La historia de los superhéroes y villanos en los cómics está marcada por la aparición de personajes y villanos de todo pelaje. Los hay buenos y malos, posiblemente los más fáciles de distinguir, pero incluso entre este grupo los tenemos más o menos interesantes o tremendamente ridículos. Luego están los que deberíamos catalogar en una liga aparte, aquellos cuyo magnetismo escapa a una definición clásica. Y por último está Snowflame, un villano más en la etapa ochentera de DC Comics si no fuera porque sus poderes están intrínsecamente relacionados con la ingesta de grandes montañas de cocaína.

Era un villano y su aparición fue breve, pero nunca antes se había llegado tan lejos en la construcción de un personaje de la historieta clásica en DC, unido, claro está, con ese “don” que le distinguía del resto de los mortales. Un villano que no dudaba en dejar claras sus inclinaciones y carácter con frases como esta:

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Soy Snowflame, y cada célula de mi ser arde de éxtasis al rojo vivo. ¡La cocaína es mi dios! ¿Y yo soy el instrumento humano de su voluntad!

Los Nuevos Guardianes oscuros de DC

Imagen: New Guardians. Wikimedia Commons

Su efímera aparición surgió a raíz de los Nuevos Guardianes (New Guardians), nombre del título mensual que sacó DC Comics a finales de los ochenta (entre 1988 y 1989) y que duró tan sólo 12 números antes de que se cancelara el proyecto.

Los personajes aparecieron por primera vez en la saga Millennium a comienzos del 88 y su historia partía como un grupo de elegidos por un Guardián del Universo (Herupa Hando Hu) en el crossover de la saga mencionada, en esencia algo así como una selección de elegidos de varias naciones que representarían a la raza humana.

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Esta selección ya era de por sí una de las más extrañas e inusuales que se habían visto hasta entonces. Por ejemplo hacía su aparición Extraño, el mago peruano del grupo y uno de los primeros personajes homosexuales en el mundo de la historieta americana. No sólo eso, el mismo Extraño revelaba sin ningún problema (estamos en los 80) que era HIV positivo, en este caso causado por la mordida de un vampiro. Genial y transgresor, de eso no hay duda, pero no se quedaba sólo en la figura de Extraño.

Imagen: Extraño. Wikimedia Commons

De entre los elegidos también se encontraba Jet, en cuyos poderes encontramos la manipulación de los campos electromagnéticos, y también infectada por el VIH por el mismo vampiro que Extraño, o la fuerza cósmica incorpórea con habilidades indefinidas o al japonés Thomas Kalmaku, un tipo capaz de interactuar con la electrónica y conseguir sacar lo mejor de las personas (sí, ese era su súperpoder).

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Evidentemente la idea de DC era de lo más loable, se trataba de una época y un contexto donde los esfuerzos iban encaminados a la apertura de miras, a la diversificación. El mismo intento de serio de incluir un personaje gay se vio maltratado y obligado a jugar con la ambigüedad, siendo imposible decir abiertamente que era homosexual debido a las normas de publicación de la época. ¿Qué hicieron? Tuvieron que recurrir a los estereotipos de los homosexuales de la época, por si fuera poco, con la inclusión como coletilla de contraer el VIH.

Por tanto DC trató, a través de la tira del cómic, utilizar a superhéroes menos conocidos para explorar temas que tocaban de lleno a la sociedad, historias contemporáneas como la sexualidad o las mismas drogas.

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Eran los ochenta, así que si había que tratar las drogas parecía bastante claro cual debía ser. Por tanto y para rematar la trama nos faltaba un malo o villano en condiciones, alguien totalmente distinto, alguien cuyo poder sea especial… alguien como Snowflame.

Snowflame, la cocaína es mi poder

Imagen: Snowflame. Wiki

El personaje dibujado por Joe Stanton, que como decíamos no duró mucho, aparecía en el segundo número de Nuevos Guardianes. Se trataba de un capo de la droga colombiana que el grupo de elegidos trataba de derrotar para sofocar el flujo de drogas. Un título que al igual que la saga de 12 números no se cortaba un pelo a la hora de ser directo, el número se llamó La Jungla de Nieve.

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El primer encuentro del villano da origen a la mítica frase con la que comenzábamos. Snowflame la soltaba a modo de burla contra los superhéroes para luego pasar al ataque. Tras este primer encuentro conocemos algo más del personaje, se ahonda en su día a día y cómo funciona por el mundo o en la propia naturaleza de sus poderes, el verdadero quid de la cuestión.

Según explica él mismo, exuda un aura constante de fuego e ira cuando actúa bajo los efectos de la cocaína. No sólo eso, Snowflame también deja claro que la droga aumenta considerablemente su resistencia, durabilidad y valor ante un combate a niveles extremos. Además, también le permite ser impermeable al dolor. Es decir, que cuanta más cocaína esnifa, el tipo aumenta el efecto de sus “poderes”.

Imagen: New Guardians. Snowflamecomic

Puede que estés pensando que DC Comics se marcaron una genialidad con este personaje que no hacía otra cosa que enseñar lo que es un adicto en modo épico. O quizá no. Veámoslo con otro ejemplo de ese mensaje que querían transmitir con un momento de la trama. Los guardianes le dicen al villano que debe dejar la coca. Snowflame se ríe y vuelve a recordar su amor (adicción) por la droga:

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¿Dejarla? ¿renunciar a la euforia final, al éxtasis divino, a la euforia de electricidad que ahora surge a través de cada molécula de mi cuerpo?

Lo que sigue después de este acto, digno de la mejor secuencia de una película de Tarantino, es la aparición de los hombres de Snowflame, todos bien puestos de cocaína y listos para enfrentarse a nuestros superhéroes, quienes acaban enterrados (que no muertos). El final es tan apoteósico y deja tantas lecturas como ideas para una posible película de género random que jamás se hizo. No lo contaremos y les emplazamos a que acudan a las tiendas o en la misma red y encuentren ese final que deja a Tony Montana a la altura del betún.

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Los ochenta fueron decididamente una época diferente, incluso en el mundo del cómic.


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