Durante 3 semanas en un hospital de Chicago se pod√≠a ver la misma escena diaria. Ochenta personas entraban por una puerta a un peque√Īo cuarto y sal√≠an por otra totalmente colocados. Detr√°s de cada uno de ellos un doctor iba tomando nota de sus viajes. Eran los 60, y si hab√≠a que morir, mejor con LSD.

A comienzos de aquella d√©cada un gran n√ļmero de especies de seres vivos que habitaban el planeta Tierra hab√≠an viajado a otros mundos con la ingesta de √°cido. Lo cierto es que los efectos del LSD se hab√≠an probado ampliamente en gatos, ara√Īas, palomas, delfines, elefantes‚Ķ todos estos animalitos tuvieron una experiencia lis√©rgica inducida por el hombre.

Obviamente, antes que a los animales el LSD se había suministrado a estudiantes, prisioneros, médicos, artistas, ejecutivos, soldados, agentes del gobierno, pueblos enteros y claro, a decenas de pacientes de hospitales psiquiátricos. A decir verdad a mediados de los 60 quedaban muy pocos grupos por tener una experiencia así.

Y es aquí cuando aparece la figura del doctor Eric Kast del Chicago’s Mount Sinai Hospital. El hombre pensó que hasta entonces la ciencia no había indagado los beneficios del LSD en uno de los grupos más obvios. Este grupo no sólo podría beneficiarse de los efectos de la droga, sino que además no tenían mucho que perder.

Se trataba de los enfermos terminales.

Advertisement

Advertisement

As√≠ fue como Kant parti√≥ de una premisa muy sencilla: Si ya sabes que vas a morir en muy poco tiempo, ¬Ņqu√© mejor que hacerlo de √°cido?

El √ļltimo viaje

Papel entero de LSD. Wikimedia Commons

El doctor Kast hab√≠a observado que los enfermos terminales del hospital se preocupaban muy a menudo por sus muertes inminentes. Normal por un lado, pero como dec√≠a el m√©dico, tambi√©n es cierto que se trata de un momento en sus vidas donde, idealmente, deber√≠an haber estado esforz√°ndose por experimentar el resto de sus vidas al m√°ximo, de saborear el tiempo que les quedaba con sus amigos y familiares o de hacer aquello que siempre hab√≠an so√Īado. En su lugar, Kant observ√≥ que se sent√≠an deprimidos y ausentes de est√≠mulos. ‚ÄúLa interferencia‚ÄĚ, escribi√≥ con cautela en sus investigaciones, ‚Äúparec√≠a justificada‚ÄĚ.

As√≠ que Kast dise√Ī√≥ un experimento para estudiar los efectos del LSD en los pacientes moribundos. No ten√≠a ninguna ilusi√≥n de que el √°cido fuera a ofrecer una cura o algo parecido, y de hecho se asegur√≥ de que todos y cada uno de los sujetos de prueba fueran conscientes de ello. En cambio y en eso consist√≠a el germen del experimento, el doctor estaba interesado en c√≥mo el LSD alterar√≠a (o no) la experiencia de enfrentarse a la muerte.

Kast se hab√≠a informado y sab√≠a que la sustancia produc√≠a en los receptores una sensaci√≥n de armon√≠a, lo que el investigador describi√≥ como un ‚Äúsentimiento de felicidad en el oc√©ano‚ÄĚ. Llegados a este punto y antes de empezar, su cabeza s√≥lo pod√≠a pensar en la misma cuesti√≥n: ¬ŅPodr√≠a hacer que los enfermos terminales aceptaran su destino y pierdan el temor de acercarse a la muerte?

Advertisement

Advertisement

D√≠a uno. Una ma√Īana del Hospital de Chicago se presentan ante la puerta de una sala 80 pacientes. Anteriormente hab√≠an pasado varios pruebas y test para darles el visto bueno. Todos ten√≠an expectativas de vida medidas por Kast y sus ayudantes y oscilaban entre dos semanas y seis meses.

