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Si algún día te llega una cadena de WhatsApp diciendo que las vacunas con aluminio provocan autismo y citando un estudio de la Universidad de Bristish Columbia, que sepas que es falso. El estudio manipula tanto sus datos que la comunidad científica no se ha limitado a hacerlo trizas. Quieren a sus autores.

El estudio salió publicado en la revista Journal of Inorganic Biochemistry y lo que sugiere es que las inyecciones en ratones del mismo aluminio que se usa como coadyuvante en algunas vacunas provoca una respuesta inmune en los genes que se traduce en una inflamación en el cerebro que coincide con los síntomas del autismo.

El problema es que el estudio hace aguas por los cuatro costados. El oncólogo David Gorski, de la Universidad de Wayne es el que hace el análisis más certero y comedido de los resultados:

Siguiendo la más amable de las interpretaciones, lo que el estudio dice es que se han registrado niveles elevados de proteínas asociadas con la inflamación en el cerebro de ratones a los que se ha inyectado coadyuvante de aluminio con una frecuencia que ningún bebé humano va a recibir en toda su vida. Otro caso de tortura gratuita a ratones en el nombre de la pseudociencia antivacunas.

La lista de críticas feroces por parte de biólogos, químicos y médicos con una sólida reputación es interminable, pero no se trata solo de una cuestión de opinión. Los análisis independientes del estudio han encontrado una larguísima lista de fallos en sus procedimientos que incluyen:

  • Inyectar aluminio bajo la piel en lugar de en los músculos, que es como se inyectan las vacunas.
  • Usar dosis basadas en errores sobre el desarrollo de los ratones y que no se ajustan al calendario de vacunación en seres humanos.
  • Estudiar los marcadores genéticos en base a estudios desactualizados.
  • Usar un metodo impreciso y desactualizado de registrar la actividad de los genes.
  • Usar pruebas estadísticas desactualizadas.
  • Eliminación clara y deliberada de los datos de control del estudio.
  • Recibir fondos de fundaciones privadas que cuestionan la seguridad de las vacunas.

El despropósito llega al extremo de que algunos de los datos del estudio han sido completamente manipulados. En algunos casos hasta se han copiado y pegado las fotografías de los resultados.

Al poco de aparecer estos análisis, tanto la publicación como los autores han solicitado su inmediata retirada del estudio. Los autores, por cierto, son los doctores Dan Li, Lucija Tomljenovic, Yongling Li y Cristopher A. Shaw, todos ellos de la Universidad de la Columbia Británica. El que ha solicitado la retirada es el doctor Shaw, quien ha declarado que no entiende cómo han podido llegar los datos manipulados al estudio final y señala al primer autor, Dan Li.

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Li, por su parte, se ha ido a trabajar China y se ha llevado con él toda la documentación del estudio. El investigador asegura no haber hecho nada malo, pero se niega a ceder los datos originales para su revisión. Para empeorar las cosas, tanto Shaw como Tomljenovic tienen un historial muy turbio. No es la primera vez que se ven obligados a retractarse de un estudio. En 2012, la mismísima Organización Mundial de la Salud se tomó la molestia de solicitar la retirada de un estudio de ambos que relacionaba el aluminio de las vacunas con el autismo. La OMS calificó la investigación de “seriamente errónea”.

El año pasado, ambos autores tuvieron que retractarse de otro estudio publicado en la revista Vaccine que relacionaba el autismo con la vacuna del papilomavirus. Mientras tanto, la Universidad de la Columbia Británica esgrime la libertad académica para no tomar medidas contra los dos investigadores, pero las pruebas se acumulan y la comunidad científica ya ha perdido la paciencia. Recuperar los datos del estudio y esclarecer el caso va a ser complicado, pero es la salud de las personas lo que está en juego, no solo la reputación académica de una institución. [Retraction Watch vía Ars Technica]