Hace casi 850 años, astrónomos de Japón, China y el mundo árabe observaron una misteriosa luz en el cielo. Era una supernova, una explosión estelar tan brillante que pudo registrarse siglos antes de la invención del telescopio.
Ahora, un equipo internacional de investigadores consiguió observar con un nivel de detalle sin precedentes lo que probablemente quedó de aquella explosión. Las imágenes, obtenidas mediante el telescopio Gemini Norte, ubicado en Hawái, muestran una estructura extraordinaria: filamentos de gas organizados en cadenas de pequeños nudos que recuerdan a collares de perlas.
El descubrimiento, publicado en The Astrophysical Journal, aporta nuevas pistas sobre una de las explosiones estelares más extrañas conocidas en nuestra galaxia.
Una explosión que fue observada durante la era samurái
La supernova histórica, conocida como SN 1181, apareció en el cielo en agosto de aquel año y permaneció visible durante aproximadamente 185 días.
Sus observaciones quedaron registradas en documentos históricos asiáticos y árabes, convirtiéndola en una de las pocas supernovas documentadas antes de la astronomía moderna. Sin embargo, durante siglos se desconoció qué había ocurrido con los restos de aquella estrella.
En 2013, el astrónomo aficionado Dana Patchick identificó una nebulosa que posteriormente recibiría el nombre de Pa 30. Investigaciones posteriores encontraron evidencias que la relacionan con la explosión histórica de 1181.
Este remanente se encuentra aproximadamente a 7.500 años luz de la Tierra, dentro de nuestra propia galaxia.
El telescopio Gemini Norte descubre un gigantesco collar de perlas
Los científicos utilizaron el telescopio Gemini Norte y su instrumento Gemini Multi-Object Spectrograph para estudiar la estructura de Pa 30.
Las nuevas imágenes permitieron identificar aproximadamente diez veces más filamentos que las observaciones anteriores.
Pero el hallazgo más sorprendente fue descubrir que esos filamentos no son líneas continuas de gas. En realidad, están formados por sucesiones de nudos o acumulaciones de material que parecen pequeñas perlas conectadas entre sí.
Aunque visualmente parecen diminutos, algunos de estos nudos tienen dimensiones capaces de contener varias veces el Sistema Solar. Los investigadores consideran que estas estructuras podrían haberse formado debido a diferencias de temperatura o densidad durante la expansión del material expulsado.
Una estrella zombi sobrevivió a la explosión
Pa 30 también contiene otra característica extraordinaria: una estrella que sobrevivió a la supernova.
A diferencia de muchas explosiones estelares que destruyen completamente a la estrella original, este fenómeno parece haber sido una explosión incompleta.
El objeto superviviente permanece prácticamente en el centro del remanente y presenta temperaturas cercanas a los 200.000 grados. Además, produce vientos estelares extremadamente rápidos, que pueden alcanzar aproximadamente 16.000 kilómetros por segundo.
Estas características respaldan la hipótesis de que SN 1181 fue una supernova de tipo Iax, una categoría poco frecuente de explosiones estelares.
Qué significa este descubrimiento para la astronomía
Pa 30 es el único remanente confirmado de una supernova de tipo Iax conocido actualmente en la Vía Láctea.
Su estructura permite investigar cómo se distribuye el material expulsado durante una explosión incompleta y qué procesos determinan la formación de los filamentos. También ofrece una oportunidad excepcional para estudiar la supervivencia de estrellas después de acontecimientos extremadamente violentos.
Los científicos esperan que futuras observaciones permitan comprender mejor cómo se formaron estas cadenas de gas y por qué el objeto conserva una estructura tan particular. Casi nueve siglos después de que su luz sorprendiera a los observadores del cielo, aquella explosión continúa revelando secretos sobre la vida y la muerte de las estrellas.