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Una investigación sobre 613 zoológicos descubre por qué las especies en peligro no siempre reciben más espacio

Los zoológicos desempeñan un papel importante en la protección de la fauna, pero un análisis internacional de tres décadas revela que las decisiones sobre qué animales albergar siguen una lógica que no siempre coincide con las prioridades de conservación.
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Cuando una especie se acerca a la extinción, cada esfuerzo para garantizar su supervivencia puede marcar la diferencia. La protección de sus hábitats, las restricciones al comercio de animales y los programas de reproducción en cautividad forman parte de las estrategias para evitar que desaparezca. En ese escenario, los zoológicos podrían convertirse en aliados fundamentales, capaces de mantener poblaciones bajo cuidado humano y contribuir a su recuperación.

Sin embargo, existe una diferencia entre reconocer que un animal necesita ayuda y modificar las decisiones para ofrecérsela. Una investigación que examinó miles de ejemplares en cientos de instituciones de todo el mundo encontró que el empeoramiento del estado de conservación de una especie no suele traducirse en un aumento de su presencia en los zoológicos. El resultado plantea interrogantes sobre cómo se establecen las prioridades y qué factores terminan influyendo realmente en la composición de estas colecciones.

El trabajo, desarrollado por investigadores de la Universidad de Nottingham Trent y publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, analizó datos correspondientes a 7.200 animales, distribuidos en 613 instituciones de 72 países a lo largo de tres décadas. Sus conclusiones muestran que la relación entre el peligro de extinción y las decisiones de los zoológicos es menos directa de lo que podría suponerse.

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©patrice schoefolt – Pexels

El peligro de extinción no suele cambiar las colecciones

Para evaluar si las instituciones respondían a las necesidades de conservación, el equipo comparó la evolución de las poblaciones mantenidas en zoológicos con los cambios registrados en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esta clasificación permite identificar el grado de amenaza que afrontan distintas especies y seguir la evolución de su situación.

Los investigadores también tuvieron en cuenta las modificaciones en las restricciones al comercio internacional de animales y la participación en programas coordinados de reproducción y manejo. Para reunir la información necesaria, utilizaron datos proporcionados por Species360, una organización sin fines de lucro que mantiene registros relacionados con animales bajo cuidado humano.

El resultado principal fue revelador: las especies que pasaron a encontrarse en una situación más preocupante no tuvieron, por ese motivo, una mayor probabilidad de incorporarse a otros zoológicos. En otras palabras, el aumento del riesgo de extinción no funcionó como un impulso suficiente para ampliar su presencia en estas instituciones.

La tendencia también se mantuvo cuando las circunstancias mejoraron. Las especies que redujeron su nivel de amenaza o quedaron sujetas a controles comerciales menos estrictos no desaparecieron automáticamente de las colecciones donde ya estaban presentes.

Esto no significa que los zoológicos ignoren la conservación, sino que los cambios en el estado de una especie no parecen determinar por sí solos las decisiones sobre qué animales incorporar o mantener. La profesora Samantha Ward, especialista en bienestar animal y legislación de zoológicos de la Universidad de Nottingham Trent, señaló que los resultados evidencian una deficiencia: el apoyo no aumenta ni disminuye de manera sistemática en respuesta a las variaciones en las necesidades de conservación.

Los programas coordinados tienen más influencia que las alertas

Si el deterioro de una especie no basta para impulsar su incorporación a nuevos recintos, ¿qué factores explican el crecimiento de determinadas poblaciones? La investigación identificó un elemento con mayor influencia: la participación en programas coordinados de manejo y reproducción.

Estas iniciativas permiten organizar la gestión de animales entre distintas instituciones, con el objetivo de mantener poblaciones bajo cuidado humano y favorecer una reproducción planificada. La coordinación puede ayudar a evitar decisiones aisladas y a distribuir mejor los recursos disponibles para las especies incluidas en cada programa.

Según el análisis, la participación en estos mecanismos estuvo más relacionada con el aumento de las poblaciones que las variaciones en la Lista Roja o en las normas comerciales. Esto sugiere que contar con una estructura organizada de conservación puede tener más peso práctico que una modificación, incluso importante, en la evaluación del peligro de extinción.

La diferencia es significativa porque revela que las prioridades científicas no siempre se convierten de manera automática en decisiones operativas. Para que una especie gane presencia en los zoológicos, parece importar no solo su situación, sino también que existan planes concretos que orienten la gestión y permitan coordinar esfuerzos.

Los animales populares también compiten por espacio

Otro hallazgo llamó la atención de los investigadores: entre las especies que registraron algunos de los mayores aumentos en las colecciones aparecieron animales domésticos, reptiles comercializados como mascotas y ejemplares que suelen despertar interés entre los visitantes.

Las gallinas, las cabras, los suricatos y las ovejas estuvieron entre los casos destacados. Su presencia no demuestra por sí sola que los zoológicos abandonen sus objetivos de conservación, pero sí apunta a que las decisiones sobre las colecciones responden a una combinación de factores que va más allá de la amenaza que afronta cada especie.

La participación del público puede influir en la planificación, al igual que los recursos económicos necesarios para mantener las instalaciones y desarrollar actividades educativas. Los animales conocidos o atractivos para los visitantes pueden ocupar un lugar relevante en la oferta de una institución, mientras que otras especies menos populares necesitan recursos especializados para justificar y sostener su incorporación.

Hannah Jenkins, autora principal del estudio, realizó la investigación durante su doctorado en la Universidad de Nottingham Trent. Según explicó, lo inesperado fue comprobar que los cambios en el estado de conservación de una especie tenían, por sí solos, un efecto significativo con poca frecuencia.

La observación apunta a una cuestión central: el reconocimiento de una amenaza no garantiza que se traduzca en una respuesta proporcional dentro de las instituciones que podrían contribuir a mitigarla.

El espacio, los costos y el bienestar limitan las decisiones

Los zoológicos deben equilibrar sus objetivos de conservación con restricciones concretas. Jenkins explicó que, al planificar sus colecciones, las instituciones consideran el espacio disponible, el bienestar animal, los costos de mantenimiento y el interés de los visitantes. Además, estas decisiones no siempre se toman siguiendo un marco compartido por todo el sector.

La falta de espacio es una limitación evidente, pero no es la única. Algunas especies requieren condiciones específicas de alojamiento, alimentación y reproducción que no todos los centros pueden proporcionar. A esto se suma la necesidad de contar con personal capacitado y conocimientos suficientes para garantizar su bienestar.

Por esa razón, incorporar una especie amenazada no consiste simplemente en reservarle un recinto. También exige evaluar si la institución dispone de los medios necesarios para mantenerla de forma adecuada y si su participación puede contribuir a objetivos de conservación definidos.

Ante este panorama, el equipo investigador propone desarrollar marcos de planificación más estratégicos y comunes para los zoológicos. La intención es ayudar a las instituciones a comparar sus prioridades y evaluar de manera más transparente las necesidades de las especies frente a las limitaciones económicas, operativas y de bienestar.

El desafío consiste en conseguir que las alertas sobre el riesgo de extinción tengan una relación más clara con las decisiones prácticas. Los resultados no niegan el papel de los zoológicos en la conservación, pero muestran que ese compromiso no siempre se refleja en el crecimiento de las poblaciones de las especies más amenazadas. Para cerrar esa brecha, la planificación coordinada podría ser tan importante como identificar cuáles son los animales que necesitan ayuda con mayor urgencia.

 

[Fuente: Infobae]

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