En 2023, el Atlántico Norte protagonizó una ola de calor marina como nunca antes se había registrado. Sus aguas, convertidas en un gigantesco foco de calor, desataron consecuencias que llegaron mucho más allá del océano. Un estudio reciente ha desvelado las causas de este suceso alarmante, que podría repetirse y agravarse en el futuro.
El origen de un verano de temperaturas extremas
El verano de 2023 marcó un antes y un después en el Atlántico Norte. Las aguas de este océano experimentaron un aumento térmico tan intenso que equivale a veinte años de calentamiento concentrados en apenas unos meses. ¿El detonante? Vientos inusualmente débiles y una mayor exposición solar, potenciados por el cambio climático.

Estos factores propiciaron una ola de calor marina que no solo afectó a los ecosistemas oceánicos, sino que también influyó en las temperaturas y fenómenos meteorológicos extremos en Europa. Durante ese verano, se alcanzaron récords históricos, con valores de más de 2 °C por encima del promedio de las últimas décadas, y se desencadenaron olas de calor terrestres y lluvias torrenciales que devastaron regiones enteras.
Una combinación de factores insólitos
El estudio señala que la falta de viento en el Atlántico Norte permitió que la capa superior del océano se adelgazara notablemente, reduciéndose a tan solo 10 metros de profundidad en algunas áreas, frente a los habituales 20 o 40 metros. Esta delgada capa fue incapaz de disipar el calor, lo que facilitó un calentamiento acelerado.
Además, regulaciones internacionales que limitan las emisiones de azufre de los barcos, aunque beneficiosas para la calidad del aire, propiciaron cielos más despejados y mayor penetración de radiación solar en el mar. Si bien este fenómeno fue secundario, contribuyó al calentamiento en zonas concretas del Atlántico.
Por si fuera poco, la región conocida como “mancha fría”, situada al sureste de Groenlandia y que durante décadas mostró un enfriamiento progresivo, también se vio afectada por este calentamiento inesperado, desconcertando a los científicos.

Impactos más allá del océano
El calor acumulado en el Atlántico Norte no se quedó confinado en el mar. Las masas de aire que pasaban sobre estas aguas abrasadas transportaron el calor hacia tierra, intensificando las olas de calor en Europa, donde las temperaturas superaron los 40 ºC en varias ciudades.
Las consecuencias también incluyeron lluvias torrenciales y tormentas severas, que arrasaron partes de España y Europa del Este. Todo esto subraya cómo los océanos y la atmósfera están interconectados, y cómo un fenómeno aparentemente limitado al mar puede desencadenar crisis climáticas a gran escala.
Fuente: Meteored.