El buque de perforación científica Chikyu completó en febrero de 2026 una misión de un mes cerca de la isla Minami Torishima, a unos 1.900 kilómetros al sudeste de Tokio, logrando por primera vez en el mundo elevar de forma continua barro cargado de tierras raras desde una profundidad cercana a los 6.000 metros. Según reportó The Japan Times, el equipo recuperó unas 50 toneladas métricas de sedimento, y el análisis posterior identificó itrio, gadolinio y disprosio, tres elementos de tierras raras medias y pesadas especialmente valiosos para la industria tecnológica y de defensa.
Por qué Japón necesita desesperadamente esto

El impulso detrás de esta exploración tiene un nombre concreto: China controla cerca de dos tercios de la extracción mundial de tierras raras y el 92% del procesamiento y refinado global, según datos de la Agencia Internacional de Energía. Un conflicto diplomático desatado en noviembre por comentarios de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi sobre Taiwán llevó a Pekín a restringir fuertemente el suministro de estos minerales hacia Japón, incluidas las exportaciones de imanes permanentes de tierras raras, cuyos envíos mensuales cayeron desde más de 200 toneladas.
Takaichi confirmó en sus propias redes sociales que las muestras extraídas contenían itrio, un elemento que describió como escaso a nivel mundial, utilizado en recubrimientos para equipos de fabricación de semiconductores, catalizadores para purificar óxidos de nitrógeno en gases de escape, y en las industrias automotriz y de semiconductores.
Un yacimiento entre los más grandes del mundo
La zona alrededor de Minami Torishima, dentro de la zona económica exclusiva japonesa, se estima que contiene más de 16 millones de toneladas de tierras raras, lo que según el diario económico Nikkei la convertiría en la tercera reserva más grande conocida a nivel mundial. Estudios previos ya habían sugerido que el fondo marino circundante podría contener millones de toneladas de estos minerales, suficientes para garantizar el suministro de ciertos elementos durante cientos de años.
El siguiente paso: una prueba a gran escala en febrero de 2027

Tras el éxito de esta primera extracción, el gobierno japonés confirmó que en febrero de 2027 llevará adelante una prueba minera a gran escala en la misma zona, con el objetivo de dragar unas 350 toneladas de sedimento durante un mes completo de operaciones, un salto considerable respecto a las 50 toneladas del ensayo inicial. La minería comercial a escala plena está proyectada recién para 2030, aunque tanto la viabilidad económica como el volumen real de producción todavía generan incertidumbre entre los especialistas.
Takaichi remarcó que Japón trabajará para fortalecer la resiliencia de su cadena de suministro, con participación plena tanto del sector público como del privado, para no depender en exceso de países específicos.
Extraer barro a 6 kilómetros de profundidad no es tarea simple
La operación exige tecnología de extracción altamente especializada: el Chikyu utiliza largos tubos ascendentes (risers) para elevar el sedimento rico en tierras raras directamente desde el lecho marino hasta la superficie, un desafío técnico que recién está pasando de la etapa de investigación a la de ejecución real. La enorme presión y las condiciones extremas a esa profundidad obligan a operar todo el sistema de forma remota desde el propio buque.
La preocupación ambiental que todavía no tiene respuesta
Organizaciones ambientalistas advierten que la minería de aguas profundas podría alterar ecosistemas marinos todavía poco conocidos por la ciencia, además de generar dispersión de partículas de sedimento a través de las corrientes oceánicas. Ese riesgo ambiental, sumado a la incertidumbre sobre los costos reales de extracción, transporte y procesamiento, deja abierta la pregunta de si este tipo de minería submarina podrá convertirse en una fuente de minerales verdaderamente viable, o si seguirá siendo, por ahora, apenas una prueba de concepto tecnológica.