Volver a pisar la Luna después de más de medio siglo parecía una cuestión de construir un nuevo cohete, enviar astronautas y repetir, con tecnología moderna, una hazaña que Estados Unidos ya consiguió en 1969. Pero la realidad está resultando bastante más complicada. La NASA necesita coordinar vehículos que nunca han trabajado juntos, demostrar maniobras inéditas y conseguir que dos empresas rivales tengan listas sus naves en cuestión de meses.
Y el tiempo empieza a convertirse en su principal adversario. Mientras China mantiene su objetivo de enviar astronautas a la superficie lunar antes de 2030, Estados Unidos quiere conseguirlo en 2028. Para intentarlo, la agencia espacial estadounidense acaba de detallar una misión que sus responsables consideran entre las operaciones de vuelo espacial más complejas jamás preparadas.
Se trata de Artemis III, prevista para 2027. Sin embargo, hay un giro importante: esta misión ya no llevará astronautas a la Luna. Será un ensayo alrededor de la Tierra, diseñado para comprobar si las naves de SpaceX, Blue Origin y la propia NASA pueden funcionar juntas antes de arriesgar un alunizaje tripulado.
Tres cohetes, dos empresas rivales y una coreografía espacial que nunca se ha realizado

La nueva estrategia contempla una operación extraordinaria: lanzar tres grandes cohetes durante una misma campaña y coordinar el encuentro de sus vehículos en órbita terrestre baja. Según los detalles oficiales publicados por la NASA el 23 de octubre, la misión durará aproximadamente 14 días. Cuatro astronautas viajarán a bordo de Orion y realizarán pruebas de acercamiento y acoplamiento con versiones experimentales de los módulos de alunizaje de Blue Origin y SpaceX.
La primera en despegar sería Blue Origin, que enviaría una versión de prueba de su módulo Blue Moon Mark 2 mediante el cohete New Glenn. Después llegaría Orion, transportada por el Space Launch System (SLS) de la NASA. La tercera pieza sería Starship, lanzada por el sistema Super Heavy de SpaceX.
La operación permitirá comprobar comunicaciones, navegación, sistemas de acoplamiento y procedimientos de vuelo. En el caso de Blue Moon, también está previsto que los astronautas ingresen al vehículo para evaluar determinadas funciones de habitabilidad y soporte vital.
Jeremy Parsons, responsable del programa Artemis, explicó que la misión busca demostrar cómo pueden operar conjuntamente tres naves lanzadas por tres cohetes diferentes, algo que la agencia nunca ha intentado de esta manera. El desafío no consiste simplemente en conseguir tres despegues exitosos. Cada vehículo debe alcanzar una órbita compatible, mantenerse operativo y completar maniobras de precisión sin comprometer la seguridad de la tripulación.
SpaceX y Blue Origin compiten por llegar a la Luna, pero ninguna tiene todavía todo resuelto

El principal obstáculo está en los módulos de alunizaje. SpaceX apuesta por una versión lunar de Starship, un vehículo gigantesco que necesitará recibir combustible en órbita antes de emprender el viaje. Blue Origin, en cambio, desarrolla Blue Moon Mark 2, una nave más compacta que utilizará etapas propulsoras adicionales.
La NASA confirmó que ambas empresas han simplificado sus diseños y procedimientos para intentar llegar a 2028. SpaceX todavía debe demostrar la transferencia orbital de propelentes criogénicos, mientras Blue Origin necesita completar vuelos de prueba de sus módulos y sistemas de propulsión.
La diferencia también afecta a Artemis III. La tripulación podrá entrar en el vehículo experimental de Blue Origin, pero no está previsto que haga lo mismo con Starship. Ambas pruebas deberán producir datos suficientes para evaluar los sistemas antes de un viaje lunar.
Por eso, aunque las empresas compitan por conseguir el contrato de la primera misión tripulada, la NASA necesita que ambas avancen. La agencia quiere disponer de alternativas si uno de los desarrollos acumula nuevos retrasos.
La verdadera carrera no termina con Artemis III: China y 2028 marcan el calendario
El objetivo final es Artemis IV, prevista para principios de 2028. Esa misión debería llevar astronautas al polo sur lunar, convirtiéndose en el primer alunizaje tripulado desde Apollo 17, en diciembre de 1972.
La NASA todavía no ha decidido si utilizará Starship o Blue Moon. Según su actualización oficial del programa Artemis, la elección dependerá de qué vehículo demuestre estar preparado para transportar astronautas con seguridad.
La presión tiene además un componente geopolítico. China pretende completar su primer alunizaje tripulado antes de 2030, mientras Estados Unidos quiere establecer una presencia sostenida en la superficie lunar. Pero acelerar un calendario no elimina los desafíos técnicos. La transferencia de combustible entre naves, los múltiples lanzamientos y los acoplamientos siguen requiriendo demostraciones exitosas.
La paradoja es que, para volver a la Luna lo antes posible, la NASA ha decidido que su próxima gran misión tripulada no viajará hasta ella. Primero tendrá que demostrar, a unos cientos de kilómetros de la Tierra, que las piezas de su nueva arquitectura lunar realmente encajan.