¿Por qué nos cuesta desprendernos de sólo a los que aprendimos que lleva tilde cuando es sinónimo de «solamente»? Para evitar ambigüedades, decimos, pero —en general— el significado se puede sacar por el contexto. Nos mueve, admitámoslo, nuestra resistencia al cambio y la nostalgia.

Dice Elena Álvarez en eldiario.es que “resistirse a eliminar la tilde en solo por nostalgia es como oponerse a que desaparezcan los bordillos porque «en mi infancia nunca hubo rampas de accesibilidad»”. Lo que quiere decir es que, desterrando el acento, hacemos de solo una palabra más accesible para los que aprenden ahora las normas de ortografía.

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Al fin y al cabo “solo” es una palabra llana acabada en vocal, y por eso la Real Academia Española eliminó nuestra querida tilde en 2010.

Pero nada de eso importa. Hay quien sigue escribiendo sólo y jura hacerlo así hasta el día en que se muera, aunque solo sea por hacer resoplar a los normativistas. Fíjate si no en esta publicidad subversiva de Netflix:

No, no me refiero a esa referencia a la cocaína impresa a tamaño gigante en la Puerta del Sol de Madrid, sino al “sólo” del cartel de The Crown.

¡Hasta las grandes marcas se rebelan contra la RAE!

Pero tranquilos, porque esto ya ha pasado antes y la historia nos dice que es un fenómeno pasajero. Datanalytics tiene la prueba de que otras palabras que antes tenían tilde y ahora no desaparecieron de los libros gradualmente con estos divertidos gráficos de tenaza en las estadísticas de Google Books:

Tilde en á

Aludiendo al castellano antiguo, la preposición a se escribió con tilde hasta la edición de 1914 del Diccionario de la lengua española.

Tilde en fué

Fue y fui llevaron tilde hasta 1959. A partir de ese año se acordó que debían seguir la regla general de los monosílabos y, por tanto, no acentuarse.

Tilde en vió

Como ocurre con fué, es erróneo escribir vió y dió desde 1959, cuando empezaron a seguir la regla de los monosílabos y perdieron la tilde.


Sí, puede que sea una estadística sesgada porque solo tiene en cuenta los libros publicados (y ya sabemos que los editores tienen una marcada tendencia a seguir la norma vigente). Pero los gráficos nos adelantan el inevitable final de la guerra entre el sólo y el solo: cuando se trata del lenguaje, los nostálgicos siempre pierden. [Datanalytics]