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La solución de Brasil a una sequía de generaciones pasa por 145 kilómetros de hormigón

Durante generaciones, llevar las aguas del río São Francisco hacia las regiones más secas del nordeste brasileño fue poco más que una promesa. Ahora, una gigantesca infraestructura de canales, túneles y sifones está convirtiendo aquella idea del siglo XIX en una red capaz de transportar agua a través del sertão.
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La idea parece propia de una obra moderna, pero Brasil lleva casi 180 años pensando en cómo hacerla realidad. Ya en 1847, el ingeniero cearense Marcos de Macedo propuso al emperador Pedro II desviar parte de las aguas del río São Francisco hacia el nordeste, una región donde las sequías recurrentes habían condicionado durante generaciones la vida de millones de personas. La propuesta quedó archivada y volvería a aparecer una y otra vez durante el siglo siguiente, frenada por problemas técnicos, económicos y políticos.

Hoy aquella vieja aspiración tiene una de sus expresiones más impresionantes en el Cinturão das Águas do Ceará (CAC), una infraestructura que funciona casi como un río diseñado por ingenieros: 145,3 kilómetros de canales a cielo abierto, túneles y sifones destinados a conducir las aguas del São Francisco a través del interior de Ceará.

La solución de Brasil a una sequía de generaciones pasa por 145 kilómetros de hormigón
© Ciudadano news
– Youtube.

Un río construido para llevar el agua donde no llega sola

El sistema comienza en la presa de Jati, conectada al Eje Norte del Proyecto de Integración del Río São Francisco, y desde allí atraviesa diferentes municipios hasta alcanzar el río Cariús, en Nova Olinda. Su recorrido no depende de un cauce natural, sino de una sucesión de estructuras construidas expresamente para superar desniveles, valles y obstáculos del terreno.

Una de sus características más llamativas es que el primer tramo está diseñado para funcionar completamente por gravedad, aprovechando la diferencia de altura para desplazar el agua sin depender continuamente de grandes estaciones de bombeo. Cuando esté terminado tendrá capacidad para transportar hasta 30 metros cúbicos de agua por segundo y facilitará la conexión de las aguas del São Francisco con algunos de los principales sistemas hídricos de Ceará.

No se trata simplemente de construir un enorme canal, sino de crear una especie de columna vertebral hídrica que permita posteriormente distribuir el agua hacia ciudades, embalses y redes locales.

Una obra que ha tardado mucho más de lo previsto

La escala del proyecto también explica parte de su complicada historia. El Cinturão fue dividido en cinco lotes que combinan decenas de kilómetros de canales, sifones y nueve túneles. Los primeros sectores fueron entrando progresivamente en funcionamiento mientras continuaban las obras en los tramos restantes.

En julio de 2026, el proyecto había alcanzado aproximadamente el 92% de ejecución y alrededor de 100 kilómetros ya podían recibir las aguas del São Francisco. Ese mes se entregó además un nuevo tramo en Barbalha, mientras las obras continuaban en el último gran sector pendiente. La previsión oficial de finalización se desplazó entonces a 2027.

Esto supone un nuevo retraso frente a los calendarios anteriores, que habían situado la entrega en 2026, pero también muestra que buena parte del sistema ya está físicamente preparada para transportar agua.

El objetivo final son millones de personas

La importancia del Cinturão se entiende mejor al observar el territorio que atraviesa. Ceará depende de lluvias muy irregulares y algunas de sus regiones presentan una elevada vulnerabilidad hídrica. El proyecto busca acercar las aguas del São Francisco al Cariri y, mediante su conexión con otros sistemas, reforzar también el abastecimiento de grandes embalses y de la región metropolitana de Fortaleza. Las estimaciones más recientes hablan de cerca de cinco millones de personas potencialmente beneficiadas cuando la infraestructura esté plenamente integrada.

El Cinturão das Águas no hará desaparecer las sequías del nordeste ni puede fabricar agua donde no existe. Lo que sí puede hacer es algo que Brasil lleva imaginando desde el siglo XIX: transportarla desde donde está disponible hasta lugares donde una temporada sin lluvias puede convertirse rápidamente en una crisis.

Después de casi dos siglos de proyectos, discusiones y obras, el sertão está viendo cómo aquella vieja promesa empieza finalmente a parecerse a un río. Solo que esta vez está hecho de hormigón.

 

 

Fuente: Xataka.

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