Foto: NASA

En alg├║n momento, hace millones de a├▒os, dos supernovas explotaron, ba├▒ando la Tierra con radiaci├│n c├│smica. En alg├║n lugar de nuestro planeta, nuestros antepasados decidieron comenzar a caminar sobre dos piernas. Un nuevo y atrevido estudio acaba de unir ambos acontecimientos.

La idea de que los seres humanos debemos nuestra actual inteligencia a las estrellas tiene un encanto especial, pero es muy atrevida ┬┐C├│mo es posible? La respuesta es una intrincada cadena de conjeturas, algunas de ellas basadas en evidencias, otras un poco m├ís libres, hilada por Adrian Melott, f├şsico y astr├│nomo en la Universidad de Kansas.

Melott y sus colegas han publicado su hip├│tesis en la revista Journal of Geology. Todo comienza con una serie de supernovas que comenzaron hace ocho millones de a├▒os y cuya radiaci├│n alcanz├│ su pico hace 2,6 millones de a├▒os. Sabemos de estas explosiones estelares por los registros geol├│gicos de nuestro propio planeta. Recientes an├ílisis de los estratos de roca en el lecho marino indican una inusual abundancia de Hierro-60 en esa ├ępoca concreta. El Hierro-60 es un is├│topo del hierro que no se produce de manera natural en la Tierra. Viene directamente del espacio y est├í asociado a las supernovas.

Remanente de una supernova en la Constelaci├│n de Vela.
Foto: Jade Scope Observatory (NASA APOD)

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Este tipo de isótopos decae a un ritmo tan estable que permite datar con mucha precisión su origen en el tiempo. Ese origen se remonta a dos supernovas. La primera tuvo lugar hace entre 8,7 y 6,5 millones de años. La segunda sucedió más recientemente, hace entre 3,2 y 1,7 millones de años. El estudio estima que sucedieron a una distancia de entre 163 y 300 años luz.

┬┐Qu├ę tiene que ver esto con el comienzo de nuestra evoluci├│n? Todo a su tiempo. El segundo punto en esta cadena de conjeturas se sit├║a en nuestra atm├│sfera. Normalmente las part├şculas cargadas de viento solar no son lo bastante potentes para atravesar la magnetosfera y llegar hasta la tierra, pero sabemos por la abundancia de Hierro-60 que la radiaci├│n de estas supernovas s├ş que logr├│ atravesar nuestro escudo natural.

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Las part├şculas por s├ş solas no tuvieron ning├║n efecto, pero los electrones que perdieron por el camino provocaron una ionizaci├│n de la atm├│sfera que los investigadores calculan en 50 veces superior a la normal. Esta ionizaci├│n tuvo que haber provocado un aumento notable de rayos que impactaron sobre el suelo, y estos rayos provocaron incendios masivos.

Antes de que levantes el dedo para protestar, los investigadores muestran otra evidencia, y es que los estratos geol├│gicos presentan masivas cantidades de dep├│sitos de carb├│n que coinciden con esta ├ępoca y que se explicar├şan por la idea de incendios forestales. Hasta ahora nadie hab├şa encontrado una explicaci├│n satisfactoria para ellos, sobre todo estando presentes en latitudes tan diferentes al mismo tiempo.

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Y llegamos al ├║ltimo punto: los incendios forestales provocaron un cambio importante en el paisaje terrestre. Las masivas selvas dieron paso a vastas sabanas. Los hom├şnidos de la ├ępoca pronto descubrieron que era m├ís pr├íctico caminar sobre dos piernas en las nuevas planicies. La evoluci├│n hacia el ser humano actual comenz├│.

Por supuesto, antes de esa ├ępoca probablemente ya hab├şa simios que probaban a caminar sobre dos piernas, pero la abundancia de terrenos despejados sin ├írboles les dieron m├ís y mejores razones para seguir haci├ęndolo. Sobre dos piernas se detectan depredadores a m├ís distancia. Adem├ís, las manos quedan libres para manipular objetos y desarrollar herramientas. Eso favoreci├│ el desarrollo de la inteligencia. Los humanoides comenzaron a despuntar evolutivamente.

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La evoluci├│n es un proceso infinitamente complejo como para reducir su origen a una explosi├│n espacial a cientos de a├▒os luz. Sin embargo, la de Melott es una teor├şa preciosa que conecta nuestro pasado, con el que alg├║n d├şa deber├şa ser nuestro futuro: las estrellas. [Journal of Geology v├şa Science Alert]