Durante mucho tiempo, los científicos conocieron a una antigua población humana sin saber exactamente qué aspecto tenía. Los denisovanos habían dejado rastros genéticos en distintas regiones de Asia y en el ADN de millones de personas actuales, pero apenas contábamos con huesos identificados que permitieran imaginar sus rostros. Eran uno de los grandes fantasmas de la evolución humana.
La respuesta, sin embargo, llevaba casi medio siglo guardada en una colección de fósiles de China. Aquellos restos fueron recuperados entre 1976 y 1979 en Xujiayao, un yacimiento del norte del país, y pertenecieron a individuos que vivieron hace entre 199.000 y 138.000 años. Nadie había logrado establecer con seguridad a qué linaje humano pertenecían.
Ahora, una investigación publicada en Nature el 21 de octubre de 2026 acaba de resolver una parte fundamental del misterio. Sus autores identificaron proteínas antiguas capaces de vincular los fósiles con los denisovanos, abriendo la posibilidad de reconstruir su anatomía con una precisión hasta ahora difícil de alcanzar.
La pista que permitió resolver un misterio de casi 50 años estaba escondida en dos huesos

Lo extraordinario del descubrimiento no es únicamente su antigüedad, sino la manera en que se consiguió. Los investigadores de la Academia China de Ciencias analizaron un fragmento de cráneo y otro de mandíbula mediante técnicas de paleoproteómica, una disciplina que estudia proteínas antiguas conservadas en restos biológicos.
A diferencia del ADN, que puede degradarse con el paso del tiempo, determinadas proteínas sobreviven durante períodos mucho más prolongados. En este caso, los científicos lograron identificar 18 proteínas y encontraron una variante del colágeno denominada COL1A2-996K, previamente reconocida en otros fósiles denisovanos.
Los resultados fueron contundentes. Según el análisis molecular publicado en Nature, las muestras se agruparon con otros denisovanos con una probabilidad posterior superior al 99%. Esto permitió identificar a los individuos de Xujiayao como integrantes de aquel linaje, aunque las proteínas disponibles todavía no permiten reconstruir sus relaciones familiares con otras poblaciones denisovanas. Y ahí aparece la consecuencia más importante: los fósiles conservan suficientes características anatómicas como para investigar cómo eran físicamente estos antiguos humanos, identificados originalmente mediante ADN recuperado en Siberia en 2010.
Así habría sido el rostro de unos humanos que desaparecieron hace miles de años

Durante años, los denisovanos fueron conocidos principalmente por sus genes. Ahora, los restos de Xujiayao, junto con otros fósiles asiáticos como el cráneo de Harbin, permiten establecer un conjunto de rasgos físicos que comienzan a darles una identidad reconocible.
Según los investigadores, estos humanos presentaban cráneos bajos y anchos, huesos especialmente gruesos, frentes inclinadas y prominentes arcos óseos sobre los ojos. Sus rostros habrían sido relativamente planos, con una mandíbula robusta y una configuración facial diferente de la que caracteriza a nuestra especie.
La anatomía también presenta una combinación fascinante de características. Algunos elementos recuerdan al Homo erectus, otros se aproximan a los neandertales y ciertos rasgos muestran semejanzas con los humanos modernos.
La comparación anatómica realizada por el equipo no equivale a recuperar un rostro exacto. Los fósiles están incompletos y aspectos como la piel, el cabello o los tejidos blandos requieren interpretación artística. Sin embargo, permiten describir mucho mejor la estructura ósea de una población que durante décadas parecía casi invisible.
El descubrimiento en China podría cambiar una parte de la historia de la evolución humana

El hallazgo plantea además una cuestión mucho mayor. Durante décadas, distintos fósiles encontrados en China fueron atribuidos a poblaciones humanas separadas debido a sus diferencias anatómicas. Algunos incluso sirvieron para proponer nuevas especies, como Homo juluensis. Pero los investigadores sugieren ahora que parte de esa diversidad podría corresponder a distintas poblaciones de un mismo linaje: los denisovanos.
El estudio publicado en Nature compara restos de Xujiayao, Harbin, Dali, Jinniushan y Hualongdong, identificando características compartidas que respaldan esa interpretación. No obstante, la atribución de todos estos fósiles al mismo linaje todavía necesita nuevas confirmaciones moleculares.
La implicación es considerable: los denisovanos podrían haber ocupado una región mucho más extensa de Asia y presentado una diversidad física mayor de la que se había reconocido. Y quizás lo más extraordinario sea que las respuestas no proceden de una excavación reciente. Los huesos llevaban casi 50 años esperando a que la tecnología científica pudiera revelar su historia.
Aquellos fragmentos, recuperados cuando apenas comenzaban a desarrollarse las técnicas modernas de genética, hoy permiten acercarnos al rostro de unos antiguos humanos cuya existencia todavía estamos aprendiendo a comprender.