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Ciencia

Una señal escondida entre millones de datos. Así sonó el primer latido del universo que China logró registrar

Fue el segundo estallido de rayos gamma más brillante de la historia, pero lo que realmente sorprendió fue un pulso diminuto de 160 milisegundos: el giro vertiginoso de un magnetar recién formado. Los científicos lo describen como “escuchar el corazón de una estrella al nacer”.
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El cosmos no deja de sorprendernos. En 2023, un estallido de rayos gamma —uno de los fenómenos más violentos del universo— escondía algo que nadie había visto antes. Lo que parecía una simple explosión de luz terminó revelando un patrón rítmico, un pulso diminuto de apenas 160 milisegundos. Era, según los científicos, el primer latido de un magnetar recién nacido. O, dicho de otro modo, el momento exacto en que una nueva estrella comenzó a girar.

Durante décadas, los astrónomos habían observado miles de estallidos de rayos gamma sin hallar nada parecido. Estas explosiones marcan el final de estrellas gigantes o la fusión de estrellas de neutrones, pero siempre dejan tras de sí un silencio inmediato. Sin embargo, esta vez fue diferente. Algo —o alguien, si el universo pudiera tener un pulso— siguió latiendo después de la colisión.

El estallido que desafió los libros

El universo tuvo un latido. Y China fue la primera en escucharlo.
© Yuja Tian and Yuting Wu, Nanjing Zhijiao Cloud Intelligent Technology Co., Ltd.; Scientific concept guidance: Runchao Chen and Binbin Zhang, Nanjing University.

El evento fue bautizado como GRB 230307A, registrado el 7 de marzo de 2023. Su intensidad fue tan alta que se convirtió en el segundo estallido de rayos gamma más brillante jamás observado. Pero lo que realmente desconcertó a los científicos fue su duración: más de 200 segundos, una eternidad para este tipo de fenómenos que suelen durar menos de dos.

Los telescopios chinos GECAM-B y GECAM-C, junto con el observatorio Fermi de la NASA, recopilaron más de 600.000 registros del suceso. Cuando los investigadores de la Universidad de Nankín analizaron los datos con algoritmos de alta precisión, algo emergió entre el ruido: una señal periódica que se repetía 909 veces por segundo. Un eco que no provenía del azar, sino del giro de un cuerpo compacto recién formado.

Un magnetar recién nacido

El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, fue liderado por Run-Chao Chen y Bing Zhang, de la Universidad de Hong Kong. Ambos coincidieron en la misma conclusión: la señal pertenecía a un magnetar, una estrella de neutrones con un campo magnético tan potente que podría borrar los datos de cualquier disco duro desde millones de kilómetros de distancia.

Según Chen, “es la primera vez que la humanidad detecta directamente una señal periódica en medio de un estallido de rayos gamma”. En palabras más simples: hemos escuchado el corazón de una estrella en el momento exacto de su nacimiento.

El pulso de 160 milisegundos corresponde al vertiginoso giro de este magnetar, que completa una rotación en menos de una milésima de segundo. Ese movimiento extremo imprime un patrón en la radiación gamma, una especie de “firma” temporal que revela la mecánica interna del fenómeno.

El nuevo motor del cosmos

El universo tuvo un latido. Y China fue la primera en escucharlo.
© YouTube / @NorthwesternU.

Hasta ahora, los científicos creían que los estallidos de rayos gamma más largos eran producto del nacimiento de agujeros negros. Pero el descubrimiento chino abre otra posibilidad: que algunos estén alimentados por magnetars recién formados.

Estos objetos actúan como dínamos cósmicas, generando energía mediante rotaciones frenéticas y campos magnéticos colosales. “El rápido giro imprimió una señal periódica en el chorro de rayos gamma, pero la simetría del estallido la ocultó casi por completo”, explicó Zhang. Solo gracias al análisis minucioso de los datos —y a la precisión milimétrica de los satélites chinos— fue posible detectarla.

Este hallazgo no solo cambia lo que sabemos sobre los rayos gamma. También abre una ventana hacia la astrofísica multimensajero, un campo que conecta distintos tipos de señales cósmicas —radiación, ondas gravitacionales y neutrinos— para entender cómo se comportan los objetos más extremos del universo.

El universo, al ritmo de un latido

La metáfora no es casual. Si el Big Bang fue el primer aliento del cosmos, estos pulsos podrían considerarse su frecuencia cardíaca. Cada vez que una estrella colapsa o renace, el universo deja una marca rítmica que nos recuerda que la materia y la energía siguen dialogando más allá del tiempo.

La detección del GRB 230307A no fue solo una hazaña tecnológica, sino una invitación a escuchar. Porque el universo no solo brilla: también late. Y, gracias a la ciencia, hoy hemos aprendido a reconocer su pulso.

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