Estamos acostumbrados a imaginar los rayos viajando desde las nubes hacia el suelo, pero la atmósfera puede hacer exactamente lo contrario. En julio de 2025, la astronauta de la NASA Nichole Ayers fotografió desde la Estación Espacial Internacional una enorme descarga luminosa que parecía salir de una tormenta y dirigirse directamente hacia el espacio.
La imagen llamó inmediatamente la atención porque el fenómeno fue interpretado inicialmente como un sprite, otro extraño tipo de descarga atmosférica. Sin embargo, el análisis posterior reveló algo todavía más raro: Ayers había capturado un gigantic jet, una descarga eléctrica capaz de desarrollarse desde la parte superior de una tormenta hasta alcanzar las capas altas de la atmósfera.
Un rayo que tomó el camino contrario
Los gigantic jets pertenecen a una familia de fenómenos conocida como eventos luminosos transitorios, o TLE por sus siglas en inglés. A diferencia de un rayo convencional, que descarga buena parte de su energía dentro de una nube o hacia la superficie terrestre, estos fenómenos aparecen por encima de grandes tormentas y pueden extenderse decenas de kilómetros hacia arriba.
En el caso fotografiado desde la EEI, la descarga creó una especie de puente eléctrico entre la parte superior de las nubes, situada aproximadamente a unos 20 kilómetros de altura, y la atmósfera superior, cerca de los 100 kilómetros. NASA explica que durante este proceso puede transferirse una cantidad considerable de carga eléctrica entre la tormenta y las regiones superiores de la atmósfera.
La hipótesis es que determinadas configuraciones eléctricas dentro de tormentas especialmente intensas permiten que la descarga encuentre una vía de propagación hacia arriba, en lugar de desarrollarse exclusivamente dentro de la nube o dirigirse al suelo.
No es lo mismo que un chorro azul
Aquí suele aparecer la confusión. Los blue jets o chorros azules también nacen en la parte superior de grandes tormentas y se propagan hacia arriba, pero normalmente alcanzan unos 50 kilómetros de altitud, dentro de la estratósfera, y duran menos de un segundo. La ESA consiguió estudiar uno de estos eventos con el instrumento ASIM instalado en el exterior de la Estación Espacial Internacional.
Un gigantic jet puede extenderse bastante más y aproximarse a la región inferior de la ionosfera. De hecho, algunos estudios han registrado estos fenómenos alcanzando alturas cercanas a los 90 kilómetros.
Tampoco deben confundirse con los sprites, que generalmente aparecen mucho más arriba de la tormenta después de fuertes descargas eléctricas y suelen presentar tonalidades rojizas y formas semejantes a columnas o medusas.
La EEI tiene un asiento privilegiado para observarlos
Uno de los motivos por los que sabemos cada vez más sobre estos fenómenos es precisamente la existencia de la Estación Espacial Internacional. Desde la superficie terrestre, las propias nubes dificultan observar lo que ocurre sobre las tormentas, mientras que desde unos 400 kilómetros de altura los instrumentos pueden mirar directamente hacia sus cimas.
Por eso la ESA instaló en 2018 ASIM, el Atmosphere-Space Interactions Monitor, diseñado específicamente para detectar descargas eléctricas, chorros azules, sprites, elves y otros fenómenos que aparecen por encima de las tormentas.
Estas observaciones no son únicamente espectaculares. Los científicos estudian cómo las tormentas pueden intercambiar energía y partículas con las capas superiores de la atmósfera y hasta qué punto estos eventos pueden modificar su química o influir sobre la ionosfera.
La fotografía de Ayers demuestra hasta qué punto todavía queda por entender sobre algo tan cotidiano como una tormenta eléctrica. A veces un rayo no busca el suelo: encuentra una salida hacia arriba y termina construyendo durante una fracción de segundo un puente eléctrico hacia el borde del espacio.