La astronomía acaba de abrir una ventana directa a una de las épocas más remotas del cosmos. Por primera vez, los científicos han logrado observar la explosión final de una estrella masiva en plena infancia del universo. Gracias a una combinación de telescopios espaciales y terrestres, esta supernova permite estudiar cómo eran las primeras generaciones estelares cuando las galaxias apenas comenzaban a existir.
Una explosión en la era de la reionización
La supernova detectada se produjo cuando el universo tenía solo unos 730 millones de años, durante la llamada era de la reionización. En ese periodo, la radiación de las primeras estrellas y galaxias comenzó a transformar el hidrógeno neutro del cosmos, haciendo el universo transparente a la luz.
El evento fue identificado en asociación con un estallido de rayos gamma de larga duración, denominado GRB 250314A. Estos estallidos son algunas de las explosiones más energéticas conocidas y suelen marcar la muerte de estrellas muy masivas. La detección inicial se realizó el 14 de marzo de 2025 mediante el telescopio espacial SVOM, una misión conjunta de China y Francia.
Y ¿cómo se ha podido detectar? Einstein ya predijo con su teoría de la relatividad que la fuerza de gravedad ejercida por cuerpos muy masivos puede actuar como una lente que amplifica la luz de objetos que están mucho más lejos. pic.twitter.com/2uhAj4cMgv
— Mar Gómez (@MarGomezH) March 31, 2022
El papel clave del telescopio James Webb
La confirmación definitiva llegó gracias al telescopio espacial James Webb. Unas observaciones en el infrarrojo realizadas aproximadamente 110 días después del estallido permitieron separar con precisión la luz de la supernova de la de su galaxia anfitriona.
Este paso fue crucial, ya que observar objetos tan lejanos implica distinguir señales extremadamente débiles y mezcladas con su entorno galáctico. El Webb, diseñado precisamente para estudiar el universo primitivo, logró aislar la firma espectral de la explosión estelar, algo imposible para generaciones anteriores de telescopios.
Una supernova sorprendentemente familiar
Uno de los aspectos más llamativos del descubrimiento es que esta supernova antigua resulta muy similar a otras observadas en el universo cercano. En brillo y propiedades espectrales, se asemeja notablemente a la supernova SN 1998bw, asociada también a un estallido de rayos gamma.
Este paralelismo sugiere que, pese a las condiciones radicalmente distintas del universo primitivo —menor contenido de elementos pesados y galaxias en formación—, las estrellas masivas podían evolucionar y morir de una forma muy parecida a la actual.
Lo que nos dice sobre las primeras estrellas
El hallazgo indica que las estrellas responsables de estos estallidos no eran tan exóticas como se pensaba. A pesar de formarse en un entorno cósmico joven, su comportamiento final coincide con el de estrellas masivas mucho más recientes.

Esto aporta información clave para comprender la evolución temprana del universo, la formación de elementos químicos y el papel de las supernovas en el desarrollo de las primeras galaxias.
Una nueva ventana al pasado cósmico
La supernova más antigua conocida no es solo un récord astronómico. Representa una prueba directa de que ya existían estrellas capaces de producir explosiones complejas y energéticas en los primeros capítulos de la historia cósmica.
Con el James Webb y futuras misiones, los astrónomos esperan detectar más eventos similares y reconstruir, con cada nueva observación, cómo pasó el universo de la oscuridad primordial a la compleja estructura que observamos hoy.