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Ciencia

El asteroide que acabó con los dinosaurios dejó la Tierra a oscuras y llena de hongos. Nuestra temperatura corporal pudo ser el escudo que permitió a los mamíferos conquistar el planeta

Un nuevo estudio ha encontrado en Norteamérica una explosión de hongos inmediatamente posterior al impacto de Chicxulub. El hallazgo refuerza una provocadora hipótesis: en aquel mundo cubierto de materia muerta y esporas, ser de sangre caliente pudo dar a los mamíferos una ventaja decisiva.
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Hace 66 millones de años, un asteroide golpeó la actual península de Yucatán y desencadenó una sucesión de catástrofes que terminó con los dinosaurios no avianos y alrededor de tres cuartas partes de las especies del planeta. Pero el impacto de Chicxulub pudo haber provocado además un cambio menos espectacular a simple vista y potencialmente crucial para quienes consiguieron sobrevivir.

Los hongos comenzaron a prosperar.

Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en mayo de 2026 ha encontrado en la cuenca de Denver, Colorado, un marcado aumento de restos fúngicos inmediatamente después del impacto. Hasta ahora, una señal semejante para este episodio se había documentado con claridad en Nueva Zelanda. Encontrarla también en Norteamérica refuerza la posibilidad de que aquella proliferación fuese un fenómeno mucho más extendido.

Y eso recupera una de las teorías más curiosas sobre por qué los mamíferos salieron especialmente bien parados del apocalipsis.

Un planeta muerto era prácticamente un banquete para los hongos

El asteroide que acabó con los dinosaurios dejó la Tierra a oscuras y llena de hongos. Nuestra temperatura corporal pudo ser el escudo que permitió a los mamíferos conquistar el planeta
© Woodruff, et al., and Francisco Bruñén Alfaro.

Tras Chicxulub, enormes cantidades de polvo y aerosoles alcanzaron la atmósfera, la luz solar disminuyó y la fotosíntesis sufrió un colapso. Plantas y animales murieron a gran escala, dejando tras de sí exactamente aquello que muchos hongos necesitan: una enorme cantidad de materia orgánica en descomposición.

El trabajo de Rosanna Baker y Arturo Casadevall encontró un pico de proliferación fúngica inmediatamente después del impacto. Curiosamente, también detectó otro periodo de abundancia elevada entre aproximadamente 30.000 y 10.000 años antes de Chicxulub, coincidente con enfriamiento regional y con una fase de enorme actividad de las Traps del Decán.

Los autores señalan que los hongos parecen prosperar repetidamente después de grandes colapsos ambientales y recuerdan algo importante: muchas especies pueden provocar enfermedades tanto en plantas como en animales.

Ahí entra en escena la hipótesis FIMS (Fungal Infection-Mammalian Selection), desarrollada por Casadevall. La propuesta sostiene que una proliferación masiva de hongos después de una catástrofe pudo convertirse en un filtro evolutivo que favoreció especialmente a los mamíferos.

Nuestro cuerpo a 37 °C pudo funcionar como una barrera

El asteroide que acabó con los dinosaurios dejó la Tierra a oscuras y llena de hongos. Nuestra temperatura corporal pudo ser el escudo que permitió a los mamíferos conquistar el planeta
© Woodruff, et al.

Los mamíferos tienen una característica extremadamente costosa: gastan mucha energía manteniendo una temperatura corporal elevada y relativamente constante.

En condiciones normales parece un derroche. Frente a los hongos, puede convertirse en un arma. Un modelo publicado por Aviv Bergman y Casadevall calculó precisamente el equilibrio entre el coste energético de mantenerse caliente y la protección frente a infecciones fúngicas. El resultado óptimo fue 36,7 °C, sorprendentemente cerca de la temperatura corporal de muchos mamíferos.

Esto no significa que los hongos sean incapaces de infectarnos. Sí significa que nuestra temperatura deja fuera a una enorme cantidad de especies adaptadas a ambientes más fríos.

Después de Chicxulub, esa diferencia pudo resultar especialmente valiosa: pequeños mamíferos endotermos se movían por ecosistemas devastados en los que proliferaban microorganismos descomponedores y potenciales patógenos.

Tampoco podemos simplificar la historia diciendo que “los dinosaurios eran de sangre fría”. La fisiología térmica de los dinosaurios fue diversa y sigue siendo objeto de investigación. Lo importante para la hipótesis FIMS es que determinados vertebrados con temperaturas corporales elevadas pudieron disponer de una barrera adicional contra muchas infecciones fúngicas.

Sabemos que al menos algunos dinosaurios podían sufrir infecciones parecidas

Hay incluso una pista fosilizada. En 2022, científicos describieron a “Dolly”, un saurópodo de unos 150 millones de años cuyos huesos cervicales conservaban lesiones asociadas a una grave infección respiratoria. Los investigadores plantearon entre las posibles causas una enfermedad semejante a la aspergilosis, infección fúngica que afecta actualmente a aves y reptiles.

No demuestra que los hongos mataran a los dinosaurios después de Chicxulub. Y el nuevo estudio tampoco lo hace.

Lo que sí tenemos ahora son dos piezas que encajan mejor que antes: pruebas adicionales de que los hongos proliferaron después del impacto y una explicación biológica de por qué los mamíferos podrían haber sido especialmente resistentes frente a ellos.

El asteroide sigue siendo el gran verdugo del Cretácico. Pero quizá el mundo que dejó detrás (oscuro, frío, cubierto de cadáveres y extraordinariamente favorable para los hongos) también decidió quién tendría más posibilidades de sobrevivir. Y entre aquellos supervivientes estaban nuestros propios antepasados.

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