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Ciencia

Alguien acaba de pagar 47 millones de dólares por un dinosaurio de 67 millones de años. Durante décadas, creyeron que era un pequeño T. rex

Un esqueleto de Nanotyrannus de 67 millones de años alcanzó un precio extraordinario en Nueva York. Su venta reavivó el debate sobre quién debería conservar los fósiles más valiosos para la ciencia.
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Hace 67 millones de años, un depredador recorría los territorios que hoy forman parte de Montana, Estados Unidos. Era más pequeño que el temible Tyrannosaurus rex, pero tenía dientes afilados, extremidades ágiles y una anatomía que desconcertaría a los paleontólogos durante décadas. Ahora, sus restos acaban de protagonizar una de las subastas más extraordinarias de la historia.

El esqueleto, conocido como Jodi, fue vendido el 27 de octubre en Sotheby’s, Nueva York, por 47,3 millones de dólares. Según informó la propia casa de subastas, seis compradores compitieron durante doce minutos por el fósil, cuyo precio inicialmente se estimaba entre seis y nueve millones.

La operación lo convirtió en el segundo dinosaurio más caro vendido en una subasta. Pero detrás de semejante cifra existe una historia científica todavía más interesante: durante años, los especialistas discutieron si aquel animal era realmente una especie diferente o simplemente un T. rex que todavía no había terminado de crecer.

Un dinosaurio de 67 millones de años que durante décadas fue confundido con un T. rex

Alguien acaba de pagar 47 millones de dólares por un dinosaurio de 67 millones de años. Durante décadas, creyeron que era un pequeño T. rex
El esqueleto de Nanotyrannus apodado Jodi, de unos 67 millones de años, fue subastado en Nueva York por 47,3 millones de dólares. Es uno de los tres ejemplares relativamente completos conocidos de este dinosaurio. © Matthew Sherman/Sotheby’s.

El protagonista de esta historia es Nanotyrannus, un género de dinosaurios carnívoros que habitó América del Norte durante el Cretácico tardío. Su parecido con el T. rex provocó una controversia que se prolongó durante décadas. Algunos investigadores consideraban que los fósiles pertenecían a ejemplares juveniles del famoso tiranosaurio, mientras que otros defendían que representaban un grupo independiente.

La discusión recibió una respuesta decisiva en octubre de 2025, cuando una investigación publicada en la revista Nature analizó un esqueleto excepcionalmente conservado.

Los paleontólogos Lindsay Zanno y James Napoli demostraron que el animal presentaba características anatómicas y patrones de crecimiento incompatibles con los de un T. rex juvenil. Nanotyrannus no era simplemente un tiranosaurio adolescente: pertenecía a un género diferente que convivió con él.

Jodi es uno de los tres esqueletos relativamente completos conocidos de este dinosaurio. El ejemplar vendido mide aproximadamente seis metros de longitud y conserva 191 elementos óseos fósiles, incluido un cráneo prácticamente completo.

De un rancho de Montana a una subasta de 47,3 millones de dólares

La historia moderna del fósil comenzó en 2019, cuando Jodi Pierson lo descubrió en terrenos de su propiedad, dentro de la formación geológica Hell Creek, en Montana. Posteriormente fue excavado por Clayton Phipps, un buscador de fósiles conocido como el «vaquero de los dinosaurios». Según la descripción oficial del ejemplar publicada por Sotheby’s, su extraordinario estado de conservación y su rareza justificaban una valoración inicial de hasta nueve millones de dólares.

Sin embargo, la competencia entre coleccionistas elevó la cifra hasta los 47,3 millones, incluidos los cargos de la subasta. El comprador, que participó telefónicamente, permanece en el anonimato. Jodi quedó solamente por detrás de Gus, un esqueleto de T. rex vendido por 50,1 millones de dólares en julio de 2026.

El problema de vender dinosaurios que podrían cambiar lo que sabemos de la prehistoria

Alguien acaba de pagar 47 millones de dólares por un dinosaurio de 67 millones de años. Durante décadas, creyeron que era un pequeño T. rex
El ejemplar expuesto en Sotheby’s, Nueva York, antes de la subasta. © Sarah Yenesel/EPA.

El precio millonario también reavivó una discusión que preocupa a numerosos paleontólogos: ¿qué ocurre cuando fósiles científicamente importantes terminan en colecciones privadas? La Society of Vertebrate Paleontology sostiene que los ejemplares relevantes deberían permanecer en instituciones capaces de conservarlos y garantizar su acceso para futuras investigaciones.

La preocupación no es solamente económica. Cuando un fósil desaparece del circuito científico, los investigadores pueden perder la oportunidad de estudiarlo con nuevas técnicas o comprobar descubrimientos anteriores.

Jodi resulta especialmente importante porque pertenece a un género cuya identidad científica acaba de aclararse. Sus huesos podrían aportar información sobre el crecimiento, la anatomía y la diversidad de los depredadores que convivieron con el T. rex. Por ahora, se desconoce si su nuevo propietario permitirá que los científicos continúen investigándolo o si terminará expuesto en un museo.

La paradoja es evidente: uno de los dinosaurios más valiosos para comprender la prehistoria acaba de convertirse también en uno de los objetos de colección más caros del mundo. Y su futuro científico dependerá, al menos en parte, de una persona cuya identidad todavía no conocemos.

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