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Tecnología

Ya no nos creen humanos: operadores reales que deben convencer a los clientes de que no son una IA

La confusión entre personas reales y sistemas automatizados ha llegado a tal punto que muchos trabajadores de atención al cliente deben jurar que no son una inteligencia artificial. ¿Por qué ya no distinguimos entre humanos y máquinas? El debate está servido, y las anécdotas son tan surrealistas como reveladoras.
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La frontera entre las voces humanas y las inteligencias artificiales es cada vez más difusa, especialmente en los servicios de atención al cliente. Esta confusión ha provocado una situación tan absurda como inquietante: muchos trabajadores reales deben probar su humanidad ante clientes desconfiados. Lo que parecía ciencia ficción se ha convertido en el nuevo día a día en los call-centers.


¿Quién está al otro lado del teléfono?

La inteligencia artificial ha revolucionado la atención al cliente, pero no sin consecuencias inesperadas. Aunque muchas empresas han optado por mantener agentes humanos en plantilla, los avances en modelos de lenguaje han provocado que, incluso cuando la atención es completamente humana, los usuarios duden de ello.

Ya no nos creen humanos: operadores reales que deben convencer a los clientes de que no son una IA
© Mikhail Nilov – Pexels

«Lo juro, soy una persona real», relata Lindsey, una operadora de American Express que asegura tener que convencer a sus clientes de que no es un bot. En ocasiones, incluso les propone que le hagan preguntas inusuales para demostrar su humanidad. El problema es que, tras hablar primero con sistemas automatizados, muchos clientes llegan al operador humano con desconfianza, preguntando directamente si se trata de una IA o exigiendo hablar “con una persona de verdad”. Algunos cuelgan antes de escuchar una respuesta.

Y aunque los datos de Gartner indican que el 95% de las empresas no planean reemplazar completamente a sus operadores, la sensación general es que cuesta cada vez más distinguir entre humano y máquina.


Guiones perfectos, desconfianza total

La paradoja es que los operadores humanos, monitorizados constantemente, deben seguir guiones rígidos que hacen su comunicación indistinguible de la de una IA. Deben usar ciertas palabras, evitar otras y mantener un tono profesional —una estructura tan meticulosa que los clientes perciben frialdad artificial.

BJ, técnico de soporte, reconoce entre risas que es un halago que le confundan con una grabación. Otros, como Seth, afirman recibir la pregunta al menos una vez por semana. En casos extremos, los clientes someten a los agentes a un interrogatorio de veinte minutos sobre sus hobbies o gustos personales. “Sentí que él era la IA, intentando comprobar si yo era humano”, comentó uno de ellos.

Ya no nos creen humanos: operadores reales que deben convencer a los clientes de que no son una IA
© MART PRODUCTION- Pexels

El humor, las interrupciones y lo que aún nos distingue

Para demostrar que siguen siendo humanos, muchos operadores recurren a recursos puramente humanos, como el sentido del humor. Faith Lau, por ejemplo, responde a las sospechas con chistes, aunque es consciente de que las IA también pueden contar alguno que otro. Sarah, que trabaja en el departamento antifraude del gobierno estadounidense, tiene otra técnica: interrumpe a propósito. “Las IA no interrumpen —asegura—, así que yo sí lo hago. Eso es muy humano”.

La línea que separa lo artificial de lo humano se difumina cada día más. Y lo que parecía un avance tecnológico fascinante se convierte ahora en un reto comunicativo, identitario y, quizás, ético.

Fuente: Xataka.

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