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Tecnología

EE.UU. teme que un robot extranjero pueda espiar, mapear una fábrica o recibir órdenes a distancia. Acaba de cerrar la puerta a los nuevos humanoides y perros robóticos fabricados fuera del país

La prohibición no se limita a las máquinas con aspecto humano que protagonizan vídeos virales. La definición aprobada por la FCC alcanza a numerosos robots móviles conectados y abre un nuevo frente tecnológico contra China, el país que domina su fabricación mundial.
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Hasta ahora, el gran temor alrededor de los robots humanoides era que acabaran ocupando determinados puestos de trabajo. Estados Unidos acaba de plantear una preocupación bastante más inmediata: que alguien al otro lado del mundo pueda utilizar sus cámaras, micrófonos y sensores para observar lo que sucede dentro de una casa, una fábrica o una instalación estratégica.

La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, más conocida como FCC, ha añadido los “dispositivos robóticos avanzados” producidos en el extranjero a su lista de equipos considerados peligrosos para la seguridad nacional. La medida impide que los nuevos modelos obtengan la autorización necesaria para ser importados, comercializados o vendidos en el país.

La decisión incluye explícitamente a robots humanoides, cuadrúpedos semejantes a perros, plataformas con ruedas y vehículos robóticos sobre orugas. Y aunque el documento habla de cualquier producto fabricado fuera de Estados Unidos, el golpe está dirigido principalmente hacia China, que concentra aproximadamente el 85% del mercado mundial de humanoides.

El problema no es que el robot camine, sino todo lo que puede ver mientras lo hace

EE.UU. teme que un robot extranjero pueda espiar, mapear una fábrica o recibir órdenes a distancia. Acaba de cerrar la puerta a los nuevos humanoides y perros robóticos fabricados fuera del país
© YouTube / OTOFOOTAGE.

Un humanoide moderno no es únicamente una colección de motores y articulaciones. Para orientarse necesita cámaras, sensores térmicos, micrófonos, LiDAR y sistemas capaces de construir mapas detallados de su entorno. También suele permanecer conectado a servidores externos para recibir actualizaciones, procesar información o ejecutar órdenes.

Esa combinación es precisamente la que preocupa a Washington. El informe de seguridad sostiene que actores extranjeros podrían aprovechar los datos recopilados para vigilar a ciudadanos estadounidenses, alimentar servicios de inteligencia o tomar el control remoto de las propias máquinas. El riesgo aumenta cuando esos robots trabajan en cadenas de montaje, patrullan instalaciones o se mueven por infraestructuras críticas.

La FCC menciona varios incidentes para justificar la medida. Entre ellos figura una vulnerabilidad que permitió acceder a miles de robots domésticos y consultar sus cámaras, micrófonos y mapas interiores. También cita un fallo con el que un atacante podía controlar determinados humanoides, localizar otras unidades vulnerables y utilizarlas para extender el ataque, además de una supuesta puerta trasera encontrada en un cuadrúpedo robótico extranjero.

El escenario que intenta evitar Estados Unidos parece sacado de una película, pero ya no resulta técnicamente disparatado: una flota de robots conectados puede convertirse al mismo tiempo en una red de cámaras móviles, sensores ambientales y máquinas con capacidad de actuar físicamente sobre su entorno.

El veto es mucho más amplio de lo que sugiere la palabra “humanoide”

EE.UU. teme que un robot extranjero pueda espiar, mapear una fábrica o recibir órdenes a distancia. Acaba de cerrar la puerta a los nuevos humanoides y perros robóticos fabricados fuera del país
© Magnific.

La definición oficial contiene una sorpresa. Para quedar atrapado por la medida, el robot debe pesar más de 2 kilogramos (incluida su base de carga), desplazarse o navegar por el suelo, percibir su entorno mediante sensores y disponer de conexión a redes. Además, debe utilizar software, firmware, inteligencia artificial o aprendizaje automático para controlar sus movimientos, recopilar datos o recibir comandos remotos.

Eso significa que la prohibición no afecta únicamente a máquinas bípedas capaces de caminar como una persona. Una futura aspiradora robótica avanzada, una plataforma de vigilancia sobre ruedas o un robot autónomo para almacenes podrían entrar en la misma categoría.

Quedan fuera los vehículos conectados convencionales, trenes, aeronaves no tripuladas, robots submarinos, dispositivos médicos y brazos robóticos fijos utilizados en fábricas. Los drones ya están sujetos a otra restricción independiente aprobada anteriormente por la FCC.

Tampoco desaparecerán los robots extranjeros que ya se venden en Estados Unidos. Los modelos previamente autorizados pueden seguir utilizándose, importándose y comercializándose. El bloqueo se aplica a nuevas versiones que todavía no han obtenido el permiso correspondiente, aunque la FCC conserva la capacidad de revisar autorizaciones anteriores.

China fabrica los robots baratos que las empresas estadounidenses necesitan para avanzar

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© YouTube / DPCcars.

La medida tiene una segunda lectura menos relacionada con los hackers y más con la industria. Estados Unidos quiere desarrollar sus propios humanoides, pero buena parte de los robots asequibles utilizados por universidades, programadores y empresas emergentes procede de China.

Fabricantes como Unitree y AgiBot ya producen miles de unidades, mientras compañías estadounidenses como Tesla o Figure continúan trabajando con volúmenes mucho menores. Los robots chinos también suelen llegar al mercado con precios suficientemente bajos como para emplearlos en investigación, pruebas de software y proyectos que no podrían justificar una máquina mucho más costosa.

Cerrar ese acceso puede proteger a los fabricantes estadounidenses de una competencia difícil de igualar, pero también encarecer el hardware que necesitan quienes desarrollan la inteligencia artificial destinada a controlar esas máquinas.

La prohibición incluye una salida. Los fabricantes extranjeros podrán solicitar una aprobación condicional y demostrar que sus productos no representan el riesgo señalado por Washington. Reuters informa de que numerosos proveedores no chinos probablemente recibirán exenciones, mientras las compañías también podrán beneficiarse si trasladan parte de su producción a suelo estadounidense.

China ya ha acusado a Estados Unidos de utilizar la seguridad nacional para contener a sus empresas. La portavoz Mao Ning aseguró que el proteccionismo no hará más competitiva a la industria estadounidense y advirtió que Pekín defenderá los intereses de sus fabricantes.

La guerra tecnológica entre ambos países comenzó con las telecomunicaciones, pasó por los chips, la inteligencia artificial y los drones, y ahora ha llegado a las máquinas capaces de caminar. La diferencia es que estas no se limitan a transmitir información: pueden abrir una puerta, levantar una caja, recorrer una fábrica y observar todo lo que encuentran por el camino.

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