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Ciencia

Un fósil olvidado durante 60 años cambia lo que creíamos saber sobre los primeros dinosaurios

La identificación de un dicinodonte de unos 240 millones de años encontrado en Tanzania conecta estos yacimientos africanos con otros de Sudamérica. El hallazgo obliga a revisar la edad atribuida a algunas rocas que contenían posibles candidatos a estar entre los dinosaurios más antiguos conocidos.
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Durante décadas, varios fósiles encontrados en Tanzania ocuparon un lugar importante en el debate sobre cuándo aparecieron los primeros dinosaurios. Las rocas que los contenían parecían especialmente antiguas y, por tanto, podían conservar algunas de las primeras etapas de su evolución.

Ahora, un animal que ni siquiera era un dinosaurio está cambiando esa historia.

Un equipo internacional dirigido por la Universidad de Bristol ha identificado una nueva especie de dicinodonte, Dinodontosaurus isiyavamanda, a partir de fósiles de aproximadamente 240 millones de años. Su relación con ejemplares sudamericanos permite comparar las edades de ambos yacimientos y cuestiona que las rocas tanzanas sean tan antiguas como se pensaba.

El animal que conecta África con Sudamérica

Los dicinodontes fueron grandes herbívoros pertenecientes a los sinápsidos, la rama evolutiva en la que posteriormente aparecerían los mamíferos. No eran dinosaurios ni antepasados directos de los mamíferos modernos, pero compartieron los ecosistemas terrestres con otros grupos durante el Triásico.

Hasta ahora, Dinodontosaurus solo había sido confirmado en Sudamérica. La aparición del género en Tanzania extiende su distribución hasta África oriental.

Hace 240 millones de años esto no resultaba tan extraño como podría parecer hoy: África y Sudamérica todavía formaban parte de Pangea y permanecían conectadas, permitiendo que numerosas especies se distribuyeran por territorios actualmente separados por el Atlántico.

Un fósil olvidado durante 60 años cambia lo que creíamos saber sobre los primeros dinosaurios
© DINOVIÑETAS JASC – Youtube.

Las rocas podrían ser millones de años más jóvenes

La importancia del descubrimiento no se limita a añadir una nueva especie al registro fósil.

Los paleontólogos pueden utilizar animales presentes en diferentes formaciones geológicas para correlacionar sus edades. Y las dataciones radiométricas más recientes realizadas en Sudamérica indican que las capas asociadas a Dinodontosaurus son hasta 10 millones de años más jóvenes que las formaciones sudafricanas que anteriormente se utilizaban como referencia para datar los depósitos de Tanzania.

Esto debilita la idea de que algunos posibles dinosaurios hallados en Tanzania sean necesariamente anteriores a los ejemplares sudamericanos.

La conclusión, sin embargo, debe interpretarse con cautela. El descubrimiento no demuestra dónde aparecieron por primera vez los dinosaurios, sino que modifica el marco cronológico utilizado para interpretar esos fósiles.

El fósil llevaba en un museo desde 1963

La historia del descubrimiento comenzó mucho antes de la publicación del estudio.

En 1963, una expedición británica recuperó numerosos fósiles en Tanzania y los trasladó posteriormente al Museo de Historia Natural de Londres. Entre ellos había un esqueleto de dicinodonte que nunca llegó a ser descrito formalmente.

Décadas después, los investigadores volvieron a estudiarlo junto con un cráneo fragmentario encontrado posteriormente.

La anatomía confirmó que ambos pertenecían a Dinodontosaurus, pero presentaban suficientes diferencias respecto de las especies sudamericanas como para justificar una nueva especie: Dinodontosaurus isiyavamanda.

El nomLa anatomía confirmó que ambos pertenecían a bre hace referencia a la tierra del pueblo Wamanda, habitantes de la región donde aparecieron los fósiles.

Un descubrimiento que tardó décadas en completarse

El ejemplar ya había llamado la atención en 1994, cuando el paleontólogo Nigel Larkin lo estudió durante su tesis de maestría y propuso que probablemente representaba una especie desconocida. La confirmación formal tardó casi tres décadas más.

Nuevas técnicas, como la tomografía microcomputarizada, permiten ahora estudiar estructuras internas de fósiles sin dañarlos y reconocer características que antes podían permanecer ocultas.

Todavía quedan numerosos restos por analizar. Los próximos estudios se centrarán especialmente en el esqueleto postcraneal para reconstruir cómo se desplazaba, cuál era su postura y qué relación mantenía con otros dicinodontes.

Un fósil guardado durante más de medio siglo ha terminado demostrando que las colecciones de los museos todavía pueden esconder piezas capaces de cambiar la cronología de algunos de los capítulos más antiguos de la historia de los dinosaurios.

Fuente: Infobae.

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