Existen muchos sitios en el planeta donde la muerte tiene casi la misma importancia que la vida. Ninguno se acerca a los ritos y peculiaridades que se dan en la isla donde las momias son paseadas después de años enterradas o donde los niños acaban en el interior de los troncos de los árboles. Pasen y vean, esto es Tana Toraja.

Nos encontramos en una de las más de 17.000 islas de Indonesia, más concretamente en Célebes (o Sulawesi), una de las cuatro islas de la Sonda de Indonesia que se encuentra entre el archipiélago de las Molucas y la isla de Borneo.

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El nombre de la isla viene dado por los primeros europeos que llegaron hasta allí, navegantes portugueses en el año 1512. En cuanto a su geografía, se trata de la undécima isla más grande del mundo con una forma muy especial y distintiva, dominada por cuatro grandes penínsulas. Una isla que está dividida en seis provincias.

Foto: Casas típicas de Tana Toraja. Javarman / Shutterstock

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Y es allí en su interior donde encontramos al grupo étnico Toraja (o Torayas), un conglomerado de pueblos que habitan la región montañosa central. Un conjunto diferente de grupos de alrededor de 600.000 miembros, de los que a su vez dos tercios de ellos habitan en la zona conocida como Tana Toraja.

Ritos y muerte en Tana Toraja

Foto: Estatuas y ofrendas en los agujeros de entierro. Fabio Lamanna / Shutterstock

Alrededor de un 10% de los Toraja conserva aún sus creencias tradicionales animistas. El animismo nos habla de un concepto que engloba diversas creencias en las que tanto los objetos como cualquier elemento del mundo natural (tierra, agua, montañas, árboles… ) tienen alma, y por tanto son venerados (o temidos) como dioses. El animismo por tanto es la clave para entender los ritos y creencias que este pueblo lleva a la práctica.

Foto: Imagen de una montaña donde entierran a los muertos. Fabio Lamanna / Shutterstock

Para que nos hagamos una idea de las imágenes que vemos, estas son las características generales que ponen en práctica a través del animismo:

  • Se cree en la mediación de personas sagradas: chamanes o brujos.
  • La vida de los ancestros continúa después de la muerte.
  • Se realizan ofrendas o sacrificios expiatorios.
  • Pueden interactuar directamente con los espíritus.
  • Hay seres espirituales que viven en el alma o espíritu del ser humano.
  • El alma puede abandonar el cuerpo durante trances o sueños.

Foto: Sacerdote Toraja al comienzo de un funeral. Wikimedia Commons

Así también entendemos la importancia que le dan a los funerales de duelo y adoración a los ancestros, rituales extensos en el tiempo y posiblemente los más “elaborados” de cuantos existen en el planeta. Aquí es el momento en el que se incluyen secuencias tan diferentes al resto de las culturas como son el enterramiento en los troncos de los árboles de aquellos bebés que murieron antes de la dentición. O el desfile de momias que murieron hace décadas.

En el primer caso no se trata de un árbol para cada bebé, podemos encontrar en el interior un gran número de ellos, todos bajo la misma idea: una vez enterrado y sellado el agujero, cuando el árbol comience a crecer el niño será absorbido.

Imagen: Árbol donde han sido enterrados varios bebés.

Los entierros son también un evento social, un espacio donde salen todas las familias y los aldeanos participan en eventos comunitarios, en definitiva, una forma de confirmar las creencias y tradiciones y el camino de los antepasados que puede durar semanas.

El proceso ante una muerte es largo y no se produce como en occidente. Cuando un Toraja muere, los familiares de los fallecidos están obligados a realizar una serie de ceremonias durante varios días. Es por esta razón que este “evento” no tiene lugar inmediatamente después de la muerte. Al contrario, pueden pasar meses o años mientras la familia ahorra los fondos necesarios para llevar a cabo el funeral.

Foto: Comienzo de un funeral. Fabio Lamanna / Shutterstock

Mientras y durante este tiempo de espera, el fallecido no está enterrado, al contrario, es embalsamado y se almacena en una casa tradicional bajo el mismo techo que la familia. Por esta razón y hasta que no se complete la ceremonia, el muerto no está muerto para los torajas, simplemente padece una enfermedad.

Una vez obtenido los fondos para el funeral, el ritual comienza con la matanza de búfalos y cerdos junto a bailes de jóvenes alrededor de los animales sacrificados. Cuanto más importante sea la persona fallecida en la tribu, más animales son sacrificados. Tras este momento, se distribuye la carne a los invitados al funeral.

Foto: Sacrificio de animales ante un funeral. Claudiovidri / Shutterstock

Finalmente llega el entierro real. Aquí viene otra de las “diferencias” con las costumbres de otros enclaves. En lugar de la tierra, los cuerpos se colocan en cuevas o agujeros de montañas, o bien en ataúdes de madera que cuelgan en un acantilado. En el caso de los bebés, como contábamos anteriormente, si no han llegado a la dentición se envuelven en paños y se colocan dentro de un espacio ahuecado en el tronco de un árbol creciendo.

Y así termina un funeral en Toraja. Aunque a la ceremonia le queda un último “final”. Y es que cada pocos años después del entierro, en el mes de agosto se exhuman los cuerpos de los difuntos para lavarlos, peinarlos y vestirlos con ropas nuevas. Ese es el momento en el que el pueblo pasea a las momias por el pueblo en señal de júbilo. Sólo así los difuntos acaban “muriendo en paz”.

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