KIC 8462852 es una estrella localizada entre las constelaciones de Cygnus y Lyra, a unos 1500 años luz de la Tierra. En septiembre, varios astrónomos detectaron fluctuaciones de luz realmente extrañas en ella y hasta ahora se las ha apañado para tumbar todas las teorías explicando el fenómeno: no, no son alienígenas, pero tampoco cometas.

¿Por qué es importante? Para empezar, cuando una estrella se encuentra tan lejos de nosotros uno de los métodos que utilizan los astrónomos para conocer sus particularices es medir el brillo. Si lo pierde siguiendo una serie de patrones determinados, por ejemplo, es una buena señal de que tiene planetas orbitando en torno a ella. Con ese y otros sistemas es como hemos descubierto la mayoría de exoplanetas conocidos.

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La cuestión es que el comportamiento de KIC 8462852 en ese sentido es, cuanto menos, errático. Durante los 4 años de datos recogidos hasta ahora el brillo ha variado de manera inconsistente, llegando a perder hasta un 20%, ganándolo en otras ocasiones. Es un comportamiento tan inusual que las diversas explicaciones al respecto han ido cayendo una tras otra.

Las primeras teorías que asociaban el fenómeno a un origen extraterrestre no tardaron en aparecer, por supuesto, pero dos comprobaciones independendientes buscando haces de láser y señales de radio han dado las dos negativo. Algunos especularon con una esfera de Dyson, una hipotética estructura construida en torno a una estrella que permite extraer toda la energía que genera. La comunidad científica ya ha advertido que, esferas de Dyson aparte, el hecho de que la fluctuación se deba a vida alienígena es muy, muy, muy improbable.

La segunda teoría, más plausible y que atribuía el fenómeno a cometas, también está empezando a tambalearse dejando a los astrónomos todavía más perplejos que cuando descubrieron por primera vez las anomalías de KIC 8462852. Lo más importante es que analizando fotografías estelares en un periodo de más de un siglo (las primeras remontan al s. XIX), Bradley Schaefer de la Universidad de Louisiana ha comprobado que el brillo total de KIC 8462852 ha decaído en un 19% algo que es “completamente sin precedentes para este tipo de estrellas

¿Qué sucede, entonces, exactamente? No lo sabemos, pero los científicos si tienen claro el siguiente paso: hacen falta más datos. Con ellos probablemente podamos descartar cualquier teoría loca (ahora mismo están todas sobre la mesa) y averiguar por fin qué ocurre con sus misteriosas fluctuaciones de brillo. Hasta entonces, la verdad está ahí afuera. [vía New Scientist, arXiv, Wikipedia, NASA, Iowa State University]

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