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Ciencia

Llevamos décadas buscando lugares habitables en otras galaxias. Una simulación del universo acaba de revelar algo sorprendente sobre nuestro hogar cósmico

Un equipo de astrofísicos simuló la evolución de miles de galaxias para descubrir dónde podría prosperar la vida. Los resultados sitúan a la Vía Láctea entre los entornos favorables, aunque con una sorpresa.
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Durante décadas, la humanidad ha buscado posibles señales de vida en planetas lejanos, lunas congeladas y sistemas estelares que podrían reunir las condiciones necesarias para albergar organismos. Sin embargo, hay una pregunta mucho más grande que rara vez aparece en esa búsqueda: ¿y si el lugar que ocupa nuestro Sistema Solar dentro del universo fuera tan importante como las características de la propia Tierra?

Un equipo internacional de astrofísicos decidió investigar esa posibilidad utilizando algunas de las simulaciones cosmológicas más sofisticadas disponibles. En lugar de analizar planetas individuales, reconstruyeron la evolución de galaxias enteras y calcularon cuáles ofrecen mejores condiciones para que la vida aparezca y sobreviva durante miles de millones de años. Su estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, encontró que la Vía Láctea pertenece a una categoría de galaxias especialmente favorable para la habitabilidad, aunque nuestra posición no parece ser tan excepcional como podría imaginarse.

El universo es mucho más peligroso para la vida de lo que parece

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Visualización del proyecto EAGLE, que permite estudiar cómo evoluciona la materia desde grandes estructuras cósmicas hasta galaxias individuales. © Virgo Consortium / EAGLE Project.

No todas las regiones del cosmos ofrecen las mismas oportunidades. Algunas galaxias producen estrellas de manera frenética, acumulan enormes cantidades de gas y experimentan fenómenos capaces de liberar cantidades descomunales de radiación. Otras, en cambio, evolucionan lentamente y mantienen condiciones más estables durante largos periodos.

Los investigadores Luke Barnes, Geraint Lewis y sus colaboradores utilizaron las simulaciones cosmológicas EAGLE, un proyecto internacional que reproduce la formación y evolución de galaxias mediante modelos de gravedad, materia oscura, gases y formación estelar. El equipo incorporó cinco amenazas capaces de afectar la vida: supernovas de colapso del núcleo, supernovas de tipo Ia, estallidos de rayos gamma, encuentros cercanos entre estrellas y radiación extrema procedente de cuásares. También consideró la abundancia de elementos químicos necesarios para formar planetas rocosos y el tiempo durante el cual las estrellas pueden proporcionar energía a posibles mundos habitables.

El modelo científico reveló que las galaxias jóvenes con una formación estelar muy intensa suelen ser particularmente peligrosas. Las estrellas masivas viven poco y pueden terminar en explosiones violentas, aumentando la exposición a fenómenos capaces de perjudicar las condiciones para la vida. En cambio, algunas galaxias que ya han superado sus etapas más agitadas ofrecen periodos prolongados de estabilidad.

La Vía Láctea tiene algo que juega a favor de la vida: su historia

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Representación artística de la Vía Láctea, una galaxia espiral cuya evolución y composición química ofrecen condiciones favorables para la existencia de planetas habitables. © NASA/JPL-Caltech.

Uno de los resultados más interesantes apareció al comparar galaxias de distintas masas. Los investigadores encontraron que, bajo los parámetros del modelo, la producción acumulada de condiciones habitables resulta especialmente favorable en sistemas con masas totales comprendidas entre 100.000 millones y un billón de masas solares.

Ese intervalo incluye galaxias comparables a la Vía Láctea. Según las conclusiones del trabajo, nuestra galaxia combina una historia de formación estelar suficientemente prolongada para producir elementos pesados con una probabilidad relativamente baja de catástrofes cósmicas recientes.

El estudio estima que aproximadamente una de cada mil estrellas de la Vía Láctea actual habría experimentado un episodio de extinción causado por una explosión cósmica, según los supuestos empleados en la simulación. También encontró que las interacciones entre estrellas adquieren mayor importancia relativa durante los últimos 5.000 millones de años de historia cósmica, mientras que las supernovas de colapso del núcleo fueron especialmente peligrosas en el universo temprano. Sin embargo, hay un detalle que modifica la interpretación del descubrimiento: los científicos no encontraron que la ubicación del Sol fuera extraordinariamente privilegiada. El modelo mostró una dependencia relativamente débil de la habitabilidad respecto de la distancia al centro galáctico.

En otras palabras, nuestro vecindario cósmico es compatible con condiciones favorables para la vida, pero no constituye un refugio único ni necesariamente óptimo.

La gran incógnita es que todavía no sabemos cuántos mundos están realmente habitados

Llevamos décadas buscando lugares habitables en otras galaxias. Una simulación del universo acaba de revelar algo sorprendente sobre nuestro hogar cósmico
Distintos tipos de galaxias recreadas por el proyecto EAGLE. Las simulaciones permiten comparar sus historias de formación estelar y la frecuencia de fenómenos potencialmente peligrosos. © EAGLE / Virgo Consortium.

El resultado tiene una limitación fundamental: los investigadores no simularon organismos vivos ni demostraron la existencia de civilizaciones extraterrestres. Su modelo calcula cuánto tiempo podrían mantenerse determinadas condiciones favorables en los planetas, pero la probabilidad de que aparezca vida sigue siendo desconocida.

Los autores reconocen que sus conclusiones dependen de parámetros inciertos, como la frecuencia de planetas habitables y las consecuencias biológicas de distintas catástrofes astronómicas. Además, la investigación no descarta la posibilidad de vida en exoplanetas. De hecho, la NASA mantiene un catálogo de miles de mundos descubiertos fuera del Sistema Solar, algunos de ellos situados en regiones donde podría existir agua líquida.

La importancia del trabajo está en ampliar la escala de la búsqueda. No basta con encontrar un planeta a la distancia adecuada de su estrella: también importa la historia de su galaxia, la frecuencia de explosiones cercanas y los elementos químicos disponibles.

La Vía Láctea, según las simulaciones, no es necesariamente el mejor lugar del universo para vivir. La sorpresa es que parece reunir condiciones bastante habituales entre las galaxias capaces de albergar mundos habitables. Quizá nuestro hogar cósmico no sea una excepción extraordinaria, sino una pista sobre dónde deberíamos buscar a nuestros posibles vecinos.

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