Saltar al contenido
Ciencia

Una serpiente de hace 80 millones de años apareció en Brasil con un cerebro hecho para vivir bajo tierra. Su fósil revela que la pérdida de las patas fue mucho más extraña de lo que creíamos

Tametara mirim perteneció a una etapa en la que las serpientes todavía experimentaban con patas vestigiales, cuerpos diferentes y formas de vida opuestas. La reconstrucción digital de su cráneo acaba de desmontar una evolución que parecía sencilla.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Pocas criaturas parecen tener un diseño corporal tan definitivo como las serpientes. Cuerpos alargados, miles de vértebras, ausencia de extremidades y una forma de desplazarse que no se parece demasiado a la de ningún otro vertebrado. Sin embargo, ese modelo no apareció de repente. Antes de las serpientes actuales existieron animales que todavía conservaban algunas características propias de sus antepasados lagartos, incluidas, en ciertos casos, pequeñas patas traseras.

Ahora, un fósil encontrado en el estado brasileño de São Paulo está permitiendo observar uno de aquellos experimentos evolutivos con un nivel de detalle extraordinario. La nueva especie fue bautizada como Tametara mirim y vivió hace entre 75 y 85 millones de años, en pleno Cretácico Superior.

Lo verdaderamente sorprendente no es únicamente su antigüedad. El cráneo quedó conservado en tres dimensiones, algo extremadamente raro en serpientes fósiles, cuyos esqueletos pequeños y delicados suelen aparecer aplastados, fragmentados o reducidos a unas pocas vértebras. Gracias a esa preservación, los investigadores han conseguido reconstruir incluso la forma del cerebro, los nervios craneales y el oído interno del animal.

Un fósil excepcional escondido bajo São Paulo

Una serpiente de hace 80 millones de años apareció en Brasil con un cerebro hecho para vivir bajo tierra. Su fósil revela que la pérdida de las patas fue mucho más extraña de lo que creíamos
© Agustín Martinelli.

Los restos fueron descubiertos en 2020 en una cantera próxima al municipio de Presidente Prudente, dentro de la formación geológica Adamantina. El ejemplar conserva la mitad posterior del cráneo, parte de las mandíbulas y al menos 103 vértebras anteriores todavía articuladas. Es, además, el primer fósil de serpiente articulado conocido en Brasil.

Puede parecer incompleto, pero dentro del escaso registro fósil de las primeras serpientes es casi un tesoro. Menos de diez ejemplares articulados de estos animales han sido encontrados en rocas del Mesozoico y, antes de Tametara, solo tres conservaban una estructura tridimensional comparable: Dinilysia y Najash, descubiertas en Argentina, y Sanajeh, hallada en India.

El equipo utilizó microtomografía computarizada de alta resolución para atravesar digitalmente la roca y separar cada estructura sin dañar el fósil. El resultado fue una representación virtual del interior del cráneo, incluyendo la cavidad que alguna vez ocupó el encéfalo.

No significa que el cerebro se haya fosilizado. Los investigadores reconstruyeron un molde interno, o endomolde, a partir de las paredes óseas que lo rodeaban. En las serpientes, determinadas regiones del encéfalo encajan estrechamente dentro del cráneo, por lo que su forma puede recuperarse con bastante precisión millones de años después.

Su cerebro indica que vivía bajo tierra

Una serpiente de hace 80 millones de años apareció en Brasil con un cerebro hecho para vivir bajo tierra. Su fósil revela que la pérdida de las patas fue mucho más extraña de lo que creíamos
© Gabriel Ugueto.

La reconstrucción mostró que Tametara poseía un cerebro alargado, con bulbos olfativos cortos y hemisferios cerebrales relativamente pequeños. También presentaba una arquitectura simplificada en los canales semicirculares del oído interno, encargados de participar en el equilibrio y la percepción del movimiento.

Cuando los científicos compararon estas estructuras con las de más de cien especies actuales, encontraron un patrón claro: su anatomía se parecía a la de reptiles especializados en excavar y desplazarse bajo tierra. La microestructura de los huesos del cráneo condujo a la misma conclusión. Tametara era, con mucha probabilidad, una serpiente fosorial.

El equipo realizó el mismo análisis con Dinilysia patagonica, una serpiente cretácica argentina que podía alcanzar un tamaño considerablemente mayor. Y aquí apareció otra sorpresa: sus cerebros eran muy diferentes. Mientras Tametara parece haber vivido bajo tierra, Dinilysia habría sido principalmente terrestre y se habría desplazado sobre la superficie.

Eso significa que hace unos 80 millones de años las serpientes ya habían desarrollado adaptaciones neurológicas distintas para habitar entornos subterráneos, terrestres y, como demuestran otros fósiles, también acuáticos. No estaban siguiendo una única dirección evolutiva.

La historia de las patas es más complicada de lo que parecía

Una serpiente de hace 80 millones de años apareció en Brasil con un cerebro hecho para vivir bajo tierra. Su fósil revela que la pérdida de las patas fue mucho más extraña de lo que creíamos
© A.S. Hsiou et al., Nature (2026).

La gran pregunta sigue siendo cómo y por qué las serpientes perdieron sus extremidades. Una hipótesis sostiene que un cuerpo largo y sin patas facilitaba el movimiento por túneles estrechos. Otra propone que surgió como adaptación para nadar. El nuevo estudio sugiere que plantear una sola respuesta quizá sea demasiado sencillo.

Tametara pertenece a una rama muy temprana del árbol evolutivo de las serpientes y aparece estrechamente relacionada con Najash rionegrina, una especie argentina que conservaba una pelvis unida a la columna y patas traseras bien desarrolladas. Por eso es razonable pensar que Tametara también pudo conservar extremidades posteriores.

Sin embargo, el fósil brasileño no guarda la región cloacal donde deberían encontrarse la pelvis y esas patas. El propio estudio señala que no es posible confirmar su presencia directamente. Sí pudo determinarse que las extremidades delanteras ya habían desaparecido, aunque la conservación de las costillas impide excluirlas con absoluta certeza.

El hallazgo, por tanto, no ofrece una fotografía definitiva del momento en que las serpientes abandonaron sus patas. Hace algo más interesante: muestra que esa transición estuvo acompañada por una explosión de formas de vida, cerebros y sistemas sensoriales diferentes.

La evolución de las serpientes no fue una marcha ordenada desde un lagarto con patas hasta el cuerpo que conocemos hoy. Fue un periodo de experimentación, con linajes que excavaban, nadaban o recorrían la superficie mientras sus anatomías cambiaban a ritmos distintos. Y parte de esa historia acaba de reaparecer, todavía enrollada en una roca brasileña.

Compartir esta historia

Artículos relacionados