Tomando LSD. Getty

Los pacientes ten√≠an que entrar en la habitaci√≥n de uno en uno. Una vez dentro se les dec√≠a a modo de inducci√≥n al viaje que ‚Äúabrieran la boca y cerraran los ojos‚ÄĚ. Se les administraba de forma individual 100 microgramos de LSD y se les invitaba a salir por una puerta anexa de salida. Cada paciente era acompa√Īado por un investigador del doctor, bol√≠grafo y papel en mano, tomando datos del viaje que iba a comenzar cada individuo.

Se observaban los efectos de la droga y si los sujetos mostraban alg√ļn signo de miedo o cualquier tipo de perturbaci√≥n (un s√≠ntoma de ‚Äúmal viaje‚ÄĚ) se les administraba inmediatamente un antipsic√≥tico: la clorpromazina. Se trataba de un medicamento neurol√©ptico cuyo descubrimiento para uso en psiquiatr√≠a lo acab√≥ denominando como la ‚Äúcuarta revoluci√≥n‚ÄĚ. Un compuesto que actuaba como tranquilizante sin llegar a sedar, manteniendo la conciencia. En el caso de los pacientes de Kast la gran mayor√≠a recibieron el antipsic√≥tico unas ocho o diez horas despu√©s de recibir la dosis de LSD.

Y así pasaron las tres semanas siguientes. Espacio donde, entre viaje y viaje, Kast se entrevistaba y avaluaba a cada uno diariamente. El doctor prestaba atención a sus estados de ánimo, su actitudes hacia la vida y muerte y las posibles quejas de dolor.

Advertisement

Advertisement

Los resultados fueron alentadores. De los 80 pacientes estudiados, 70 dijeron que hab√≠an obtenido ‚Äúnuevos conocimientos‚ÄĚ a trav√©s de la experiencia lis√©rgica. Adem√°s, 58 pacientes encontraron la experiencia como ‚Äúagradable‚ÄĚ y 68 de ellos (un 85%) le pidieron al doctor que quer√≠an continuar con el experimento. Dicho de otra forma, quer√≠an seguir la ‚Äúdieta del LSD‚ÄĚ.

Albert Hofmann, el hombre que descubrió la sustancia. Getty

Pero es que adem√°s las actitudes de aquellos pacientes hab√≠a cambiado radicalmente. La forma en la que se estaban enfrentando a la vida era distinta al comienzo del experimento. Hab√≠a, sin ninguna duda, ‚Äúsignos definitivos de mejor√≠a‚ÄĚ, escribi√≥ Kast.

Antes, durante y después de la prueba, Kast pidió a los pacientes que indicaran cuál de las siguientes tres afirmaciones se acercaba mejor a su estado mental actual:

  • a) ‚ÄúQuiero morir, la vida no tiene nada que ofrecerme‚ÄĚ.
  • b) ‚ÄúMe gusta la vida, pero no tiene ning√ļn significado para m√≠‚ÄĚ.

Advertisement

Advertisement

  • c) ‚ÄúLa vida es incre√≠ble, y el concepto de muerte no me asusta‚ÄĚ.

Antes de la prueba la mayor√≠a de los pacientes hab√≠a elegido la primera afirmaci√≥n; pero result√≥ que mientras estaban en el experimento y bajo la influencia del LSD, la afirmaci√≥n n√ļmero tres se hab√≠a convertido en la favorita de la gran mayor√≠a. Kast lo ten√≠a bastante claro:

Al parecer, la vida parece ciertamente más positiva cuando se está de ácido, incluso aunque te estés muriendo de cáncer.

Pasaron los d√≠as y en el transcurso del mes siguiente sus estados de √°nimo pasaron al n√ļmero dos de las afirmaciones. EL LSD no hab√≠a bloqueado directamente el dolor f√≠sico, pero s√≠ caus√≥ que los pacientes se enfocaran menos en su malestar. El doctor escribi√≥ que la droga parec√≠a reconciliarlos con sus propios cuerpos. Sent√≠an esos dolores que les eran tan familiares, pero ya no se preocupaban tanto por ellos.

