Saltar al contenido
Mundo

Una mina de carbón tenía más de 300 metros de profundidad: España decidió inundarla de agua y el resultado sorprendió

Una gigantesca mina de carbón dejó un agujero de más de 300 metros en el paisaje hace muchísimos años. Hasta que un país comenzó una transformación que cambió por completo la zona.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Durante décadas, el paisaje del noroeste de España estuvo dominado por una enorme explotación minera. Allí donde antes había terreno, vegetación y pequeñas elevaciones, la actividad industrial terminó creando una gigantesca depresión de cientos de metros de profundidad.

El escenario parecía difícil de recuperar. La mina había funcionado durante casi 60 años y de sus entrañas habían salido cientos de millones de toneladas de lignito. Cuando la explotación llegó a su fin, quedó detrás una gigantesca excavación que se había convertido en una de las mayores huellas de la actividad minera de la región.

Sin embargo, en lugar de intentar ocultar aquella cicatriz, el proyecto de recuperación planteó una solución mucho más ambiciosa: llenar progresivamente el enorme pozo con agua y convertirlo en un nuevo ecosistema.

El resultado es uno de los ejemplos más llamativos de transformación de un antiguo espacio minero en Europa. El agujero que durante décadas estuvo asociado a la extracción de carbón terminó convertido en un lago de dimensiones extraordinarias.

Y para comprender cómo fue posible, hay que retroceder varias décadas.

Diseño Sin Título 2026 08 11t094202.503
© PrelevicMilos – shutterstock

El enorme agujero que dejó la minería

La explotación comenzó en la década de 1940 y durante los años siguientes fue creciendo hasta convertirse en una operación minera de enormes dimensiones. En 1972, Endesa asumió el control de la mina y de la central térmica situada junto al yacimiento.

Durante aproximadamente seis décadas, la explotación permitió extraer cerca de 260 millones de toneladas de lignito. Para conseguirlo fue necesario excavar progresivamente el terreno hasta alcanzar una profundidad superior a los 300 metros.

La escala de la operación terminó modificando por completo el paisaje.

Pero la historia de la mina llegó a su final en 2007, en un contexto marcado por los cambios en las normas europeas relacionadas con la producción de carbón. Con la actividad minera detenida, apareció un nuevo problema: qué hacer con aquella enorme excavación.

La solución comenzó a tomar forma poco después.

Entre 2008 y 2012, el antiguo pozo empezó a recibir agua de manera controlada. El proceso no consistía simplemente en dejar que la lluvia llenara la excavación. Fue necesario estudiar cuidadosamente las fuentes de agua disponibles, calcular el ritmo de llenado y controlar cómo evolucionaban las condiciones químicas dentro del futuro lago.

El 18 de abril de 2012 se completó finalmente el proceso.

El gigantesco agujero de la mina había desaparecido bajo el agua.

Un lago artificial de dimensiones extraordinarias

El resultado de aquella transformación fue el lago de As Pontes, una masa de agua que ocupa aproximadamente 865 hectáreas y que llegó a alcanzar un volumen cercano a los 547.000 millones de litros.

Diseño Sin Título 2026 08 11t093842.475
© Man u PeSe – shutterstock

Pero llenar la antigua mina fue solo una parte del desafío. Los investigadores tuvieron que comprobar cómo evolucionaba el agua una vez que comenzó a ocupar una excavación tan profunda y con un pasado industrial tan intenso.

Los análisis revelaron que el lago desarrolló diferentes condiciones según la profundidad. Las aguas superficiales presentan una mayor concentración de oxígeno y valores próximos a la neutralidad, mientras que en las zonas más profundas existe menos oxígeno y una mayor acidez.

Estas diferencias están relacionadas con factores como la temperatura, los minerales presentes en el antiguo terreno minero y las distintas fuentes que alimentan el lago.

La recuperación también transformó progresivamente los alrededores. Las antiguas zonas de escombros comenzaron a cubrirse de vegetación y aparecieron praderas, matorrales, bosques y humedales.

La naturaleza empezó a ocupar un espacio que durante décadas había estado dominado por maquinaria, excavadoras y actividad industrial.

Incluso los ciervos regresaron a las pendientes que alguna vez formaron parte de la explotación.

De paisaje industrial a destino recreativo

Con el paso del tiempo, el lago dejó de ser únicamente una solución para recuperar el terreno y comenzó a convertirse en un nuevo espacio de ocio.

En sus alrededores se habilitaron senderos y zonas naturales, mientras que la propia masa de agua incorporó una playa de arena y espacios destinados a actividades náuticas como el kayak y el canotaje.

La calidad y las condiciones de seguridad del entorno también fueron objeto de controles, hasta el punto de que la zona llegó a recibir la bandera azul.

Diseño Sin Título 2026 08 11t094342.504
© solosacofotos – shutterstock

La transformación resulta especialmente llamativa por la magnitud del punto de partida. No se trataba de recuperar una pequeña cantera o un terreno industrial abandonado, sino de reconvertir una excavación de más de 300 metros de profundidad creada después de décadas de extracción de carbón.

Hoy, el paisaje ofrece una imagen difícil de asociar con su pasado. Donde antes se encontraba una gigantesca mina de lignito ahora existe un lago rodeado de vegetación, humedales y zonas recreativas.

El caso de As Pontes demuestra que la recuperación de una explotación minera puede ir mucho más allá de cubrir el terreno y plantar árboles. Con planificación, controles ambientales y varios años de trabajo, una de las mayores alteraciones provocadas por la actividad industrial terminó dando lugar a un nuevo paisaje.

La mina desapareció bajo cientos de miles de millones de litros de agua y, sobre sus antiguas estructuras y escombreras, comenzó otra historia: la de un ecosistema creado sobre las huellas de la minería.

Compartir esta historia

Artículos relacionados