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Ciencia

Estados Unidos cubrió 120.000 toneladas de residuos nucleares con una tapa de hormigón en mitad del Pacífico. Cincuenta años después, el océano ya entra por debajo y las grietas cuentan otra historia

El agua sube y baja con las mareas dentro del cráter que alberga el Domo de Runit. Washington sostiene que no existe un peligro inmediato, pero científicos y habitantes de las Islas Marshall temen lo que podría ocurrir cuando el mar y las tormentas pongan a prueba una estructura construida para un planeta diferente.
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Desde el aire parece un objeto abandonado por una civilización desconocida. Un círculo gris de 114 metros de diámetro ocupa casi todo el extremo de una pequeña isla rodeada por aguas turquesas. No tiene puertas, ventanas ni ninguna señal que explique qué hay debajo.

La respuesta se encuentra bajo 357 paneles de hormigón: suelo contaminado, restos de construcciones, chatarra y materiales radiactivos recogidos después de décadas de ensayos nucleares estadounidenses.

El Domo de Runit fue terminado en 1979 sobre un antiguo cráter atómico del atolón de Enewetak, en las Islas Marshall. Su misión era sencilla sobre el papel: inmovilizar más de 100.000 metros cúbicos de residuos y evitar que la erosión los dispersara. El problema es que aquella estructura no fue construida sobre una base impermeable. Debajo solo hay roca coralina porosa, agua subterránea y un océano que nunca dejó de moverse.

Una explosión creó el agujero y otra generación lo convirtió en vertedero

Estados Unidos cubrió 120.000 toneladas de residuos nucleares con una tapa de hormigón en mitad del Pacífico. Cincuenta años después, el océano ya entra por debajo y las grietas cuentan otra historia
© Greg Nelson.

Entre 1946 y 1958, Estados Unidos realizó 67 ensayos nucleares atmosféricos en las Islas Marshall. Cuarenta y tres de ellos tuvieron lugar en Enewetak, cuyos habitantes habían sido desplazados antes de que comenzaran las detonaciones.

Una de aquellas pruebas fue Cactus, una bomba de 18 kilotones que explotó en 1958 y dejó un cráter de unos diez metros de profundidad en la isla de Runit. Dos décadas más tarde, el agujero ofreció una solución demasiado conveniente para los responsables de limpiar el atolón.

Miles de soldados estadounidenses retiraron capas de tierra contaminada, demolieron instalaciones y transportaron los restos hasta el cráter. Más de 120.000 toneladas de materiales fueron mezcladas parcialmente con cemento y cubiertas con una cúpula de apenas 45 centímetros de grosor. La operación no incluyó un revestimiento inferior que aislara el contenido del terreno y del agua.

Dentro quedaron radionúclidos como cesio-137, estroncio-90, americio-241 y diferentes isótopos de plutonio. El plutonio-239 tiene una vida media cercana a los 24.000 años. La tapa destinada a contenerlo lleva menos de medio siglo expuesta al sol tropical, la sal, las lluvias y los temporales.

El agua ya entra y sale, pero la gran discusión es qué se lleva consigo

Estados Unidos cubrió 120.000 toneladas de residuos nucleares con una tapa de hormigón en mitad del Pacífico. Cincuenta años después, el océano ya entra por debajo y las grietas cuentan otra historia
© US Defense Special Weapons Agency.

Las grietas visibles sobre la cúpula han alimentado la imagen de un depósito a punto de romperse. La realidad resulta menos cinematográfica, aunque no necesariamente tranquilizadora.

El Departamento de Energía de Estados Unidos reconoce que el nivel del agua bajo la estructura asciende y desciende siguiendo las mareas. También identifica como principal vía posible de escape el movimiento de aguas subterráneas contaminadas hacia el entorno marino y su posterior entrada en la cadena alimentaria.

Sin embargo, el organismo sostiene que la cúpula no se encuentra en peligro inmediato de colapso. Las inspecciones han descrito grietas, desprendimientos y desgaste superficial, pero las pruebas efectuadas sobre el hormigón indicaron que este conservaba su resistencia.

La controversia comienza al medir el origen de la radiactividad presente en la laguna. Según Washington, los sedimentos del propio atolón contienen más de cien veces la cantidad de plutonio alojada bajo el domo. Esto hace que una posible filtración resulte difícil de distinguir de la contaminación acumulada tras las explosiones.

Para investigadores independientes, esa comparación no resuelve el problema. Ivana Nikolić-Hughes, química de la Universidad de Columbia, observó con ABC News que las grietas durante una campaña de medición en 2018 y advirtió que el aumento del nivel del mar y la intensificación de las tormentas podrían comprometer la estructura. Las comunidades habitadas se encuentran a unos 30 kilómetros y utilizan la laguna para obtener alimentos.

El mayor peligro quizá no sea una fuga repentina, sino una erosión que dure décadas

El escenario más temido no consiste necesariamente en que la cúpula reviente de un día para otro. El agua salada puede abrir canales, modificar el flujo subterráneo y erosionar progresivamente el terreno que sostiene el conjunto. Una marejada ya inundó la zona próxima al domo en 2009 y dejó arena, escombros y vegetación sobre sus secciones inferiores.

Un informe encargado por el Congreso estadounidense modeló incluso tormentas en 2090 con un aumento del nivel del mar de 62 centímetros. Sus resultados concluyeron que, aun suponiendo el fracaso completo de la estructura y la liberación de todo su contenido, el aumento de dosis radiactiva en las islas habitadas sería reducido frente a la contaminación que ya existe en Enewetak.

Ese cálculo no ha cerrado el debate. Los modelos dependen de cómo se distribuyan los residuos, del comportamiento futuro de las tormentas y de una red de vigilancia capaz de detectar cambios locales. Incluso el informe estadounidense de 2020 admitía que una evaluación cuantitativa completa requería disponer de más datos sobre las aguas subterráneas.

El Domo de Runit quizá no sea una bomba a punto de estallar. Es algo más incómodo: una solución temporal que debe durar miles de años, levantada sobre una isla donde el océano puede cambiar el terreno en una sola noche.

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