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Ciencia

Van Gogh pintó uno de los cielos más famosos de la historia hace 137 años. Ahora, los astrónomos creen haber encontrado la noche exacta que inspiró su obra maestra

Un estudio astronómico sugiere que «La noche estrellada» de Vincent van Gogh podría representar un cielo real observado en Francia en 1889. La posición de Venus, la Luna y varias estrellas apunta a una fecha que contradice la historia conocida del cuadro.
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Hay cuadros que parecen representar un lugar y otros que parecen representar un estado de ánimo. La noche estrellada, de Vincent van Gogh, siempre ha vivido en algún punto entre ambos mundos. Sus remolinos azules, sus estrellas gigantescas y aquella Luna brillante sobre un pequeño pueblo francés parecían pertenecer tanto al universo real como a la imaginación del pintor.

Pero ¿y si ese cielo hubiera existido realmente? Un equipo de astrónomos surcoreanos acaba de encontrar una posible respuesta. Después de reconstruir las posiciones de los astros sobre el sur de Francia en 1889, los investigadores identificaron una configuración celeste extraordinariamente parecida a la que Van Gogh plasmó en su obra más famosa.

La investigación, publicada el 22 de octubre en la revista Scientific Reports, no solo plantea que el pintor pudo inspirarse en un cielo concreto. También cuestiona la fecha tradicional de creación de la pintura, conservada actualmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

El misterio estaba escondido entre las estrellas de una pintura de 1889

Van Gogh pintó uno de los cielos más famosos de la historia hace 137 años. Ahora, los astrónomos creen haber encontrado la noche exacta que inspiró su obra maestra
Reconstrucción de la posición de la Luna, Venus y las Híades sobre Saint-Rémy-de-Provence el 22 de julio de 1889. © Kim et al. / Scientific Reports (2026).

La historia comienza en Saint-Rémy-de-Provence, donde Van Gogh permaneció ingresado en el sanatorio de Saint-Paul-de-Mausole. Desde allí observaba el paisaje, dibujaba y pintaba algunas de las obras que terminarían definiendo su legado artístico. Durante más de un siglo, los historiadores situaron la creación de La noche estrellada a mediados de junio de 1889. Sin embargo, esa fecha presentaba una dificultad: la Luna que habría podido observarse entonces no coincidía con la del cuadro.

El equipo liderado por Elijah Jeong-hyun Kim, de SLLAB y la Universidad Kyung Hee, decidió investigar el problema mediante simulaciones astronómicas, registros meteorológicos históricos y cartas del artista. Según el estudio original, el cielo previo al amanecer del 22 de julio de 1889 presentaba una disposición particularmente reveladora: Venus aparecía hacia la izquierda, la Luna menguante ocupaba la zona superior derecha y, entre ambos, se encontraba el cúmulo de las Híades, en la constelación de Tauro.

Para comprobar la coincidencia, los científicos emplearon un análisis matemático capaz de comparar patrones de puntos independientemente de su tamaño o rotación. El resultado mostró que cinco estrellas representadas por Van Gogh conservaban una distribución muy parecida a la de las Híades. La coincidencia no demostraría que el artista copiara literalmente el firmamento, pero sí que pudo utilizar una configuración real como base para transformarla mediante su estilo.

Una fecha que podría cambiar la historia de «La noche estrellada»

Van Gogh pintó uno de los cielos más famosos de la historia hace 137 años. Ahora, los astrónomos creen haber encontrado la noche exacta que inspiró su obra maestra
Comparación entre las estrellas representadas por Vincent van Gogh en «La noche estrellada» (arriba) y «Terraza de café por la noche» (abajo), y sus correspondientes configuraciones astronómicas reales. Los investigadores encontraron similitudes con las Híades y el Triángulo de Verano. © Kim et al. / Scientific Reports (2026).

La hipótesis introduce un conflicto inesperado con la historia del arte. El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) fecha el cuadro a mediados de junio de 1889, apoyándose, entre otras evidencias, en la correspondencia del pintor con su hermano Theo. Pero el cielo identificado por los astrónomos corresponde a más de un mes después.

Para investigar esa discrepancia, los autores revisaron cartas originales, registros meteorológicos franceses y las referencias a un episodio de enfermedad que habría afectado al artista durante julio. Su análisis plantea que Van Gogh pudo observar aquella configuración celeste antes de una crisis de salud situada posiblemente hacia finales del mes. Sin embargo, hay una distinción fundamental. Los investigadores no han demostrado que la pintura fuera terminada el 22 de julio. Es posible que Van Gogh comenzara a trabajar en ella durante junio y utilizara observaciones posteriores, o que combinara recuerdos de diferentes noches.

El propio estudio reconoce que una pintura no funciona como una fotografía y que sus elementos pueden ser ampliados, desplazados o reorganizados por decisiones artísticas. La propuesta tampoco invalida automáticamente la cronología del MoMA. Más bien introduce una nueva evidencia que los historiadores deberán considerar junto con los documentos y análisis materiales existentes.

¿Y si Van Gogh nunca hubiera inventado aquel cielo?

La investigación también invita a reconsiderar la relación entre el arte y la observación científica. La aparente fantasía de los remolinos y las estrellas enormes podría esconder una estructura astronómica reconocible, transformada deliberadamente por el artista.

No es la primera vez que la ciencia encuentra conexiones inesperadas con esta obra. En 2024, otro estudio identificó semejanzas entre los remolinos pintados por Van Gogh y determinadas propiedades matemáticas de la turbulencia de los fluidos. Esto no significa que conociera aquellas ecuaciones, sino que su representación artística reproducía algunos patrones presentes en la naturaleza.

Con el nuevo análisis sucede algo parecido. La coincidencia entre las estrellas del cuadro y las Híades no demuestra exactamente cómo trabajó Van Gogh, pero refuerza la posibilidad de que su imaginación partiera de un fenómeno real. Y ahí reside lo más fascinante del descubrimiento: después de 137 años, uno de los cielos más reconocibles de la historia del arte podría estar revelando un secreto que siempre estuvo a la vista. Tal vez Van Gogh no inventó aquella noche. Tal vez la observó, la recordó y la convirtió en algo que ningún telescopio habría podido mostrar de la misma manera.

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