Según los registros de voluntarios y científicos, los avistamientos de pulpos aumentaron un 1500 % respecto a 2023, la última vez que se observó una “floración” similar en la región. Desde Penzance hasta el sur de Devon, estos cefalópodos —habitualmente raros en aguas británicas— fueron filmados caminando por el fondo marino, limpiándose, apareándose e incluso interactuando con cámaras submarinas.
Los expertos atribuyen este fenómeno a una combinación de factores climáticos favorables: un invierno inusualmente suave y una temporada de reproducción cálida, condiciones que habrían facilitado la expansión temporal de la especie hacia latitudes más septentrionales.
Otras señales alentadoras bajo el mar
El pulpo no fue el único protagonista positivo del año. Las poblaciones de frailecillos también vivieron una temporada excepcional. En las islas de Skomer y Muck se contabilizaron cifras récord, con más de 46.000 ejemplares en Skomer, superando el máximo histórico alcanzado en 2023.
Además, casi cinco años después de la prohibición de la pesca de arrastre de fondo frente a la costa de Sussex, buceadores y científicos documentaron la aparición de bancos de mejillones de más de un kilómetro de ancho, junto con un aumento notable de especies como el sargo negro. Estos datos refuerzan la evidencia de que las medidas de protección marina pueden dar resultados tangibles en relativamente poco tiempo.
Pulpo que toma el color y la textura de un arrecife como camuflaje
El arte de la naturaleza
— El Club del Arte 🎨📷📚🖼🕍🎼 (@Arteymas_) December 20, 2025
La otra cara del año: plástico por todas partes
Sin embargo, 2025 también quedará marcado por algunos de los peores episodios de contaminación marina recientes. La colisión entre un petrolero y un buque portacontenedores en el mar del Norte, en marzo, liberó enormes cantidades de nurdles —pequeños pellets de resina plástica— que acabaron dispersándose por amplios tramos de costa.
Las organizaciones de conservación retiraron cerca de 19 toneladas de estas partículas en más de 400 horas de trabajo, especialmente en playas de Lincolnshire, Norfolk y Durham. Estos microplásticos, fácilmente ingeridos por peces y aves, representan una amenaza silenciosa pero persistente para los ecosistemas.
A finales de año, un nuevo incidente agravó la situación cuando casi 4,5 toneladas de bio-beads fueron liberadas desde una planta de tratamiento de agua en Sussex. Estas diminutas esferas plásticas, capaces de absorber hidrocarburos y metales pesados, contaminaron reservas naturales protegidas como Camber Sands y Rye Harbour, poniendo en riesgo a decenas de especies de aves.

Un balance entre esperanza y urgencia
Para los responsables de conservación, 2025 fue un año de contrastes extremos. Por un lado, la recuperación de algunas especies y hábitats demuestra que los océanos aún tienen capacidad de resiliencia. Por otro, los desastres vinculados al plástico recuerdan la fragilidad de ese equilibrio.
“El año estuvo marcado por episodios ambientales muy graves, pero también por momentos de auténtico asombro”, señalaron desde The Wildlife Trusts, destacando que la protección marina funciona cuando se aplica de forma sostenida.
El Año del pulpo se convierte así en algo más que una curiosidad biológica: es un símbolo de lo que puede lograrse si se reduce la presión humana sobre los océanos, y una advertencia de lo mucho que aún queda por hacer para evitar que la contaminación eclipse cualquier recuperación futura.
Fuente: Meteored.