructores y conservar su conocimiento en piedra
© Pierre Tallet / misión arqueológica de Wadi al-Jarf.

Ahí aparece una posibilidad bastante más interesante que el clásico “todo lo que sabemos sobre las pirámides estaba equivocado”. Una pirámide podía ser una tumba y, al mismo tiempo, una máquina simbólica.

La arquitectura funeraria egipcia estaba profundamente vinculada con el cielo, la transformación del faraón y el orden cósmico. La propuesta de Levy lleva esa idea mucho más lejos: plantea que Guiza habría servido como una especie de estándar permanente para preservar una cosmología heredada de poblaciones del Sáhara Verde.

Esa parte es todavía altamente especulativa y necesitará revisión, réplicas independientes y evidencias arqueológicas que conecten las matemáticas con la intención de los arquitectos. Pero plantea una pregunta fascinante. Quizá llevamos siglos buscando el secreto de la Gran Pirámide dentro de ella cuando, si esta hipótesis contiene algo de verdad, el mensaje siempre estuvo delante de nosotros: en los 146 metros de piedra que forman su propia silueta.

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