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Foto: Giorgio Cosulich (Getty Images)
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Un equipo de investigadores en Pompeya acaba de descubrir recientemente pruebas de que los romanos eran ávidos recicladores, según un artículo de The Guardian publicado este fin de semana. Date cuenta de que la misma sociedad que nos trajo la planificación urbana, el alcantarillado y el cemento también fueron pionera en ecología.

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Se cree que los montones de basura de varios metros de altura que encontraron preservados fuera de las murallas de la ciudad, cumplían una serie de ciclos de uso y reutilización”, según la profesora Allison Emmerson, académica estadounidense del equipo de excavación de la Universidad de Cincinnati. Aunque los investigadores habían descubierto previamente montones de basura similares alrededor de Pompeya, la teoría predominante hasta el momento era que habían sido creados por un terremoto que golpeó la ciudad casi dos décadas antes de que la terrible erupción del Vesubio del año 79 d. C. la enterrara en cenizas volcánicas.

De hecho, muchos de ellos ya habían sido eliminados a mediados del siglo XX, explicó The Guardian. Pero al examinar algunos montones recién descubiertos, Emmerson y los arqueólogos Steven Ellis y Kevin Dicus pudieron rastrear el camino que habían seguido los pedazos de yeso, cerámica y demás desechos encontrados.

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“Descubrimos que parte de la ciudad había sido construida con basura”, dijo al periódico. “Los montones que había fuera de los muros no eran material que hubiesen tirado para deshacerse de él. Estaban fuera de los muros de forma recogida y ordenada para ser revendidos en el interior de los muros”.

Al analizar muestras de tierra, el equipo determinó que la basura de la ciudad era transportada a “depósitos suburbanos equivalentes a los vertederos modernos”, según The Guardian, donde luego era clasificada y se incorporaba a los materiales de construcción para edificios, carreteras y muros de la ciudad.

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“La basura arrojada a lugares como letrinas o pozos negros deja un suelo rico y orgánico. Por el contrario, los desechos que se acumulan con el tiempo en las calles o en los montículos fuera de la ciudad dejan un suelo mucho más arenoso”, dijo Emmerson. “La diferencia en el suelo nos permite ver si la basura se generó en el lugar donde fue encontrada, o si fue recolectada en otro lugar para ser reutilizada y reciclada”.

Y dado que nadie le gusta vivir en un lugar que parezca hecho de basura, por muy ecológico que sea, las paredes “obtuvieron una capa final de yeso, que ocultaba el popurrí de los materiales de su interior”, según Emmerson.

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“Este punto tiene importancia también para la crisis de basura actual”, dijo Emmerson a The Guardian. “Los países que gestionan sus desechos de manera más efectiva han aplicado una versión del modelo antiguo, priorizando la mercantilización en lugar de la simple eliminación”.

Parece que algunos humanos del siglo XXI podrían aprender una o dos cosas de sus predecesores.

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[The Guardian] 

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