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Ciencia

Una sonda japonesa fotografió un asteroide con forma de muñeco de nieve: la imagen importa más de lo que parece

La sonda japonesa Hayabusa2 logró fotografiar de cerca al asteroide Torifune durante un sobrevuelo a gran velocidad. Su peculiar forma, con dos lóbulos unidos, llamó la atención de los científicos, pero el verdadero valor de la imagen va mucho más allá de su aspecto: aporta información clave para comprender estos cuerpos y mejorar futuras estrategias de defensa planetaria.
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Un asteroide con una forma inesperada

Un asteroide de cientos de metros de diámetro, fotografiado por una nave que viajaba a más de 18.000 km/h, terminó pareciendo algo sorprendentemente familiar: un muñeco de nieve flotando en el espacio. La imagen fue obtenida por Hayabusa2, la sonda de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), conocida por haber traído a la Tierra las primeras muestras del asteroide Ryugu.

El nuevo protagonista es Torifune, anteriormente identificado como 2001 CC21. JAXA confirmó que el sobrevuelo se realizó el 5 de julio de 2026 como parte de la misión extendida de Hayabusa2 y que la nave continuó operando con normalidad tras completar la maniobra.

La fotografía fue captada mediante la cámara telescópica de navegación óptica (ONC-T), mientras otros instrumentos recopilaron información sobre la temperatura y la composición superficial del asteroide.

Lo que más llamó la atención fue su aspecto. Torifune no tiene una forma esférica, sino que está compuesto por dos grandes lóbulos unidos entre sí, una estructura conocida como binario de contacto. Aunque su silueta recuerda a un muñeco de nieve, para los científicos representa una valiosa pista sobre cómo se forman estos cuerpos, cómo evolucionan con el paso del tiempo y cuál es su estructura interna.

Una sonda japonesa fotografió un asteroide con forma de muñeco de nieve: la imagen importa más de lo que parece
© El Heraldo de México – Youtube.

Un sobrevuelo extremadamente rápido y preciso

La maniobra fue especialmente compleja porque Hayabusa2 nunca fue diseñada para estudiar Torifune. Su misión original consistía en explorar Ryugu, recoger muestras y devolverlas a la Tierra, un objetivo que completó con éxito en diciembre de 2020.

Tras finalizar esa etapa, la nave aprovechó el combustible disponible para continuar explorando otros pequeños cuerpos del Sistema Solar.

Según explicó JAXA, el sobrevuelo se realizó a una velocidad relativa cercana a 5 kilómetros por segundo, equivalente a unos 18.000 km/h. A esa velocidad existía muy poco margen de error, por lo que el acercamiento debía ejecutarse con una precisión excepcional para obtener imágenes útiles.

Durante el encuentro trabajaron varios instrumentos científicos. La cámara ONC-T tomó las fotografías; el sensor térmico TIR registró la temperatura superficial; el espectrómetro NIRS3 analizó la composición y la posible presencia de agua o grupos hidroxilo; mientras que el sistema LIDAR midió la distancia entre la nave y el asteroide.

JAXA también informó que solo una parte de los datos fue enviada inmediatamente después del sobrevuelo y que el resto llegará a la Tierra en transmisiones posteriores.

Una imagen que también ayuda a proteger la Tierra

Más allá de lo llamativa que resulta su forma, Torifune tiene un enorme interés científico. Para JAXA, este tipo de sobrevuelos sirven para perfeccionar tecnologías que podrían resultar esenciales en futuras misiones de defensa planetaria.

Acercarse con precisión a un objeto tan pequeño, obtener imágenes detalladas y estudiar su composición son pasos fundamentales para diseñar estrategias que permitan desviar un asteroide si alguna vez representara una amenaza para la Tierra.

Cada asteroide posee características diferentes. Algunos son bloques rocosos compactos, mientras que otros son auténticas «pilas de escombros» mantenidas unidas únicamente por su gravedad. También existen cuerpos dobles, alargados o con formas muy irregulares. Si fuera necesario modificar la trayectoria de uno de ellos, no bastaría con conocer su tamaño: también sería imprescindible comprender su estructura, su densidad, su velocidad de rotación y cómo reaccionaría ante un impacto.

La propia misión Hayabusa2 demuestra el valor de estas investigaciones. Las muestras obtenidas de Ryugu revelaron la presencia de minerales hidratados y compuestos orgánicos, incluidos aminoácidos y las cinco nucleobases presentes en el ARN y el ADN. Estos descubrimientos ayudan a reconstruir cómo eran los materiales que dieron origen al Sistema Solar hace más de 4.500 millones de años.

La misión todavía tiene un objetivo más ambicioso

El viaje de Hayabusa2 aún no terminó. Su misión extendida tiene previsto llegar en 2031 al asteroide 1998 KY26, un objeto mucho más pequeño que Torifune, con apenas unas decenas de metros de diámetro.

Este tipo de cuerpos resulta especialmente interesante porque son mucho más difíciles de detectar desde la Tierra y, pese a su reducido tamaño, podrían provocar daños importantes si impactaran contra nuestro planeta.

Por eso, la imagen de Torifune tiene un significado que va mucho más allá de su curiosa apariencia. Es una fotografía llamativa y hasta simpática, pero también representa un nuevo paso para comprender cómo son realmente los asteroides y cómo interactuar con ellos de forma segura.

Hayabusa2 no solo captó la imagen de una roca con forma de muñeco de nieve. También obtuvo información que, en el futuro, podría ser fundamental para aprender a identificar, estudiar e incluso desviar un asteroide antes de que llegue a convertirse en una amenaza para la Tierra.

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