SpaceX acaba de conseguir algo que hasta ahora ninguna Starship había logrado: volver del espacio prácticamente intacta y sobrevivir el tiempo suficiente como para ser recuperada posteriormente.
La protagonista es Ship 40, la etapa superior utilizada durante el decimotercer vuelo de prueba de Starship. Después de completar su misión a finales de julio, la enorme nave atravesó nuevamente la atmósfera y realizó un amerizaje controlado cerca de la Isla de Navidad, territorio australiano situado en el océano Índico.
Lo extraordinario ocurrió después. La nave permaneció 24 días flotando en el mar mientras SpaceX preparaba una compleja operación para recuperarla y trasladarla hacia una zona donde pudiera ser inspeccionada por sus ingenieros.
Recuperar una nave de 52 metros en medio del océano no fue sencillo
Ship 40 mide aproximadamente 52 metros de longitud, por lo que remolcar semejante estructura después de casi un mes expuesta al océano presentó dificultades importantes.
Las condiciones marítimas complicaron la operación y obligaron a mover la nave a velocidades reducidas. Varias embarcaciones participaron en los trabajos mientras el estado del mar empeoraba progresivamente.

SpaceX explicó que su equipo tuvo que enfrentarse a aguas cada vez más agitadas mientras intentaba conducir la Starship hacia aguas protegidas próximas a la Isla de Navidad.
Finalmente, la operación permitió colocarla en una zona más tranquila, donde un grupo de ingenieros podrá realizar una primera inspección detallada antes de estudiar la posibilidad de trasladarla nuevamente hasta Starbase.
Por qué SpaceX quiere estudiar esta Starship
Para una compañía que desarrolla sus vehículos mediante pruebas sucesivas, tener físicamente delante una nave que acaba de atravesar una reentrada atmosférica representa una oportunidad especialmente valiosa.
Hasta ahora, muchas etapas superiores de Starship habían terminado destruidas durante sus pruebas o después de regresar a la Tierra. Ship 40 ofrece algo diferente: los ingenieros pueden observar directamente qué partes resistieron, cuáles se deterioraron y cómo reaccionaron los materiales durante todo el vuelo.
Uno de los elementos especialmente interesantes será el escudo térmico. Las miles de losetas instaladas en la nave deben proteger su estructura frente a las enormes temperaturas generadas durante la reentrada.
Poder inspeccionarlas después de un vuelo real permitirá comparar los datos recopilados por los sensores con el estado físico de cada componente.
También pasó casi un mes dentro del agua salada
El análisis no estará limitado a lo ocurrido durante el vuelo. Ship 40 permaneció varias semanas expuesta al agua del océano, algo que también permitirá estudiar cómo reaccionan distintos componentes frente a la corrosión, la humedad y la entrada de agua.
SpaceX podrá examinar elementos estructurales, sistemas hidráulicos, superficies aerodinámicas y otras partes de la nave para identificar posibles cambios que puedan incorporarse a futuras versiones.
Este tipo de información resulta especialmente importante para el objetivo a largo plazo de Starship: convertirse en un sistema completamente reutilizable.
Todavía queda un paso considerable antes de conseguirlo. SpaceX pretende que en futuros vuelos la etapa superior pueda regresar directamente a Starbase y ser capturada por los enormes brazos mecánicos de la torre Mechazilla, evitando incluso un aterrizaje convencional.
Ship 40 todavía terminó en el océano, pero su recuperación supone un pequeño cambio fundamental. Por primera vez, SpaceX no solo tiene los datos de una Starship que regresó del espacio: también tiene la propia nave para descubrir exactamente qué le ocurrió durante el viaje.