Saltar al contenido
Ciencia

Unos huesos encontrados en Marruecos están descolocando a la paleoantropología. Podrían pertenecer al ancestro más cercano conocido de Homo sapiens

Tres mandíbulas de hace 770.000 años halladas en una cantera de Casablanca están reescribiendo el mapa del origen humano. No son sapiens, no son neandertales, pero podrían estar justo en el punto donde nuestra historia empezó a separarse.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

La búsqueda siempre fue casi obsesiva. ¿Dónde empezó realmente nuestra historia? ¿En África oriental, como decían los manuales? ¿En Europa, como insinuaban algunos fósiles incómodos? ¿En Asia, como defienden otras corrientes?

Ahora, una cantera en las afueras de Casablanca acaba de meterse en esa discusión como un elefante en una tienda de porcelana.

Tres mandíbulas, varios dientes y algunas vértebras, enterrados desde hace 773.000 años, acaban de convertirse en los restos más cercanos conocidos al linaje que desembocaría en Homo sapiens. No es una frase menor. Es una bomba científica.

No es el eslabón perdido, pero se le parece demasiado

Unos huesos encontrados en Marruecos están descolocando a la paleoantropología. Podrían pertenecer al ancestro más cercano conocido de Homo sapiens
© Hamza Mehimdate/Programme Préhistoire de Casablanca.

A los científicos ya no les gusta hablar de “eslabones perdidos”. Demasiado simple. Demasiado lineal. La evolución humana se parece más a un arbusto enredado que a una escalera elegante.

Pero seamos honestos: esto se acerca peligrosamente a lo que todos llevan un siglo buscando.

El último ancestro común. El punto donde se separan los caminos de sapiens, neandertales y denisovanos. El “tatarabuelo” de todos nosotros.

Según el equipo liderado por Jean-Jacques Hublin, estos fósiles marroquíes no son ese ancestro, pero ya están en la rama exclusiva de la que surgirá Homo sapiens. Es decir: justo después de la bifurcación. En el momento en que nuestra línea empieza a diferenciarse del resto.

No es el origen. Pero está peligrosamente cerca.

Mandíbulas que no encajan (y por eso importan)

Las mandíbulas encontradas son, científicamente hablando, incómodas. Tienen rasgos arcaicos, propios de Homo erectus. Pero también muestran características sorprendentemente modernas, más cercanas a nosotros.

No encajan del todo con nada conocido. Y eso, en paleoantropología, es oro.

Durante años, el candidato estrella a ese ancestro común fue Homo antecessor, descubierto en Atapuerca en los 90. Un homínido europeo, con rasgos modernos, que parecía cuadrar en esa posición clave.

El problema es que estos fósiles de Marruecos se le parecen… pero no lo suficiente.

Para Hublin y su equipo, antecessor estaría más bien en la línea que conduce a neandertales y denisovanos, mientras que los restos marroquíes ya se sitúan en el linaje que lleva directamente a nosotros. Una reinterpretación que no es menor. Y que no ha dejado indiferente a nadie.

La grieta científica: Burgos no lo ve tan claro

Unos huesos encontrados en Marruecos están descolocando a la paleoantropología. Podrían pertenecer al ancestro más cercano conocido de Homo sapiens
© Nature.

Aquí es donde la historia se vuelve realmente interesante. Porque desde Atapuerca no compran del todo este relato.

María Martinón-Torres y José María Bermúdez de Castro, figuras clave del equipo burgalés, señalan que el estudio no incorpora fósiles importantes de Asia, como los de Harbin, Hualongdong o Yunxian. Algunos de ellos muestran rasgos faciales sorprendentemente modernos para su antigüedad.

Su argumento es directo: si en Asia y Europa ya había homínidos con caras “tipo sapiens” en ese periodo, ¿por qué asumir que el origen de nuestro linaje está en el norte de África? Martinón lo dice sin rodeos: la propuesta le parece “enrevesada”.

Traducción: la historia está lejos de estar cerrada.

El detalle que inquieta a todos

Hay un punto aún más desconcertante. Antonio Rosas, paleoantropólogo del CSIC, subraya según El País que estos fósiles marroquíes, pese a su edad, ya muestran un rasgo mandibular típico de neandertales evolucionados.

Y eso abre una pregunta casi incómoda: ¿por qué las raíces del linaje de Homo sapiens tendrían rasgos neandertales?

Es una paradoja fascinante. Como si las ramas se cruzaran antes de separarse del todo. Como si la historia fuera todavía más caótica de lo que creemos.

El agujero negro de 400.000 años

Entre estos restos de 770.000 años y los primeros Homo sapiens de 300.000 años encontrados también en Marruecos por el mismo equipo… hay un vacío brutal.

Cuatrocientos mil años sin fósiles. Ni uno.

Ese agujero temporal es hoy uno de los grandes enigmas de la evolución humana. ¿Dónde estaban esas poblaciones? ¿En qué se estaban transformando? ¿Por qué no dejaron rastro? Nuestra historia tiene páginas arrancadas. Y nadie sabe dónde están.

Marruecos, la pieza que no esperábamos

Unos huesos encontrados en Marruecos están descolocando a la paleoantropología. Podrían pertenecer al ancestro más cercano conocido de Homo sapiens
© Philipp Gunz/MPI EVA Leipzig.

En 2017, el mismo equipo ya había sacudido el tablero al encontrar en Marruecos los Homo sapiens más antiguos conocidos, de 300.000 años. Aquello desplazó la “cuna” de la especie cientos de miles de años atrás.

Ahora, con estos nuevos restos, la apuesta es aún más fuerte: el norte de África no solo sería clave para sapiens, sino para su linaje más profundo.

No Etiopía.
No Europa.
No Asia.

Casablanca.

Es una idea que incomoda, porque rompe narrativas establecidas. Y por eso mismo es tan potente.

El tatarabuelo sigue sin rostro

Hublin es prudente. No vende humo. Lo dice claro: puede que nunca encontremos un fósil concluyente del último ancestro común. Puede que esa pieza concreta del rompecabezas se haya perdido para siempre.

Pero también deja caer algo intrigante: con nuevas técnicas, como el análisis de proteínas antiguas, podríamos reconstruir parentescos incluso sin fósiles completos.

La paleoantropología está entrando en una fase forense. Menos Indiana Jones, más CSI del Pleistoceno.

Una historia cada vez más humana

Durante mucho tiempo quisimos una línea recta. Un origen limpio. Un punto A y un punto B. Lo que estamos descubriendo es otra cosa: poblaciones dispersas, cruces, divergencias, idas y vueltas entre continentes, rasgos que aparecen y desaparecen.

Nuestra historia no es elegante. Es caótica. Y por eso es real. Estos huesos de Marruecos no cierran el misterio. Lo amplifican.

Y nos recuerdan algo tan incómodo como hermoso: somos el resultado de una historia mucho más enredada de lo que nos gusta admitir.

Compartir esta historia

Artículos relacionados