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Ciencia

El gigantesco pez de casi tres metros que se está expandiendo por los ríos de Europa

El siluro europeo puede acercarse a los tres metros de longitud y superar ampliamente los 100 kilos. Introducido en numerosos ríos para fomentar la pesca deportiva, este enorme depredador se ha establecido fuera de su área natural y ahora preocupa por su impacto sobre peces, aves y otras especies autóctonas.
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En algunos ríos europeos vive un pez que puede alcanzar dimensiones más propias de un gran animal terrestre que de una criatura de agua dulce. Se trata del siluro europeo (Silurus glanis), un enorme pez gato capaz de acercarse a los tres metros de longitud y alcanzar pesos superiores a los 100 kilogramos.

La especie es originaria de Europa central y oriental y de algunas regiones del oeste de Asia, pero durante las últimas décadas ha sido introducida en numerosos países principalmente por su atractivo para la pesca deportiva. El resultado es que hoy existen poblaciones establecidas en lugares donde nunca había vivido y donde su enorme tamaño y dieta oportunista pueden alterar considerablemente los ecosistemas.

Un pez gigante que prácticamente come cualquier cosa

El aspecto del siluro resulta difícil de confundir. Tiene una cabeza extraordinariamente ancha, cuerpo alargado sin escamas y una enorme boca rodeada por largos barbillones que utiliza para detectar lo que ocurre a su alrededor.

Los ejemplares más grandes registrados por pescadores deportivos pueden superar los 130 kilos y aproximarse a los tres metros, aunque existen estimaciones que sitúan el peso máximo potencial de la especie bastante por encima.

Parte de su éxito está precisamente en su alimentación. No depende de una única presa: puede consumir peces, crustáceos, anfibios, aves acuáticas e incluso pequeños mamíferos que se encuentran cerca de las orillas.

Algunos siluros han desarrollado además una estrategia especialmente sorprendente. En determinadas zonas de Francia se los ha observado acercándose a tierra para capturar palomas que se concentran en la orilla, un comportamiento poco habitual entre los peces de agua dulce.

El gigantesco pez de casi tres metros que se está expandiendo por los ríos de Europa
© RTVE Noticias – Youtube.

España lo introdujo para fomentar la pesca deportiva

El siluro no es originario de los ríos españoles. Su expansión comenzó en 1974, cuando el pescador y biólogo alemán Roland Lorkowsky introdujo ejemplares jóvenes en el embalse de Mequinenza, dentro de la cuenca del Ebro.

La intención era crear una población atractiva para los aficionados a la pesca de grandes ejemplares. Cinco décadas después, la especie se ha extendido por una buena parte de la cuenca y ha aparecido también en otros sistemas fluviales.

El problema es que los ecosistemas ibéricos evolucionaron sin un depredador de estas dimensiones. Su presencia añade una nueva presión sobre especies autóctonas, especialmente peces que pueden convertirse en presas. Entre las especies afectadas se encuentran algunos barbos ibéricos, cuyas poblaciones han sufrido descensos importantes en determinadas zonas donde el siluro se ha establecido.

También ha protagonizado incidentes con bañistas

Su tamaño inevitablemente genera otra pregunta: ¿puede resultar peligroso para las personas? En 2025 se registraron varios incidentes en el embalse alemán de Brombachsee, donde bañistas denunciaron mordeduras atribuidas a siluros de aproximadamente dos metros.

Sin embargo, los especialistas interpretaron esos episodios principalmente como comportamientos territoriales, posiblemente relacionados con la reproducción, y no como intentos de cazar seres humanos.

Aunque su enorme boca pueda resultar intimidante, no existen evidencias sólidas de que el siluro considere normalmente a una persona como presa.

Un invasor que ya resulta prácticamente imposible eliminar

España prohíbe transportar y liberar ejemplares vivos de esta especie, pero eliminar por completo las poblaciones existentes resulta extremadamente complicado.

El siluro puede vivir durante décadas, alcanzar un gran tamaño, reproducirse con éxito y adaptarse a diferentes ambientes. Además, su expansión ya no se limita al Ebro: estudios recientes han registrado su presencia y crecimiento en otros sistemas como el Tajo.

Por eso, las estrategias actuales se concentran más en controlar sus poblaciones que en intentar una erradicación completa.

El caso del siluro muestra hasta qué punto introducir una especie con fines recreativos puede tener consecuencias décadas después. Lo que comenzó como una apuesta para atraer pescadores terminó colocando en algunos ríos europeos a uno de los mayores depredadores de agua dulce del continente.

 

 

Fuente: Infobae.

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