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Ciencia

Unos humanos que todavía no eran Homo sapiens encajaron dos grandes troncos hace 476.000 años. La construcción obliga a replantear todo lo que creíamos sobre la llamada Edad de Piedra

La madera suele desaparecer antes de llegar al registro arqueológico, pero las condiciones de las cataratas Kalambo conservaron una estructura que revela planificación, herramientas y una tecnología mucho más compleja de lo esperado.
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La expresión “Edad de Piedra” cuenta una historia incompleta. No porque las herramientas de roca carecieran de importancia, sino porque son precisamente los objetos de piedra los que mejor sobreviven al paso de cientos de miles de años. La madera, las fibras vegetales, las pieles y otros materiales orgánicos suelen pudrirse mucho antes de que un arqueólogo pueda encontrarlos.

Las cataratas Kalambo, en Zambia, han permitido observar una parte de esa tecnología desaparecida. Allí, un equipo internacional encontró dos grandes troncos colocados transversalmente y unidos mediante una muesca tallada de forma intencionada. La estructura fue construida hace al menos 476.000 años, mucho antes de la aparición conocida de nuestra especie.

El descubrimiento fue descrito en 2023 en la revista Nature, pero continúa siendo la evidencia más antigua conocida del uso estructural de la madera. Además, los hallazgos posteriores de herramientas de madera en China y Grecia han reforzado una idea cada vez más difícil de ignorar: los humanos arcaicos trabajaban este material con mucha mayor frecuencia y habilidad de lo que permite ver el registro arqueológico.

Dos troncos no terminaron encajados así por accidente

Unos humanos que todavía no eran Homo sapiens encajaron dos grandes troncos hace 476.000 años. La construcción obliga a replantear todo lo que creíamos sobre la llamada Edad de Piedra
© University of Liverpool / Aberystwyth University.

La estructura está formada por un tronco superior colocado sobre otro de mayores dimensiones. En la pieza de arriba, sus fabricantes retiraron material para crear una muesca que permitiera encajar ambos elementos. Las superficies conservan marcas de corte, raspado y conformación compatibles con el uso de grandes herramientas de piedra.

No se conoce su función exacta. Los investigadores consideran que pudo formar parte de una plataforma elevada, una pasarela sobre un terreno húmedo, una zona estable de trabajo o incluso la base de algún tipo de refugio. Lo importante no es tanto elegir una de esas posibilidades como reconocer que alguien tuvo que seleccionar los troncos, prever la unión y modificar la madera para obtener una estructura combinada.

Larry Barham, arqueólogo de la Universidad de Liverpool y responsable del proyecto, señaló que el hallazgo cambió su manera de imaginar a aquellos grupos. En lugar de limitarse a recoger ramas o fabricar objetos sencillos, transformaron grandes piezas de madera para adaptar el entorno a sus necesidades.

Hay, eso sí, una precisión importante: no es el objeto de madera más antiguo conocido. El estudio de Nature menciona una tabla pulida de más de 780.000 años descubierta en Gesher Benot Ya’aqov, Israel. El récord de Kalambo corresponde específicamente a la utilización de troncos unidos para crear una estructura.

Sabemos cuándo fue construida, pero no quién la construyó

Unos humanos que todavía no eran Homo sapiens encajaron dos grandes troncos hace 476.000 años. La construcción obliga a replantear todo lo que creíamos sobre la llamada Edad de Piedra
© University of Liverpool / Aberystwyth University.

La madera era demasiado antigua para ser fechada eficazmente mediante radiocarbono. Por eso, los especialistas de la Universidad de Aberystwyth emplearon datación por luminiscencia sobre los sedimentos que rodeaban los troncos. Esta técnica permite calcular cuánto tiempo ha pasado desde que determinados minerales fueron expuestos por última vez a la luz solar.

Los resultados situaron la estructura en unos 476.000 años, con un margen estimado de 23.000 años. En otros niveles del yacimiento también aparecieron una cuña, un palo cavador, un tronco cortado y una rama con una muesca, datados entre aproximadamente 390.000 y 324.000 años.

No se encontraron fósiles humanos junto a la construcción, por lo que atribuirla a una especie concreta sería especulativo. Sin embargo, su edad descarta que fuese obra de poblaciones de Homo sapiens conocidas: los restos más antiguos ampliamente reconocidos de nuestra especie, hallados en Jebel Irhoud, Marruecos, tienen unos 315.000 años.

Es posible que sus autores pertenecieran a alguna población humana arcaica relacionada con Homo heidelbergensis u otros grupos del Pleistoceno medio, pero el yacimiento no ofrece pruebas suficientes para elegir un nombre. Lo que sí puede inferirse es que poseían la destreza manual y la capacidad de planificación necesarias para trabajar materiales con propiedades muy diferentes a las de la piedra.

Tal vez solo estamos viendo una pequeña parte de su tecnología

Unos humanos que todavía no eran Homo sapiens encajaron dos grandes troncos hace 476.000 años. La construcción obliga a replantear todo lo que creíamos sobre la llamada Edad de Piedra
© University of Liverpool / Aberystwyth University.

La conservación fue posible gracias a los sedimentos empapados y al elevado nivel freático de Kalambo. La falta de oxígeno ralentizó la acción de los microorganismos que normalmente destruyen la madera, manteniendo los troncos enterrados durante casi medio millón de años.

Otros lugares con condiciones parecidas están comenzando a completar el puzzle. En Gantangqing, China, un estudio publicado en Science describió 35 objetos de madera de entre 361.000 y 250.000 años, incluidos utensilios relacionados con la excavación y la obtención de plantas subterráneas.

En Marathousa 1, Grecia, investigadores identificaron dos herramientas manuales de madera de unos 430.000 años, entre ellas un posible palo cavador. El estudio, publicado en 2026 en PNAS, las considera los utensilios de madera portátiles más antiguos conocidos.

Kalambo sigue ocupando otra categoría: no conserva solamente una herramienta que alguien podía llevar consigo, sino grandes piezas ensambladas para modificar un espacio. El hallazgo sugiere que la historia tecnológica de nuestros antepasados estuvo llena de objetos que ya no existen. Quizá no vivieron únicamente en una Edad de Piedra; quizá nosotros solo hemos heredado la parte de piedra de su mundo.

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