El doctor Harry Williams y el doctor Carl Pfeiffer experimentando con LSD. Getty

De repente se cre√≥ un efecto curioso que ni el propio Kast hab√≠a anticipado: comenz√≥ a surgir entre el grupo un sentido de la comunidad y camarader√≠a. Se apoyaban unos a otros y se dec√≠an si hab√≠an intentado tal o cual cosa, se preguntaban dudas‚Ķ en general, la opini√≥n que ten√≠an entre ellos hab√≠a subido un escalaf√≥n en importancia, actuaban como miembros de un club secreto, y no s√≥lo especial y privilegiado (tal y como era en cierto sentido), sino tambi√©n con un tono de superioridad hacia aquellos que les rodeaban y no ‚Äúconoc√≠an‚ÄĚ la experiencia.

Advertisement

Advertisement

Así fue como Kast acabó escribiendo todo un alegato a favor y respaldo del LSD:

Los resultados de este estudio parecen indicar que el LSD es capaz, no sólo de mejorar pacientes terminales, haciéndoles más sensibles a su entorno y familia, sino que también aumenta su capacidad de apreciar los sutiles y estéticos matices de la experiencia.

Los pacientes que habían estado apáticos y deprimidos se conmovieron hasta las lágrimas al descubrir una profundidad de sentimientos de la que no se veían capaces hasta entonces. Aunque de corta duración y de manera transitoria, este estado de felicidad de las cosas fue un cambio bienvenido en sus vidas monótonas y aisladas, y el recuerdo de esta experiencia días más tarde, a menudo creó una exaltación similar.

Despu√©s de publicar los resultados de su estudio Kast y varios investigadores continuaron realizando experimentos similares con los mismos pacientes y con otros nuevos. Muchos murieron bajo este ‚Äútratamiento‚ÄĚ al igual que con el primero, circunstancia que alegraba al doctor, ya que cre√≠a firmemente que su experimento les hab√≠a permitido llegar hasta el final en un estado mental positivo y feliz.

De entre las investigaciones paralelas que surgieron se dieron otras como la del psiquiatra de Los √Āngeles, Sidney Cohen. En este caso se trata de una de las ‚Äúeminencias‚ÄĚ mundiales en materia de alucin√≥genos. Cohen suministr√≥ a un pu√Īado de pacientes con enfermedades terminales la droga, incluyendo, se rumorea, al escritor brit√°nico Aldous Huxley. El escritor, abanderado representante del pensamiento moderno, recibi√≥ una dosis de LSD en su lecho de muerte, dosis administrada por su esposa Laura, posiblemente a su vez por Cohen. De hecho, las √ļltimas palabras escritas por el autor en un pedazo de papel fueron ‚ÄúTry LSD 100 mm intramuscular‚ÄĚ.

Advertisement

Advertisement

Timothy Leary. AP

Luego está el caso de Walter Pahnke con su famoso experimento Miracle of Marsh Chapel. El médico y psiquiatra se junto con ese personaje de la contracultura que fue Timothy Leary para organizar una misa lisérgica que buscaba enfrentar al poder de los enteógenos frente al mayor de los misticismos, la religión. Más tarde el mismo Pahnke llevó a cabo un estudio más amplio y formal sobre el LSD y los pacientes terminales del Spring Grove State Hospital en Maryland. Y lo cierto es que tanto Pahnke como Cohen reportaron resultados similares a los encontrados por Kast.

Si has llegado hasta aqu√≠ y viendo los resultados de todos estos experimentos, te preguntaras c√≥mo es que hoy no se aplica con asiduidad como opci√≥n terap√©utica en ciertos casos. Ocurri√≥ que la financiaci√≥n para los estudios con drogas psicod√©licas se cerr√≥ a partir de los 70 y posteriormente en los 80. En cambio en los √ļltimos a√Īos se han vuelto a retomar investigaciones con esta l√≠nea de investigaci√≥n, llegando en algunos casos y dependiendo del pa√≠s (o estado), a prescribirse medicamentos como el LSD para casos concretos de enfermos terminales.

A√ļn as√≠, lo cierto es que hoy han ganado m√°s importancia los estudios de m√©todos que ayuden y mejoren la experiencia de morir y que no impliquen el uso de sustancias de este tipo. Por ejemplo a trav√©s de la tanatolog√≠a y el uso de la m√ļsica con enfermos terminales.

Curioso, apostaría a que en los 60 la tanatología musical se hubiera fusionado de forma natural a la terapia y corrientes lisérgicas abanderadas por el doctor Kast.