Los restos de la sonda Messenger reposan ya, eternos, sobre la superficie de Mercurio. Pero antes de estrellarse, y a modo de particular despedida, ha conseguido enviar su última imagen de la superficie del planeta.

La labor de Messenger ha conseguido extenderse tres años más de lo previsto. Durante ese tiempo, los científicos han aprendido mucho más de lo que esperaban inicialmente sobre las características geológicas y astronómicas de Mercurio.

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Las 4014 órbitas han servido para entender mejor cómo funciona su particular órbita en torno al Sol (durante mucho tiempo se pensó que no rotaba sobre sí mismo, como la luna) y al mismo evaluar toda su superficie, marcada por el impacto de miles de meteoritos.

En la página oficial de la NASA sobre la misión pueden verse la mayoría de imágenes y análisis que la sonda ha realizado durante estos años. [vía iO9]

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