Hay noches en los bosques y humedales del este de Norteamérica en las que encontrar pareja puede convertirse en algo parecido a abrir una aplicación de citas con demasiados candidatos disponibles.
Durante la temporada reproductiva, decenas de machos de rana arborícola gris de Cope (Hyla chrysoscelis) empiezan a cantar prácticamente al mismo tiempo. Las hembras escuchan esas llamadas y utilizan sus características para decidir hacia qué macho desplazarse. El problema aparece cuando el coro crece demasiado: tener más opciones no parece ayudarlas a elegir mejor. Ocurre exactamente lo contrario.
Un estudio publicado en iScience por investigadores del Smithsonian Tropical Research Institute y la Universidad de Tennessee concluye que estas ranas experimentan un fenómeno conocido como “sobrecarga de opciones”: al aumentar el número de posibles parejas, tardan más, renuncian con mayor frecuencia a decidir y pierden capacidad para seleccionar la llamada que normalmente prefieren.
De dos machos a ocho: la elección se desploma

Los investigadores llevaron a las hembras a una cámara experimental donde podían escuchar diferentes llamadas de apareamiento reproducidas desde altavoces. Entre ellas había una llamada objetivo, diseñada para representar al macho que, por sus características acústicas, debería resultar más atractivo.
Con solamente dos llamadas disponibles, las ranas iniciaban el desplazamiento hacia algún candidato en el 97% de los ensayos. Cuando el experimento aumentaba hasta ocho llamadas simultáneas, esa proporción bajaba al 82%.
La diferencia se vuelve todavía mayor al observar qué macho terminaban escogiendo. Con dos alternativas, aproximadamente el 76% seleccionaba la llamada objetivo y necesitaba una media de 114 segundos para llegar hasta ella. Cuando había ocho pretendientes sonando a la vez, la elección del objetivo descendía hasta apenas el 25%, mientras que el tiempo necesario para decidir aumentaba hasta los 183 segundos.
Es decir, añadir seis candidatos hizo que tardaran 69 segundos más de media y que la probabilidad de seleccionar al pretendiente preferido se desplomara.
No era simplemente que no pudieran oír entre tanto ruido

Aquí estaba la gran pregunta del estudio. En un coro real, los cantos de los machos se superponen y pueden impedir físicamente que una hembra distinga una llamada concreta, un fenómeno conocido como enmascaramiento energético.
Los científicos diseñaron por ello pruebas adicionales añadiendo ruido acústico de fondo. Si el problema fuese únicamente auditivo, empeorar las condiciones sonoras debería explicar buena parte de la caída en el rendimiento.
No ocurrió así.
Las hembras siguieron tomando peores decisiones cuando aumentaba el número de alternativas, hubiera o no ruido adicional. Los autores interpretan que existe, por tanto, una limitación relacionada con la cantidad de información que el animal puede procesar al mismo tiempo y no exclusivamente con su capacidad para escuchar cada llamada.
La comparación que plantea Claire Hemingway, autora del trabajo, es particularmente gráfica: la diferencia entre entrar en un bar donde no puedes escuchar a nadie y abrir una aplicación de citas donde puedes ver perfectamente a todos, pero existen tantas opciones que ya no sabes cuál escoger.
Y eso podría estar afectando a la propia evolución de las ranas
El resultado tiene una consecuencia bastante mayor que una rana tardando unos segundos adicionales en emparejarse.
La selección sexual funciona, en parte, porque determinadas características hacen que algunos individuos consigan reproducirse más que otros. Si las hembras prefieren consistentemente ciertos tipos de llamadas, cabría esperar que esos rasgos fueran favorecidos generación tras generación.
Pero un coro abarrotado puede debilitar ese filtro. Si demasiadas alternativas dificultan identificar al macho preferido, individuos con llamadas menos atractivas siguen teniendo oportunidades de reproducirse. Los investigadores plantean que estas limitaciones cognitivas podrían ayudar a mantener una mayor diversidad de rasgos dentro de las poblaciones.
La conclusión tiene algo inesperadamente familiar. La sobrecarga de opciones lleva años estudiándose en humanos frente a estanterías, menús o plataformas digitales. Ahora sabemos que ni siquiera hace falta una aplicación con cientos de perfiles para quedar paralizado ante demasiadas alternativas: a algunas ranas les basta con escuchar ocho pretendientes cantando a la vez.